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Por qué la democracia directa es la clave para evitar nuestra extinción

"Tan solo un sistema en el que la población esté directamente informada por la ciencia, sin interferencia del poder económico y partidocrático y mediante medios de comunicación controlados por la propia ciudadanía, podrá tomar las medidas necesarias a tiempo para evitar un desenlace ecocida y suicida de la historia humana", opina el coordinador de Instituto Resiliencia.
Carmen Lozano / Flickr Foto: 5743818415_49bf0dee60_o-scaled

Carta abierta a la juventud en rebeldía contra la extinción —con copia al resto de la sociedad.

En una reciente conversación con una de las jóvenes activistas del movimiento Extinction Rebellion (XR) surgió la cuestión de cuál podría ser la demanda clave para lograr los objetivos de este inspirador y esperanzador movimiento. La posición que le expresé, desde mi modesta posición de simpatizante externo al movimiento, es que posiblemente la clave resida en ampliar y reforzar el núcleo de la Tercera Exigencia de XR, esto es, la creación de una Asamblea Ciudadana.

Mediante dicha demanda lo que está reclamando este colectivo, en el fondo, es una democracia auténtica, es decir, realizar un ejercicio rotundo de Democracia Directa (DD) para tomar entre todas nosotras la decisión que estos momentos resulta más vital —en el pleno sentido de la palabra— para el futuro de nuestras sociedades y del conjunto de la biosfera de la que somos parte.

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Quizás no toda la gente que milita en XR sea plenamente consciente de ello —y el resto de la sociedad tampoco—, pero a través de dicha demanda está conectando con una potente reclamación que recorre nuestra Historia, y que podemos remontar como mínimo a la Comuna de París (1871), pasando por la Ucrania de Majnó (1918), la Revolución anarcosindicalista española (1936), el Neozapatismo del EZLN en Chiapas (1994) o el Confederalismo Democrático kurdo (2005) y llegando hasta la ola internacional del movimiento de los Indignados (2011) que se expresó en el 15 de marzo español, Geração à Rasca, Occupy y las Primaveras Árabes. Esto es, la motivación es nueva y dramáticamente urgente (la amenaza de extinción debida al caos climático antropogénico), pero la lucha de fondo es casi tan antigua como la propia Humanidad: ser verdaderamente dueños de nuestro destino.

Incluso la nueva rama nacida de XR, Rebelión Científica, puede verse encajada de manera perfecta con esta reclamación profunda. Esto es así porque la propia ciencia de la Dinámica de Sistemas apoya la idea de que eliminar la interposición de elementos, perturbaciones y delays exógenos que implica la partidocracia electiva actual, favorecería una respuesta del sistema social mucho más rápida mediante eficientes feedbacks sistémicos que se activarían ante cualquier decisión errónea que tomase una sociedad, para permitir su corrección, al tiempo que reforzarían las decisiones acertadas y eficaces.

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Es decir, si tenemos que tomar decisiones como sociedad ante el caos climático en marcha, hacerlo mediante un sistema repleto de elementos intermedios ineficientes y que trasmiten mal las señales como los partidos políticos, los grupos de presión económica (lobbies), los sistemas parlamentarios pseudorrepresentativos, los gobiernos estatales, las burocracias complejas, etc. nos aboca a tomar decisiones demasiado lentas y muy difíciles de corregir si se observa que son erróneas o incluso peligrosas, como es el caso que nos ocupa y preocupa.

No hay más que ver, como muestra, la manera en que la UE (arquetipo de estructura hipercompleja y en la que la ciudadanía tiene una capacidad de decisión cercana al cero neto) nos hace andar como pollos sin cabeza ante los primeros problemas de desabastecimiento energético, y que no son nada comparado con lo que nos depara el declive de la energía fósil y el agravamiento acelerado del caos climático que tenemos encima. O el demencial e insostenible sistema monetario que se nos impone, cada vez con menos control por parte de la ciudadanía, donde la función de trasmisión de información metabólica que debería proporcionarnos esa herramienta llamada dinero está absolutamente pervertida y contamina todas las decisiones con información falsa, un auténtico sistema de fake money, donde ninguna moneda representa ya nada mínimamente real ni sirve más que a la especulación de la Matrix financiera.

