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La COP27 acuerda un fondo para los países más vulnerables pero sigue sin asumir las causas de la crisis climática

La cumbre del clima, celebrada en Sharm El Sheikh (Egipto), logra sacar adelante (aunque sin profundizar en los detalles) una reivindicación histórica de los países más vulnerables, pero hasta ahí: no ha habido ni más ambición climática, ni más recortes de emisiones, ni un lenguaje más duro contra los combustibles fósiles.
Los delegados aplauden mientras el presidente de la COP27, Sameh Shoukry, pronuncia un discurso durante la clausura de la cumbre. Foto: REUTERS/Mohamed Abd El Ghany

La cumbre del clima de Sharm El Sheikh ha concluido tras dos semanas de largas y caóticas negociaciones. Como el listón no estaba muy alto, el acuerdo logrado in extremis podría ser tachado de histórico. Al menos, en un punto: tras treinta años de reivindicaciones, la COP27 ha conseguido cerrar un acuerdo –sin efectos vinculantes– “para hacer frente a las pérdidas y los daños asociados a los efectos adversos del cambio climático”.

Este avance es, sin duda, un gran logro y un alivio para los países que más sufren las consecuencias de la crisis climática. No obstante, más allá del titular, no hay nada. El acuerdo, bloqueado durante todo el proceso por Estados Unidos (y la UE al principio) no entra en detalles. Ni en quién recibirá la ayuda financiera, ni cómo, ni cuánto, ni qué países aportarán al fondo. Todas estas cuestiones –que lo son todo– se intentarán resolver durante el próximo año, antes de la siguiente cumbre Emiratos Árabes Unidos, a través de un comité formado por representantes de una veintena de Estados.

“Esta ha sido una noticia agridulce. Si bien esta herramienta permitirá atender las demandas de los países más vulnerables, también deja al comité transitorio para la definición del fondo tareas que se tendrían que haber cerrado en esta cumbre. Las organizaciones ecologistas, las plataformas indígenas, de género y de juventud exigimos que se nos tenga en cuenta en el diseño de los siguientes pasos”, señala Javier Andaluz, portavoz de Ecologistas en Acción.

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Uno de las grandes incógnitas será saber si China se beneficiará o si deberá aportar al fondo. Se da el caso de que, a ojos de Naciones Unidas, es un país en desarrollo, lo que le permitiría disfrutar de la ayuda. No obstante, China es actualmente el país que más gases de efecto invernadero expulsa a la atmósfera (en términos absolutos, no per cápita)

“El anuncio ofrece esperanza a las comunidades vulnerables de todo el mundo que luchan por su supervivencia frente al estrés climático”, contó Sherry Rehman, ministra de Cambio Climático de Pakistán. Este año, el país asiático tuvo su agosto más lluvioso desde 1961, lo que dio lugar a inundaciones que dejaron más de 1.700 muertes y al 80% de la reserva nacional de alimentos afectada.

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Otras de las grandes cuestiones, y que hace despertar fantasmas pasados, es si el dinero finamente llegará. Hay que recordar que los países ricos acordaron en 2009 movilizar 100.000 millones de euros al año a partir de 2020 para ayudar a las naciones con menos recursos en el camino a las energías limpias y adaptarse al cambio climático. Sin embargo, ese dinero no termina de llegar: un estudio reciente del medio británico Carbon Brief revelaba que EE. UU. solo contribuyó con 7.600 millones en vez de con los 39.900 millones de dólares que le tocan.

La COP27 tenía como objetivo poner en marcha los temas pendientes del Acuerdo de París y el Pacto de Glasgow. Sin embargo, la presidencia de Egipto no ha sabido gestionar una cumbre que para muchos ha sido tachada como la peor organizada y gestionada de todas. La falta de borradores de los documentos negociados y las amenazas de abandono –como la de la UE– hicieron temer que la cumbre terminara sin acuerdos y emplazando a las partes a una nueva cita, un hecho que solo ha ocurrido una vez en la historia de las COP.

Este malestar quedó patente en el plenario final, que llegó 36 horas más tarde de lo previsto (algo ya habitual en las cumbres). Varios delegados de países señalaron que no estaban contentos con cómo se había desarrollado el proceso. Incluso denunciaron que una serie de documentos habían sido aprobados sin intervenciones, incluido el texto principal. Debido a que las negociaciones se alargaron, muchas naciones –sobre todo desarrolladas– ya habían abandonado la cumbre y emprendido el camino de vuelta a casa.

