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COP28: Por qué es importante la cumbre climática en Emiratos Árabes

Varias organizaciones españolas acuden a la mayor cita de diplomacia climática para reclamar mayores reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero y un fondo de financiación para los países más vulnerables.
La COP28 reunirá a 198 Estados y partes en Dubái del 30 de noviembre al 12 de diciembre. Foto: ONU
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Para muchas personas, la COP28 suena a puro blablabla, que diría Greta Thunberg. Este año, que va camino de convertirse en el más caluroso jamás registrado, la conferencia anual del clima de las Naciones Unidas se celebra en Dubái, Emiratos Árabes Unidos. País no democrático, donde no se respetan los derechos humanos y que es un gran productor combustibles fósiles. De hecho, el país anfitrión tiene los mayores planes petroleros del mundo. Para más inri, el presidente de la cumbre climática es Ahmed Al Jaber, ministro de Industria y consejero delegado de la petrolera estatal, ADNOC. El conflicto de intereses parece evidente. ¿Cabe esperar acuerdos y medidas concretas para combatir el cambio climático en un país que no aboga por el fin de los combustibles fósiles?

Las expectativas ante una COP siempre son altas «y esta no es una excepción», asegura el investigador del CSIC Fernando Valladares, en declaraciones a SMC España. «Esta no va a ser una cumbre menor. Ahora termina el proceso del balance global de las emisiones, el proceso que se dieron los países para aumentar la ambición. Tenemos que conseguir unas conclusiones que fuercen que los nuevos compromisos que se presenten en 2025 cumplan con la ciencia», destaca Javier Andaluz, responsable de cambio climático de Ecologistas en Acción.

¿Tiene sentido una cumbre climática en Emiratos Árabes Unidos?

Las cumbres climáticas son un evento de diplomacia internacional, una cita fundamental para buscar la multilateralidad necesaria para frenar el calentamiento global. Se intenta que su emplazamiento sea en distintos países y continentes. El año pasado fue en Sharm el-Sheij, Egipto; en 2021 en Glasgow, Escocia; en 2020 fue en Madrid, bajo la presidencia de Chile… Este año reunirá a 198 Estados y partes, del 30 de noviembre al 12 de diciembre, en Dubái y la hoja de ruta del anfitrión apela a acelerar la transición energética, a reducir las emisiones antes de 2030 y a cumplir la promesa de la financiación climática: el fondo de pérdidas y daños.

A la cita acudirán múltiples organizaciones, empresas y colectivos españoles en representación de la sociedad civil y la ciencia. También actores de la industria de los combustibles fósiles. «Vamos porque no tenemos más remedio. Es el foro más importante de relaciones internacionales para que los países se pongan de acuerdo y no podemos dejarlo todavía más en manos de la industria fósil. Es necesario que haya voces representando la sociedad y no solo a los beneficios a corto plazo de las empresas», argumenta Pedro Zorrilla, responsable de la campaña de cambio climático de Greenpeace.

Ecologistas en Acción también estará presente en la COP28 por solidaridad con «todo un sur global que sufre y quiere que en estas cumbres se les dé la voz». «Reivindicaremos en esta cumbre con una presidencia fósil que queremos un régimen de incompatibilidades que les eche a los lobbies empresariales de las negociaciones», sostiene Javier Andaluz.

El elevado coste de trasladarse al país del Golfo Pérsico es uno de los frenos para muchas entidades, como es el caso del grupo de gobernanza del cambio climático (GGCC) de la Universitat Politècnica de Catalunya. Además, aseguran que el emplazamiento en un país no democrático y productor de combustibles fósiles les echa para atrás. «Han montado una operación de greenwashing espectacular, pero nosotros hacemos seguimiento de las emisiones de los países y ellos están en el top 5 de la clasificación de emisiones per capita», afirma la investigadora Olga Alcaraz. La especialista, no obstante, asegura que se pueden seguir las negociaciones de la COP sin estar allí presencialmente.

Desde el CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestal) explican que sí irán a la COP28 para «aportar la voz y el conocimiento científicos». «La ciencia es esencial en todas las negociaciones climáticas, especialmente cuando los acuerdos internacionales se traducen en políticas públicas y directivas de gestión de alcance internacional, nacional, regional y local», defiende su coordinadora científica, Alicia Pérez-Porro.

El fondo de pérdidas y daños, uno de los grandes objetivos

Los especialistas consultados coinciden en resaltar que el resultado más deseado de esta COP –aunque altamente improbable– sería establecer una fecha final para la explotación de los combustibles fósiles responsables del calentamiento de la atmósfera. «Lo vital para nosotros es que se aprueben distintas medidas en las que se deje claro que es necesario abandonar los combustibles fósiles de forma justa y rápida», señala Pedro Zorrila. «Sería irónico que ocurra en EAU, con un presidente CEO de una petrolera, pero creemos que es posible. El año pasado hubo más de 80 países que apoyaron incluir en el texto el abandono a los combustibles fósiles», añade el responsable de Greenpeace. En la COP se podrá oír de nuevo a António Guterres, secretario general de la ONU, o al Papa Francisco, reclamar este cese del petróleo, el gas y el carbón.