Tan solo un sistema en el que la población esté directamente informada por la ciencia —una ciencia que pregunta con humildad cuando no sabe y que Funtowicz & Ravetz denominan ciencia posnormal—, sin interferencia del poder económico y partidocrático, mediante medios de comunicación controlados por la propia ciudadanía, y a partir de dicha conformación democrática de la opinión pública pueda tomar decisiones en verdaderas asambleas sin someterse a la venia de ninguna instancia o filtro adicional, podrá tomar las medidas necesarias a tiempo para evitar un desenlace ecocida y suicida de la historia humana.

Aunque, por supuesto, también habrá quien piense que podríamos eliminar esos elementos que dificultan la respuesta necesaria mediante un sistema eco-autoritario y, de hecho, el descrédito a nivel mundial de la clase política y el auge del cesarismo nos lleva tiempo empujando en esa peligrosa dirección, incluso con el apoyo más o menos inconsciente de algún relevante científico. Aun así, lo que por buena lógica querría la mayoría de la población, si pudiese realmente elegir, si tuviese la información y el poder necesarios para guiar su propio rumbo, no sería aún menos democracia sino más, mucha más. Y creo que la historia confirma esta lógica, porque ningún pueblo ha renunciado jamás a su propia autonomía una vez que la ha conseguido.

Cuando hablo de verdaderas asambleas trato de poner el foco en el hecho de que esos engendros que se van creando en algunos países como Francia o España en respuesta tramposa a las demandas de XR no son asambleas ni nada que se le parezca. A lo sumo son meros consejos ciudadanos, sin el más mínimo poder decisorio, sino con un simple carácter consultivo que ningún gobierno está obligado a acatar.

Como bien sabe el movimiento libertario, una asamblea, para ser digna de tal nombre debe cumplir tres requisitos: ser totalmente horizontal, tener verdadera capacidad deliberativa y (lo que más se le atraganta a nuestras pseudodemocracias supuestamente representativas) tener poder decisorio. Es decir, que los resultados de sus deliberaciones y posteriores votaciones sean convertidos en ley o ejecutados por los gobiernos sí o sí. Cualquier otra cosa no será una Asamblea y tampoco será democrática. Y creo que XR haría bien en denunciarlo de la manera más rotunda posible, negándose a aceptar este tipo de paripés de una supuesta democracia participativa.

Así pues, mi conclusión es que resulta absolutamente estratégico reforzar el carácter directodemócrata de XR, a partir de algunos de sus principios fundacionales como la disolución de las estructuras jerárquicas de poder, la autonomía y la descentralización. En primer lugar porque sin verdadera democracia política en nuestras sociedades el tercer punto de sus reclamaciones jamás podrá lograrse. De hecho, si necesitan acudir a la desobediencia civil como táctica principal de acción, si necesitan desobedecer al poder político, es precisamente porque ese poder no está en nuestras manos, es decir, porque no vivimos en realidad en democracias.

Y, en segundo lugar, porque ampliar esta demanda democrática más allá del ámbito de las decisiones acerca de cómo afrontar la potencial extinción de la vida en el planeta Tierra, para aplicarla a todas y cada una de las decisiones que conforman la esfera de lo político (y aquí incluyo obviamente el concepto de democracia económica), permitirá sumar a la fuerza de este joven movimiento la histórica aspiración de todas las sociedades de lograr un verdadero gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, que apenas ha podido ser alcanzada a lo largo de la Historia en unos pocos lugares, durante periodos breves de tiempo y con enormes dificultades.

Estoy convencido de que solo mediante un empoderamiento rápido, radical y trasversal de la ciudadanía, únicamente por medio de una democracia digna, al fin, de tal nombre, podremos no solo sobrevivir sino también emanciparnos, no solo evitar la extinción sino también todo tipo de opresión. Solo el pueblo puede salvar al pueblo, solo la vida puede salvar la vida.

