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Asamblea Ciudadana para el Clima: ¿una ‘blablasamblea’?

Extinction Rebellion pide menos palabrería, más acción y una presencia real de la ciudadanía en la Asamblea por el Clima anunciada por el Gobierno.
Activistas de Extinction Rebellion. Foto: XR GLOBAL

EXTINCTION REBELLION ET ÁL. // «Bla, bla, bla…». Así de clara y rotunda fue Greta Thunberg cuando en la cumbre Youth4Climate [Jóvenes por el Clima], que se celebró en Italia, se refirió a las promesas vacías de los políticos que hablan de combatir el cambio climático. Con ello denunciaba décadas de «bla, bla, bla…», décadas de doble discurso de unos políticos que hablan de combatir la crisis climática mientras se aferran al sistema que nos conduce de lleno hacia ella. De poco sirven en sus manos los informes científicos elaborados por el IPCC bajo los auspicios de la ONU; de poco sirve saber que el aumento de la temperatura media global será de más de 1,5 ºC en las dos próximas décadas y que, de no hacer nada por evitarlo, tendrá consecuencias dramáticas e irreversibles para los ecosistemas y la humanidad.

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Porque cuando hablan de emergencia climática, los políticos prometen vaciedades con las que distraer a la gente mientras ellos se dedican a otra cosa. No importa la urgencia por resolver los graves problemas que se nos echan encima, tan claramente puestos de manifiesto en el histórico informe del IPCC de agosto del 2021, que declaró una «alerta roja para la humanidad». Al final todos profesan en mayor o menor grado el blablaísmo: simulan tener bajo control las causas del cambio climático y sus desastrosos efectos y tratan de tranquilizar a la gente mientras alimentan intereses que les obligan a permanecer quietos. Greta Thunberg lo dijo de forma bien clara: «Invitan a jóvenes elegidos a reuniones como ésta y hacen como que nos escuchan, pero no lo hacen, jamás nos escuchan».

Así ha ocurrido también aquí. Fue el 21 de enero de 2020, hace ya más de 20 meses, cuando «el Gobierno de España, en línea con la voluntad expresada por una amplísima mayoría del Congreso de los Diputados en su sesión de 11 de septiembre de 2019», declaraba la emergencia climática (bla, bla, bla), cuando se nos dijo que, en línea con esa declaración, se desarrollarían 30 medidas urgentes contra el cambio climático (bla, bla, bla) y cuando el presidente del Gobierno se comprometió a abordar antes de que transcurrieran 100 días las cinco primeras medidas, incluida la convocatoria de la Asamblea Climática, que calificaba de prioritarias (bla, bla, bla). Y mientras esperábamos se aprobó la Ley de Cambio Climático con una propuesta raquítica del 23% de reducción de emisiones de CO2, cuando Europa se comprometía a un 55%.

‘Blablasamblea’: no hay tiempo para una participación ciudadana engañosa

Diversas organizaciones internacionales entre las que se encuentran la OCDE y la ONU, han aprobado documentos incitando a los Estados a contar con la ciudadanía cuando abordan políticas que tienen que ver con el cambio climático. Sirva, a título de ejemplo, el Convenio de Aarhus, adoptado en la conferencia ministerial «Medioambiente para Europa» celebrada en Aarhus (Dinamarca), en 1998 y ratificado por España en 2004, cuyo objeto es facilitar a las personas físicas y jurídicas el acceso a la información, la participación pública en la toma de decisiones y el acceso a la justicia en materia de medioambiente.

Sirvan igualmente de ejemplo las recomendaciones de la OCDE en su último informe, Catching the deliberative wave, que demuestra que la participación ciudadana es clave para emprender transformaciones sociales profundas. En la misma línea van las conclusiones del Grupo de Trabajo 3 de la IPCC, en cuyo último informe, filtrado el pasado mes de agosto por el colectivo Scientist Rebellion y Extinction Rebellion España, se insiste en la necesidad de desplazar el centro de gravedad actual de la inacción climática construyendo una «transición justa» a partir de una gobernanza democrática sólida que tenga por principal palanca la plena participación de la ciudadanía. «La interacción entre poder, política y economía es central», dicen los científicos del IPCC para explicar por qué los objetivos de descarbonización no se cumplen. Son necesarias, concluyen, «nuevas instituciones y nuevas leyes» para que la ciudadanía pueda ser un actor central en una gobernanza climática fuerte y emanciparse democráticamente de la férrea tutela de los lobbies y de los grupos de interés.

Pero no todo lo que se llama «participación democrática» significa cogobernanza ciudadana. Es muy fácil construir sistemas de «participación ficticia y engañosa», tal y como subrayó en 1969 Sherry Arnstein. Son sistemas que lejos de otorgar poder real a la ciudadanía en la toma de decisiones, permiten una simulación democrática, una «manipulación factible máxima», según las mismas palabras de esta especialista en políticas públicas. Basta para ello reunir a un determinado grupo de ciudadanos, dejarles la palabra para que se desahoguen, y no atender sus demandas o hacerlo de manera muy reducida. En resumen, convocar una blablasamblea, sin participación en el poder de decisión real.