La COP27 deja pocas mejoras más

Otras buenas (pequeñas) noticias que deja la cumbre es la mención a los derechos humanos en el preámbulo (la introducción) del texto final. Gracias a la presión de determinados actores políticos y la sociedad civil, se reconoce que “el cambio climático es una preocupación común de la humanidad”, por lo que, al adoptar medidas para hacer frente al cambio climático, estas deben “respetar, promover y tener en cuenta sus respectivas obligaciones en materia de derechos humanos, el derecho a un medio ambiente limpio, sano y sostenible, el derecho a la salud, los derechos de los pueblos indígenas, las comunidades locales, los migrantes, los niños, las personas con discapacidad y las personas en situación de vulnerabilidad y el derecho al desarrollo, así como la igualdad de género, el empoderamiento de la mujer y la equidad intergeneracional”.

También destacada la puesta en marcha de la Red de Santiago. Este mecanismo, creado durante la COP25 de Madrid, tiene como función ejercer de catalizador de la asistencia técnica en pérdidas y daños a los países en desarrollo “que son particularmente vulnerables a los efectos adversos del cambio climático”. Asimismo, se acuerda seleccionar la sede de la secretaría de la red de Santiago para 2023.

Más allá de esto, la COP27 no ha supuesto una mejora real para la acción climática. La gran decepción de esta cumbre es que no ha sabido arrancar una mayor ambición en materia de reducción de emisiones. A pesar de venir de un año con dos nuevos informes demoledores del mayor panel de especialistas en cambio climático (el IPCC), los países se han ido igual que han venido, y se han limitado a repetir lo ya dicho en la anterior COP.

Con un planeta casi 1,3 ºC más caliente que en la época preindustrial, una de las preocupaciones era que no se debilitara (o directamente eliminara) el ya de por sí débil objetivo de limitar la temperatura en 1,5 ºC. Un bloque de países lo intentaron, pero finalmente el texto definitivo insiste en la idea que se viene repitiendo desde el Acuerdo de París de “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales y proseguir los esfuerzos para limitar la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales”.

El responsable principal de este calentamiento y de los impactos del cambio climático son los combustibles fósiles. Y, aun así, las COP se resisten a poner todos los esfuerzos en su erradicación. En este sentido, la cumbre de Sharm El Sheikh ha sido un decepcionado pero no sorprendido. Aunque más de 80 países intentaron que el texto final apostara por la “reducción progresiva de todos los combustibles fósiles”, el acuerdo repite el mismo mensaje que la pasada cumbre: se insta a la “eliminación gradual” de los subsidios a los combustibles fósiles “ineficientes” (un concepto que, un año después, sigue siendo descorazonador) y a «reducir gradualmente» (que no eliminar) el uso de “energía del carbón no mejorado [el llamado unabated coal, no tratado previamente para contaminar menos o no capturado y almacenado por procedimientos tecnológicos].

También se insiste en acelerar la transición “hacia sistemas energéticos de bajas emisiones”, lo que abre la puerta a emplear gas, un combustible fósil menos contaminante que el petróleo y el carbón pero que igualmente es responsable de la crisis climática.

Aun así, parece que hay que celebrar quedarse igual que hace un año. Hasta el último momento, los países más dependiente los hidrocarburos intentaron suavizar aún más el texto hasta el punto de querer eliminar toda referencia a los combustibles fósiles. Esta cumbre, recordemos, ha contado con más de 600 grupos de presión ligados a los fósiles.

Tampoco se logró recoger en el documento final una mención a que las emisiones mundiales llegaran a su máximo en 2025, año límite marcado por el IPCC en su último gran informe. En ese trabajo, el panel de especialistas ligado a la ONU instaba a una reducción del 43% de las emisiones para 2030, lo que implica una reducción para 2050 respecto a 2019 del 95% en el consumo de carbón, del 60% en el petróleo y del 45 % en el gas. Todo ello, claro, si se quiere tener alguna posibilidad de mantener la temperatura por debajo del grado y medio.

Termina una COP más, la número 27. Se ha dado la casualidad de que la cumbre terminase el mismo día que empieza el mundial de fútbol. El primero lo ha albergado Egipto. El segundo, Catar. Y es buen momento para recordar que los derechos humanos están por encima de cualquier evento, por muy importante que sea.

