Aunque con mucho todavía por mejorar, las lecciones de hace dos años reducen el impacto de la reciente dana Adam, demostrando que la prevención salva vida frente a un clima que no da tregua.
Dos años después de la dana de València y tres desde las continuas inundaciones en la región de Emilia-Romagna en Italia, sus habitantes siguen conviviendo con las consecuencias mientras persisten las preguntas sobre qué falló en la comunicación y por qué las alertas no llegaron a tiempo.
'Vivir con el río. Desafíos ante el riesgo de inundación', el libro publicado por Rubén Ladrera, Joserra Díez y Francesc La Roca en Pepitas, propone, a raíz de la dana de 2024 y los bulos que surgieron, una nueva relación con el agua que desmonta mentiras y tópicos.
Colectivos vecinales y culturales valencianos lanzan una campaña de micromecenazgo para producir una obra escénica comunitaria que depure, desde la ficción, las responsabilidades políticas de la catástrofe de 2024 que los tribunales no han resuelto.
Entre el calor extremo y las secuelas de la dana, la comunidad educativa sale a la calle para exigir infraestructuras dignas, seguras y adaptadas a la crisis climática.
El sábado se inauguró el mural 'Barro en manos de mujer', de la joven muralista Lluïsa Penella, quien está dotando de propósito y memoria colectiva los espacios de reconstrucción tras la dana de 2024.
En 2011, el país nipón sufrió un terremoto que derivó en un tsunami y en un accidente nuclear. En un contexto de cambio climático y eventos cada vez más extremos, aquel suceso trágico debe servir para aprender en preparación y reconstrucción.
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