Propongo, en definitiva, a mis admiradas amigas y amigos de XR, una “llamada a las armas democráticas“, que se conviertan en la chispa que encienda esta Revolución Democrática que será también la Revolución por la Vida. Creo sinceramente que no es algo tan alejado de lo que ya estáis haciendo. De hecho, muchas y muchos de vosotros ya lo estáis defendiendo abiertamente, puesto que no significa cambiar de estrategia, sino apenas reforzar y ampliar la 3ª Demanda para sumar así a vuestra (nuestra) lucha no solo a movimientos que siempre han llevado la DD por bandera, como el libertario, sino a todo tipo de movimientos y capas sociales que se beneficiarían de un sistema de gobierno basado en la Democracia Directa: feminismo, lucha campesina, clase obrera, pueblos indígenas, anticolonialismo, internacionalismo, LGTBI+, pacifismo, cooperativismo… y por supuesto al movimiento ecologista en su totalidad.

Os animo a convertiros en núcleo dinamizador de una nueva unión, de una alianza internacional e intergeneracional contra el principal obstáculo que nos impide autocorregir esos sistemas dinámicos adaptativos tan averiados que son nuestras sociedades, a denunciar en cada acción y en cada comunicado que “Lo llaman democracia y no lo es”, y que por eso os veis forzadas a desobedecer y a rebelaros ante leyes que no han sido aprobadas por el pueblo, y que las instituciones representativas y los gobiernos partidocráticos se mueven como máquinas gigantes y miopes que nos pisotean una y otra vez porque su input principal no son precisamente las necesidades y anhelos de la población a quien dicen representar, sino los intereses sectarios de unas siglas que son a su vez una especie de bots electorales programados únicamente para autoperpetuarse, recombinados genéticamente con el virus avaricioso de grandes empresas, multimillonarios y fondos de inversión destructiva.

Estoy convencido de que convertir la lucha climática en lucha por la Democracia Directa es lo que puede atraer un apoyo mayoritario de las poblaciones en cualquier país del mundo. Luchar por la Democracia Directa es luchar por el clima, por la vida, por evitar la extinción. Porque solo la gente puede salvarse a sí misma, dígamoslo una y mil veces más.

Reclamar a gobiernos pseudodemocráticos que nos salven, por mucha presión que podamos intentar construir desde las calles o las prisiones, es un camino demasiado largo, con dudosas probabilidades de éxito y en el que resulta muy costoso encontrar aliados porque la opinión pública está encadenada a una economía no-democrática y anestesiada por medios de (in)comunicación no-democráticos. Pero multiplicar nuestra lucha por todas las luchas podría ser el camino a la construcción de una hegemonía política imparable. Y eso solo se puede lograr luchando juntas por una verdadera democracia.

Tengo la firme convicción de que la DD es la única propuesta política que puede unir la inmensa mayoría de las voluntades en un país. Y logrando una democracia de verdad lograremos la capacidad para tomar las riendas de la política sobre el clima, sin tener que rogárselas a nadie por encima de nosotras, al mismo tiempo que todas las demás políticas.

En términos de las demandas de XR diríamos que lograr una 3ª demanda ampliada, permitiría lograr la 1ª (“Decir la verdad”) y la 2ª (“Reducir las emisiones, detener la destrucción”) y todo lo demás, porque ya todo nuestro destino estaría por fin en nuestras manos.

Trasmitir la gravedad de la situación a la gente, abandonar los combustibles fósiles, crear sistemas de energía renovable de manera racional y verdaderamente sostenibles, reconstruir la resiliencia social, asegurar un decrecimiento ordenado y justo de los metabolismos socioeconómicos de los países ricos, alcanzar la justicia climática, ecológica y económica a escala internacional, reorganizar las economías al servicio de las necesidades de la gente, poner la vida y los cuidados como guía principal en lugar del PIB, detener y revertir la destrucción de especies, regenerar culturas y ecosistemas… son aspectos de la actuación política necesaria que solo podemos lograr si tenemos la capacidad de decidirlas entre todas y cada una de las personas a quienes afectarán esas decisiones.