Ni asamblea, ni ciudadana, ni climática

Entre las medidas prioritarias anunciadas por el Gobierno cuando aprobó su declaración de emergencia se encontraba la creación de una Asamblea Ciudadana para el Clima. Los 100 días comprometidos se han convertido en más de 20 meses. Después de tanto tiempo, por fin, el Ministerio para la Transición Ecológica ha anunciado su creación para este mismo otoño. Pero ¿es realmente una Asamblea Ciudadana por el Clima o se trata tan solo de una blablasamblea?

Por una parte, la elección de los participantes no va a ser al azar entre todos los ciudadanos y ciudadanas de este país, sino tan solo de una muestra preseleccionada. En efecto, los integrantes de la asamblea se elegirán por sorteo, pero se limita el sorteo a quienes se apunten a una lista que se nutre utilizando como señuelo una compensación económica de varios cientos de euros. Podrá decirse de esta asamblea lo que se quiera, pero no que reproduce la estructura social del Estado.

Por otra parte, la mayoría de las sesiones van a ser virtuales, en vez de presenciales, omitiendo que se puedan dar debates vivos con todos los matices que surgen cuando se delibera cara a cara y no a través de una pantalla. Cuando se trata de preguntar a quienes saben y deliberar después para decidir qué solución aplicar para alcanzar unos objetivos concretos de descarbonización, pero lo que se propone es programar sesiones virtuales para discutir sobre algo tan vago como «una España más segura ante el cambio climático», no es de una experiencia real de democracia participativa de lo que hablamos sino de una tertulia televisiva. No es ésta la forma más democráticamente responsable de abordar el «reto del siglo», tal como lo califican los mismos políticos que convocan esta blablasamblea.

¿Una Asamblea Ciudadana para el Clima? No. Un simulacro democrático que ni es asamblea, ni es ciudadana y con muy pocos objetivos climáticos concretos. Un paripé que no servirá ni para decidir sobre las políticas a emprender frente al cambio climático, ni para marcar prioridades en el uso de los fondos europeos Next Generation para la reconstrucción post-COVID. Un fiasco que tiene todas las papeletas para no cumplir con los mínimos organizativos que recomienda la OCDE ni aprender de la experiencia de las Asambleas Climáticas celebradas en Francia y en el Reino Unido a lo largo de 2020. Una blablasamblea.

Nuestra responsabilidad: nuevas leyes y nuevas instituciones

Ante estos fakes democráticos, nuestra responsabilidad como ciudadanos y ciudadanas consiste en construir una democracia efectiva. Como dijo Cornelius Castoriadis allá por el año 1992, la salvación de la humanidad y de los ecosistemas es incompatible con el sistema político existente; sólo reconstruyendo la sociedad y convirtiéndola «en una democracia efectiva y no en una democracia de palabras» se podrán proteger nuestras vidas. Y añadía: «En mi opinión, es aquí donde los movimientos ecológicos actuales suelen quedarse cortos». A punto de terminar 2021, con una nueva Conferencia de las Partes, la COP26 en ciernes, con un planeta que se nos deshace en mil pedazos, y con toda nuestra pena, vemos cómo seguimos apalancados en la inacción climática. Inacción terriblemente grave cuando bien se sabe que todavía es posible construir alternativas de transformación profunda.

Por eso, cuando las ONG promueven en sus discursos y campañas la participación ciudadana y colaboran en el panel de supervisión de la asamblea que propone el Gobierno, pero se desentienden de la metodología aplicada para la selección de sus participantes, de los temas decisivos a tratar, de su carácter vinculante y de su difusión, por miedo a que «una asamblea climática disminuya su propio papel en la lucha climática», es un bla, bla, bla ensordecedor que no responde a la gravedad de los problemas que tratamos. Incluso en las tentativas más recientes de construcción de una fuerza política verde, nos da miedo oír el mismo eco del bla, bla, bla de la participación ciudadana ficticia. ¿Se puede hablar, como por ejemplo hace Íñigo Errejón, de un «pueblo del clima» sin mencionar la necesidad de construir las herramientas institucionales y democráticas que permitan la participación real de la ciudadanía en la toma de decisiones?

Y mientras todo esto ocurre, ha tenido lugar la primera huelga de hambre internacional por el clima. Durante 33 días dos activistas de Extinction Rebellion España, Karen y Grian, han dado una profunda lección de dignidad y poder, poniendo en riesgo su propia salud para que se adopten soluciones reales. Se han reunido con Teresa Ribera para reclamar una participación real de la ciudadanía en lo que tiene que ver con el cambio climático y los riesgos que para la vida entraña. Ya no es hora de bla, bla, bla y de declaraciones huecas; es hora, tal como pide el informe AR6 del IPCC dado a conocer en agosto, de actuar con urgencia y con la ciudadanía.