En la pasada cumbre, uno de los principales logros fue el acuerdo de establecer un mecanismo de compensación para los países más vulnerables al cambio climático, el conocido como fondo de pérdidas y daños. Que esa financiación se concrete es una de las asignaturas pendientes este año.«Seguro que Estados Unidos va a poner muchos problemas, quiere que se especifique en el texto que la aportación al fondo debe ser voluntaria y que los países no tienen ningún tipo de obligación de compensar las pérdidas económicas y no económicas en el sur global a causa de la crisis climática», apunta Gisela Torrents, ambientóloga y técnica en justicia climática en el Observatori DESCA, que también acude a la COP28.

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Encuentro durante la COP27. Foto: Kiara Worth / ONU.

Tras largas negociaciones, se ha acordado que el Banco Mundial acoja inicialmente este fondo de pérdidas y daños durante cuatro años, no sin reticencias por parte de los posibles países receptores debido a la dependencia de la organización en Estados Unidos. «El Banco Mundial presenta muchos problemas objetivos. Funciona con préstamos y no con subvenciones y, por tanto, los países se podrían endeudar más en un contexto en el que no pueden hacerlo. Además, se dice que tiene que por gestionar 100.000 millones de dólares ellos cobrarían una tarifa de 24 millones, los cuales pueden ser destinados a seguir financiando los combustibles fósiles», argumenta Torrents.

Javier Andaluz reclama que «se impulse la sustitución de las energías fósiles por energías renovables y den la financiación necesaria y suficiente para que otros países puedan optar por otros modelos de desarrollo no basados en los combustibles fósiles». «Esto tiene que salir de esta cumbre para obligar a que los países planteen compromisos muy concretos, separados por sectores, con compromisos específicos de financiación y de mecanismos garantistas», pide el responsable de Ecologistas en Acción. Coincide en ello el divulgador Diego Ferraz, técnico de proyectos de la Fundación Renovables, quien espera que detallen los acuerdos porque «siempre se suelen hacer sin especificar fecha y financiación».

Ferraz opina que otro de los resultados esperables de esta COP28 es un compromiso de reducción en las fugas de metano, que «se producen básicamente en el transporte y uso del gas fósil». «Creo que esto sí lo ven con buenos ojos porque es una buena opción para ambos sectores, tanto para reducir emisiones de metano como para reducir pérdidas económicas en las empresas», afirma.

La necesaria adaptación del planeta al cambio global y la preservación de la biodiversidad serán otros de de los ámbitos en torno a los cuales pivotará la COP28, sostienen desde el CREAF. Su director, Joan Pino Vilalta, asegura que «es el momento de repensar la relación de las personas con la naturaleza». En el año 2050, más de dos terceras partes de la población mundial vivirá en ciudades, según la ONU, por lo que considera que «la infraestructura verde urbana tendrá que proporcionar beneficios ambientales, de salud y educativos que serán clave para una población numerosa con necesidades muy distintas».

«El compromiso de España y de la UE está muy lejos de lo que es necesario»

Además de las medidas de adaptación necesarias –porque el cambio climático impacta y lo seguirá haciendo durante años en la vida de millones de personas–, Gisela Torrents pone el acento en la urgencia de cortar con el origen del problema: las emisiones derivadas de los combustibles fósiles. En 2015, los países se comprometieron en el Acuerdo de París a «mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC». En este sentido, la ambientóloga recuerda que «los informes nos dicen que vamos muy mal en reducción de emisiones. Espero de verdad que se pongan las pilas».

Olga Alcaraz lamenta que la Unión Europea no ha sido ambiciosa en sus últimos compromisos climáticos y destaca que «debería alcanzar la neutralidad de emisiones antes del 2040 para no sobrepasar los 1,5 ºC». Coincide con ella Javier Andaluz, para quien «el compromiso de España y de la UE está muy lejos de lo que es necesario». Las organizaciones internacionales reclaman que «la UE realice una reducción del 65% en sus emisiones. Por ahora, sigue manteniendo un 55%. «Y tenemos un Gobierno español que está muy lejos de la ambición necesaria, plantea una reducción del 32% cuando deberíamos plantear una reducción cercana a un 55%», señala Andaluz.

El consenso científico ha dejado claro que las medidas para frenar la crisis climática se precisan ahora. El actual contexto de incremento de los conflictos internacionales no es favorable para lograr consensos, pero las próximas semanas se conocerán los acuerdos de esta COP28 para hacer frente a la ya también apodada ebullición global.

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