Solo recuperar el control del volante nos permitirá cambiar de dirección, y cuanto más tiempo malgastemos intentando simplemente convencer a quien nos conduce al abismo de que corrija el rumbo, más nos alejaremos del camino que nos salve. Llevamos mucho tiempo intentando esa estrategia, y el resultado es que cada vez nos escuchan menos.

Diseñar la manera concreta de alcanzar una Democracia Directa en nuestras sociedades no es objeto de este texto y debería ser algo que construir a partir de ahora y de manera conjunta entre todos los movimientos sociales en cada rincón del planeta, procurando una diversidad de soluciones prácticas adaptadas a cada contexto social y cultural. Y aunque ya hay experiencias en marcha que funcionan a diferentes escalas y de las cuales podemos aprender (en Chiapas, el Kurdistán o Marinaleda, por ejemplo), no resultará precisamente sencillo.

Pero ¿acaso no resulta más fácil imaginar unir todas las causas populares a favor de un sistema que las haga todas ellas posibles que imaginar a los que detentan el poder en las actuales pseudodemocracias entregando el poder a una verdadera Asamblea por el clima que les ordene ponerlo todo patas arriba, acabar con el crecimiento económico y, por tanto, con el capitalismo que parasita a las propias instituciones que tendrían que ejecutar lo decidido por dicha asamblea? ¿No resulta más factible convencer a miles de personas para luchar por su completo empoderamiento que convencerlas para participar en disrupciones mediante desobediencia civil que fuercen a los gobiernos a entregar parcelas tan importantes de poder que los trasformarían en algo que no están dispuestos a ser? ¿No resultan, en todo caso, estrategias complementarias? ¿No podemos impulsar una alianza social a favor de la DD al tiempo que seguimos presionando a las partidocracias dominadas por el poder capitalista, lanzándoles el claro mensaje desde la posición de fuerza de un contrapoder social en construcción de “o lo hacéis vosotros ya, o lo vamos a hacer nosotras mismas, caiga quien caiga”?

Creo que esta evolución estratégica merece al menos una profunda reflexión no solo en el seno de XR, sino entre todos los movimientos sociales emancipadores, porque de la misma manera en que sin DD resulta muy difícil pensar en lograr los objetivos de XR, sin el triunfo de XR no lograremos jamás una verdadera democracia y estaremos abocados a escenarios de gestión autoritaria del colapso ecosocial, e incluso a la completa aniquilación de todo lo vivo.

Así que, ¿por dónde podríamos comenzar a explorar esta vía, querida militancia de XR? Podéis empezar recordándonos, por ejemplo, que hoy día “manda más un euro (o un dólar) que un voto”, que la economía domina a la política y debería ser al contrario. Denunciemos juntas que no podemos permitir que la economía organizada de manera egoísta por unos pocos y basada en fundamentalismos anticientíficos marque los límites de nuestras vidas posibles (¡de la posibilidad de la vida!), que los líderes ciegos de este culto a la muerte que es el Capitalismo nos conduzcan atados de pies y manos al matadero. Que necesitamos una Asamblea de verdad para tomar las decisiones que tiren del freno de emergencia y que necesitamos tomarlas nosotras mismas para poder sobrellevar su dureza.

Pero gritemos que incluso eso no sería suficiente. Que también necesitamos una Asamblea, miles de asambleas en cada pueblo, cada barrio, cada comarca, para decidirlo todo, para que el poder resida de verdad en nuestras manos. Y que aún disponemos de la tecnología y los recursos para poder reorganizarnos socialmente y devolver el poder al pueblo. Poder para gobernar nuestros destinos sin ser pastoreadas hacia el precipicio de la hecatombe ecológica, pero tampoco hacia las tierras de ningún amo que nos pretenda salvar para dirigirnos con su yugo.

Manuel Casal Lodeiro es promotor y coordinador de Instituto Resiliencia.

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