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COMENTARIOS

  1. Dicen los sabios que nada es por casualidad. Algo nos quiere decir lo que llamamos casualidad.
    Noticias de Survival Internac.:
    Se ha demostrado científicamente que los pueblos indígenas comprenden y gestionan su entorno natural mejor que nadie: el 80 % de la biodiversidad de la Tierra se halla en territorios indígenas. La mejor manera de proteger la biodiversidad, por tanto, pasa por respetar los derechos territoriales de los pueblos indígenas, los mejores conservacionistas.
    No obstante, el modelo de conservación de la naturaleza que predomina actualmente sigue siendo, como en tiempos coloniales, el de la “conservación de fortaleza”: un modelo que crea Áreas Protegidas en tierras de pueblos indígenas, a las que solo pueden acceder personas ricas. Este tipo de “conservación” destruye la tierra y las vidas de los pueblos indígenas. A pesar de ello, es el modelo que recibe más financiación occidental para la protección de la naturaleza.
    ¿Por qué? Porque los mitos que sostienen este modelo de conservación se reproducen en libros de texto, medios de comunicación, documentales sobre la vida silvestre, anuncios de ONG, etc. Las imágenes de la “naturaleza” que hemos visto desde la infancia y las palabras que empleamos para describirla determinan nuestro modo de pensar, y las políticas y acciones que impulsamos.
    Solemos dar por hecho que estas palabras e imágenes son la realidad, como si fueran neutrales, objetivas o “científicas”. Pero no lo son.
    El conservacionismo tiene una historia sombría, y hunde sus raíces en el racismo, el colonialismo, el supremacismo blanco, la injusticia social, el robo de tierras, el extractivismo y la violencia. Hoy en día, las principales organizaciones conservacionistas (como WWF, WCS) no solo no han cuestionado este pasado, sino que lo siguen perpetuando. La conservación es una industria, un negocio, que a menudo opera con y recibe dinero de grandes empresas contaminantes y que convierte la naturaleza en un producto de consumo, casi sin excepción, para el disfrute de personas blancas y ricas. Esto forma parte de un proceso de mercantilización de la naturaleza en el que se le atribuye un valor, se comercializa y concibe como fuente de explotación y beneficio.
    Pero nuestro concepto de “naturaleza” es el hogar de otras personas. Es la base de su modo de vida, el hogar de sus ancestros, la fuente de casi todo su sustento.
    Es fundamental que reflexionemos acerca de las palabras y conceptos que utilizamos cuando escribimos o hablamos sobre cuestiones medioambientales. La violencia y el robo de tierras que sufren millones de indígenas y otra población local en nombre de la conservación de la naturaleza tienen su origen, en gran parte, en estos conceptos.
    Una guía para descolonizar el lenguaje en la conservación.
    ¡Es hora de descolonizar la conservación de la naturaleza!
    https://www.survival.es/sobre/descoloniza-el-lenguaje?utm_medium=email&utm_source=engagingnetworks&utm_campaign=utm_campaign&utm_content=221114+email+update+(guia)+-ES

  2. Para proteger la biodiversidad se deben respetar los derechos de los pueblos indígenas.
    Un millón de especies animales y vegetales se extinguirán si no actuamos para proteger la biodiversidad. La Conferencia sobre la Diversidad Biológica de la ONU tiene el plan de declarar en diciembre que el 30% de la superficie del planeta debe estar protegida en todo el mundo para 2030. Dicho plan es sin embargo controvertido.
    Las áreas protegidas pueden desempeñar un papel importante en la conservación de la biodiversidad y el clima, pero no constituyen una solución mágica.
    La estrategia de poner bajo protección “30 por ciento para 2030″ alarman entre a ecologistas y activistas de los derechos humanos: unos 300 millones de personas podrían verse afectados y sufrir consecuencias si la tierra en la que a menudo viven en armonía con la naturaleza durante muchas generaciones se convierte de repente en”protegida”.
    Áreas protegidas, como parques nacionales, obedecen a veces al concepto “fortaleza” de conservación de la naturaleza”. Este se rige por una estricta separación de los seres humanos y la naturaleza, e involucra la participación de guardas forestales armados. En numerosas áreas protegidas ha habido violaciones de derechos humanos e incluso asesinatos.
    “Hay que detener este futuro acaparamiento de tierras”, afirma Ladislas Désiré Ndembet, de la ONG camerunesa Synaparcam.
    ¿Más áreas protegidas pueden salvar la biodiversidad? Es dudoso. El objetivo del 30% es completamente arbitrario.
    A pesar de su número creciente, la crisis climática y de biodiversidad se están intensificando. Tiene sentido asegurar la protección de la biodiversidad en zonas donde es más abundante. Entre ellas las selvas tropicales.
    Los derechos, los conocimientos y el modo de vida de los pueblos indígenas y otras comunidades locales son cruciales en este terreno y, por tanto, deben respetarse. Además, los pueblos indígenas deben contar con financiación para trabajar sobre esta temática y contar con derechos de codeterminación verdaderos en la escena internacional.
    También es imperativo que superemos nuestra actual forma de vivir y de hacer negocios, basada en el consumo excesivo de materias primas, productos agrícolas y energía.
    Ante la crisis de extinción, necesitamos soluciones eficaces en lugar de conceptos inadecuados. Por favor, pide a la comunidad internacional que refuerce los derechos de los pueblos indígenas.
    https://www.salvalaselva.org/peticion/1263/para-proteger-la-biodiversidad-se-deben-respetar-los-derechos-de-los-pueblos-indigenas

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