La ONU reconoce el fracaso para limitar el calentamiento a 1,5 ºC y traza un plan B

En un escenario utópico, el calentamiento sería de 1,8 ºC para finales de siglo. Desde ONU Medio Ambiente consideran que la mejor opción para volver al objetivo de 1,5 ºC y poder adaptarnos a impactos ya inevitables es reducir la temperatura tras alcanzar el pico de temperatura.
La ONU reconoce el fracaso para limitar el calentamiento a 1,5 ºC y traza un plan B
Labores de extinción del incendio forestal de Las Peñas de Riglos (Huesca). Foto: Carlos Guasch (UME-OCP).

En 2015, los países sacaron adelante el histórico Acuerdo de París para evitar que el calentamiento global superara los 1,5 ºC. Una década después, el planeta se sitúa en unos 1,4 ºC y las emisiones de gases de efecto invernadero no han dejado de aumentar. La comunidad científica ha ido confirmado poco a poco esta derrota, a la que ahora se suma el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). En un informe publicado este miércoles, el organismo gubernamental señala que el planeta se dirige a una subida de la temperatura respecto a la época preindustrial de 1,8 ºC en el mejor de los casos. En el peor escenario posible, se superarían ampliamente los 2 ºC.

Desde el organismo internacional señalan que los termómetros suben a un ritmo de unos 0,25 °C por década. Extrapolando estas tendencias, es probable que se alcancen los 1,5 °C a finales de esta misma década. De hecho, existe un 75% de probabilidad de que la media quinquenal 2026-2030 supere esta marca. Para tener tan solo un 50% de posibilidades de limitar el calentamiento a 1,5 °C, el presupuesto de carbono restante a partir de 2026 es de unas escasas 130 gigatoneladas (Gt) de dióxido de carbono (CO2). Al ritmo de emisiones actual (solo en 2024 se emitieron 40 GtCO2), este margen se agotaría en apenas tres años. 

Cada cinco años de retraso en la reducción drástica de emisiones añade aproximadamente 0,1 °C a la temperatura de pico (el calentamiento máximo que alcanzará el planeta). De hecho, las más de 400 GtCO₂ acumuladas en la atmósfera desde que se firmó el Acuerdo de París en 2015 ya han elevado en unos 0,2 °C el calentamiento mínimo al que la humanidad puede aspirar.

Esto ha llevado al brazo ambiental de Naciones Unidas a confirmar que las vías de reducción de emisiones más estrictas que estaban disponibles en el momento del Acuerdo de París ya no son viables. Dichas vías requerían reducciones inmediatas, profundas y sostenidas de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, las cuales debían comenzar ya en 2015 o 2020.

Haciendo una comparación con las últimas películas de Los Vengadores, el PNUMA ha imaginado varios futuros dependiendo del nivel de emisiones. Y al igual que le pasó al Doctor Extraño con Thanos, no pinta bien. Todas las estimaciones de la ONU indican que se superará el límite de 1,5 °C. Con las políticas actuales, el calentamiento global proyectado alcanza los 2,6 °C para el año 2100 (en un rango de 1,9-3,6 °C). En uno de los escenarios más optimistas, que contempla la implementación de todas las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) y los objetivos de cero emisiones netas a largo plazo, las estimaciones centrales del calentamiento global alcanzan un máximo de alrededor de 1,8 °C (rango de 1,7-2,2 °C).

La vía del «rebasamiento, pico y declive» como hoja de ruta

Ante este diagnóstico, el informe identifica como mejor opción disponible una trayectoria de «rebasamiento, pico y declive» (overshoot, peak and decline). Esta estrategia no contempla el umbral de 1,5 °C como un límite inalcanzable de forma permanente, sino que asume un rebasamiento transitorio inevitable, planteando después un descenso de las temperaturas para retornar por debajo de dicha línea a finales de siglo. Sin embargo, los expertos advierten de que este camino no es un salvavidas automático ni una coartada para la complacencia.

En primer lugar, por la física de la «histéresis» planetaria: el viaje de enfriamiento no desandará exactamente el mismo camino que el de calentamiento, ya que el sistema arrastra el daño acumulado. Muchos componentes del sistema terrestre, especialmente los océanos y los glaciares, tienen una inercia tan inmensa que continuarán degradándose durante siglos después de que las temperaturas globales empiecen a bajar. El aumento del nivel del mar o el debilitamiento de la Corriente Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC) no se detendrán con solo bajar la temperatura global.

El éxito de esta estrategia requiere un plan de acción dividido en varias fases simultáneas: reducciones inmediatas y drásticas de los gases de efecto invernadero –con especial atención al metano, responsable actual de unos 0,5 °C del calentamiento y cuya mitigación urgente podría evitar picos de temperatura mayores– como paso ineludible hacia las emisiones netas cero. El PNUMA estima que lograr una disminución a largo plazo de apenas 0,1 °C requiere extraer unos 220 GtCO2 de forma neta de la atmósfera. 

Aunque ONU Medio Ambiente reconoce que el despliegue de tecnologías de eliminación de dióxido de carbono (CDR) resulta imprescindible, también sostiene que la mayoría de las estrategias de CDR siguen siendo inciertas en términos de escalabilidad, permanencia, durabilidad y aceptabilidad social. Sobre esto, los expertos advierten de una profunda injusticia climática: desplegar estas tecnologías de captura basándose únicamente en el menor coste económico trasladaría una carga de uso de suelo desproporcionada hacia los países en desarrollo, amenazando su seguridad alimentaria y biodiversidad para limpiar el exceso de carbono de las naciones ricas.

En palabras de Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, “no habrá buenos resultados si permanecemos por encima de 1,5 °C. En todo el mundo, las olas de calor extremas ya están demostrando que los impactos climáticos golpearán más rápido, con más fuerza y durarán más tiempo, costando más vidas y causando una disrupción más profunda”.

Cascada de impactos por encima de 1,5 ºC

Este escenario de rebasamiento temporal o overshoot dibuja un panorama de riesgos sistémicos intensificados. A partir de 1,5 °C, cada fracción de grado de calentamiento adicional acelera de forma dramática los impactos climáticos: desde la intensificación de eventos meteorológicos extremos –como los incendios, olas de calor y riadas vividos este verano– hasta la pérdida irreversible de ecosistemas y la eventual submersión de pequeños Estados insulares en desarrollo (SIDS) y ciudades costeras de baja altitud. 

Sobre esto último, el informe proyecta que el nivel del mar podría subir globalmente unos 9 cm bajo un escenario de 1,5 °C, 9,9 cm con 2 °C y hasta 12,5 cm si se alcanzan los 3 °C. Además, por cada siglo que las temperaturas permanezcan por encima del umbral de 1,5 °C, el aumento del nivel del mar podría sumar unos 40 cm adicionales de media para el año 2300. Para millones de personas, el riesgo no es solo la inundación, sino la pérdida de habitabilidad mucho antes de que el agua cubra por completo el territorio, debido a la salinización de los acuíferos, el retroceso de las barreras de coral (con una alta probabilidad de desaparecer este mismo siglo) y la erosión costera.

Asimismo, el informe avisa de que cruzar este límite incrementa drásticamente la probabilidad de activar puntos de inflexión irreversibles a escala humana, tales como la desestabilización de las grandes capas de hielo, la degradación sistémica de la Amazonia o el debilitamiento de la AMOC. 

Por todo ello, António Guterres, secretario general de la ONU, pide que «el rebasamiento de los 1,5 grados sea lo más pequeño y breve posible. Eso exige un rebasamiento de la ambición».

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