Por todo ello, nuestra responsabilidad es inmensa: actuar pese al bla, bla, bla imperante, con el 80% de la población española que está ya convencida de que la crisis climática es la principal amenaza que pesa sobre su vida y la vida de quienes con ellos habitan este planeta. Esta mayoría que sabe que el calentamiento global sigue arrasando, como la colada del volcán, todo cuanto encuentra en su camino. Las olas de calor, las sequías, los huracanes, las danas y las inundaciones, los megaincendios… Todos estos fenómenos serán cada vez más frecuentes y más intensos. Cada vez será más difícil conseguir alimento. Y preservar la salud. Y conocer el bienestar será inimaginable como inimaginable es la pérdida de biodiversidad: nos quedamos solos.

Estamos en un momento crucial. Apenas faltan nueve años para que acabe la década de la acción, la década que según Naciones Unidas aún tenemos para ganar la pelea contra el cambio climático, la década donde nos jugamos el futuro. Y mientras pasa el tiempo, seguimos oyendo vaciedades y organizando simulacros democráticos al más puro estilo del bla, bla, bla.

«No podemos dejar por más tiempo que los que ocupan el poder decidan qué es políticamente posible. Ya no podemos dejar que decidan qué es la esperanza. La esperanza no es pasiva. La esperanza no es bla, bla, bla. La esperanza es decir la verdad. La esperanza es actuar. Y la esperanza siempre viene de la gente», terminaba diciendo Greta Thunberg en la cumbre Youth4Climate. Este es nuestro mismo grito. Construir una cogobernanza ciudadana de emergencia. Nuevas instituciones y nuevas leyes para garantizar la vida. Ahora o nunca.

Autores: Pepe Campana (Extinction Rebellion Europa), Agnès Delage (Extinction Rebellion Europa), Fernando Prieto (Observatorio de la Sostenibilidad) y Alejandro Sacristán, miembro del comité directivo del Club Nuevo Mundo.

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COMENTARIOS

  1. Buenas, muy interesante el artículo.

    Me quedan dudas con el método de selección de los participantes en la Asamblea. De acuerdo con la web de la misma, la selección se hace de manera aleatoria y no te puedes apuntar para participar a menos que hayas sido invitado para ello. Si es de esta manera, ¿no hay más posibilidades de que si se reproduzca la estructura social del Estado?

    Un saludo, muchas gracias

  2. CONCLUSION: NI EN LOS PODERES POLITICOS QUE EN ULTIMA INSTANCIA TODOS ESTAN OBLIGADOS A SERVIR AL CAPITAL NI SIQUiERA EN LA ONU CUYOS MANDATOS SE SALTAN LOS PAISES IMPERIALISTAS/CAPITALISTAS CUANDO LES CONVIENE Y SIN IMPUNIDAD ALGUNA DEBEMOS CONFIAR.
    SOMOS LA CIUDADANIA CON UNA CONCIENCIA HONESTA Y DESPIERTA QUE NO NOS QUEDA OTRA QUE LUCHAR POR LA CASA COMUN Y POR SUS INQUILINOS.
    ESTA CIUDADANIA ES DEMASIADO REDUCIDA Y IR A CONTRACORRIENTE ES MUY DURO; EL GRAN REBAÑO SIGUE DOCIL, MANIPULADO Y SOPORIZADO POR EL PASTOR CAPITALISTA, ASI ESTA EL MUNDO HOY, PERO LAS PERSONAS DESPIERTAS NO PODRIAMOS PERMANECER INDIFERENTES A TANTO DESPROPOSITO A TANTAS AGRESIONES Y VULNERACIONES DE TODO TIPO QUE SE ESTAN COMETIENDO CONTRA LA MADRE NATURALEZA Y EL SER HUMANO.
    ¿Dónde veis ese 80% de la población española convencida de la crisis climática? yo los veo en la terrazas con sus estridentes risas y sus vanas inquietudes como si todo en el planeta fuera sobre ruedas.
    Greta Thunberg, despierta y honesta criatura, y iniciativas como ésta me regocijan y me inspiran confianza:
    14 profesores / as van a trabajar la emergencia climática.
    Martes, 6 de octubre, se realizó en la Casa de la Cultura de Alzira la Jornada Formativa ‘¿Qué es esto de la emergencia climática?’ . El acto contó con la participación de los 14 profesores / as de 10 centros de la comarca que van a desarrollar el proyecto con su alumnado de los últimos cursos de educación primaria, ESO, Bachillerato y Ciclos. El cuaderno de trabajo ha sido publicado por la Editorial Reclamo a la colección ‘Por todas’, una oferta de ediciones de manuales, guías, narrativa y cuadernos codirigida junto con la Coordinadora de Centros de Enseñanza en Valenciano de la Ribera – escuela Valenciana.

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