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El Ártico se está quedando sin animales

Un informe del Consejo Ártico registra una drástica caída en las poblaciones de renos y aves de la tundra a causa del cambio climático. Y esa pérdida de biodiversidad nos afectará directamente.
Un reno cruza un paraje del Parque Nacional Denali, en Alaska (EE.UU.). Foto: JORIS BEUGELS/UNSPLASH

Como dice Pablo Servigne en su ensayo Colapsología, “cuando una especie muere, nunca desaparece sola, sino que suele llevarse consigo a otras sin que nadie se dé cuenta”. La comunidad científica no deja de advertir, día tras día, reducciones drásticas en la biodiversidad del planeta. Uno de los últimos en dar la voz de alarma ha sido el Consejo Ártico. Según su informe más reciente, se ha registrado una caída drástica en las poblaciones de renos y aves limícolas (las que viven en zonas húmedas, como costas y estuarios) en la tundra ártica. Esta es, en pocas palabras, la zona terrestre del Polo Norte, y se extiende desde Alaska y el norte de Canadá hasta las costas más septentrionales de la península escandinava y Rusia.

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“El cambio climático está impulsando, de forma abrumadora, el cambio en los ecosistemas terrestres del Ártico, lo que ya causa diversos impactos, impredecibles y significativos, y se espera que estos se intensifiquen”, dice el estudio. Y lo de “impredecible” tiene una importancia sustantiva en este caso.

Puede que pensemos que la extinción de estas especies es un hecho triste pero que, en el fondo, no nos afecta. Nada más lejos de la realidad. El planeta se calienta, el hielo de los casquetes polares se funde, se libera el carbono atrapado en el permafrost y el ecosistema en el que viven esas especies cambia radicalmente. Eso es lo que está pasando en el Ártico (tres veces más rápido que en el resto del mundo). Y la destrucción de este y otros territorios en los que animales, plantas, hongos y bacterias viven e interactúan nos afecta porque, para sobrevivir, como explica Servigne, nosotros también “dependemos de nuestra interacción con ellos y de las interacciones que ellos realizan entre sí”.

Estrés entre especies en el Ártico

Los científicos del Consejo Ártico han monitoreado durante décadas la fauna del Círculo Polar. Según los datos recogidos, el 20% de las 88 especies de aves analizadas están reduciendo sus poblaciones. Y aunque esto es “preocupante”, como indican literalmente, lo más grave es la descompensación. El cambio climático afecta a las diferentes especies de forma distinta. Unas poblaciones se reducen mientras otras aumentan (como es el caso del halcón peregrino, que se aprovecha de unos veranos árticos más largos para alimentarse y reproducirse más). Este desequilibrio es “uno de los principales factores de estrés para la vida salvaje”.

El correlimos gordo es una de las aves más afectadas por el cambio climático en el Ártico siberiano. TOM BENSON/FLICKR

La descompensación afecta también a los renos. En la Columbia Británica, en la costa sudeste de Canadá, los programas de recuperación de este cérvido están fracasando porque la destrucción de sus hábitats (por las explotaciones forestales y mineras) ha desplazado y disparado la población de sus depredadores, como son los lobos o los pumas. La población de renos que migran en torno al Círculo Polar Ártico también ha sufrido una notable disminución. Sólo en Canadá, de 1987 a 2016, su número ha descendido de los 3 millones de ejemplares a 1 millón. En la península de Taimyr (Rusia), la tendencia es similar: de 1 millón a 370.000, entre 2000 y 2017.

Como ocurre con las aves, algunas poblaciones de renos disminuyen y otras crecen, pero eso no significa que el ecosistema se mantenga en equilibrio. Hay menos en algunas zonas y más en otras. “En Alaska podemos ver manadas de renos por todo el Estado, pero estas manadas están mermando en las regiones árticas, mientras en otras zonas están aumentando. Cuando observas de forma general toda la zona ártica estadounidense, la tendencia, en cualquier caso, es un descenso de población”, explica James P. Lawler, ecólogo del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos.

Lawler forma parte de una extensa nómina de científicos (hasta 142) que han estudiado las migraciones animales en el Ártico durante los últimos 30 años. “El Ártico está entrando en un nuevo estado ecológico, con alarmantes consecuencias para la humanidad”, dicen en su estudio. Son precisamente los sensores usados para registrar los movimientos de estos animales los que ofrecen “una ventana a estos cambios”: desajustes en la cadena trófica, en la migración, en la disponibilidad de alimento, en la reproducción… Esos desplazamientos fuera de la zona ártica pueden traer, además, nuevas enfermedades y parásitos que afecten a la fauna autóctona.

El frío señala el diagnóstico

Por razones obvias, los ecosistemas fríos son los que muestran con mayor claridad los cambios producidos por el calentamiento global. Como explicaba en una entrevista Lexeia Larrañaga, directora del documental Natura Bizia, esas zonas, cada vez más restringidas, albergan a los últimos ejemplares de especies que parecen condenadas a desaparecer: “Las perdices nivales, por ejemplo, son un tesoro biológico, un reducto de la época de la glaciación. Con el calentamiento global y la reducción de la nieve en las montañas, es una especie que va a desaparecer pronto. Y hay muchos otros animales en la misma situación. El oso pardo también se verá golpeado por el cambio climático. Ya no podrá hibernar y en invierno es probable que no encuentre el alimento suficiente. Y lo mismo ocurrirá con las marmotas”.

Según un estudio publicado en Science, desde el año 1500 han desaparecido 322 especies de vertebrados terrestres. Y entre 1970 y 2016, las poblaciones de especies de vertebrados en el mundo han disminuido una media del 68%, a tenor de los datos recogidos en el Informe Planeta Vivo 2020, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). El científico Stephen Emmott, en su libro Diez mil millones, ponía esta masacre en números: el 41% de los anfibios, el 25% de los mamíferos y el 13% de las aves se hallan en peligro se extinción. A causa de las interacciones entre especies y de los desequilibrios que están sufriendo, “tarde o temprano, el proceso continuará con una reducción de la población humana”, afirma Servigne. “Los efectos de la pérdida de la biodiversidad son mucho más graves de lo que podamos imaginar”.

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COMENTARIOS

  1. LO MAS GRAVE ES LA DESCOMPENSACION.
    Aquí, en España, algo se habrá hecho mal para que en algunas Comunidades el jabalí nos haya invadido, igual que los mosquitos, (a veces no te dan ganas de salir al campo pues tienes que ir con una rama apartándolos continuamente de la cara) y otras especies hayan desaparecido, por ejemplo la zorra, el lobo, el gato montés, las urracas, las tórtolas, los conejos no han desaparecido pero han mermado mucho….
    Mucho tiene que ver en algunas especies los herbicidas y productos químicos que, cada vez más, utilizan en la agricultura. No es raro encontrar pájaros muertos en medio de los cultivos.

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