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Manola Brunet: “No veo a los gobiernos con la intención de hacer lo necesario para frenar el cambio climático”

La geógrafa Manola Brunet, que preside la Comisión de Climatología de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ha dedicado su carrera a observar y comprender qué está pasando con el clima de la Tierra.
Foto: Manola Brunet en una foto cedida por ella.

Desde abril de 2018, una científica natural de Zaragoza y residente en Tarragona preside la Comisión de Climatología de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el organismo de referencia a nivel global para medir y entender el cambio climático. Manola Brunet India (Cariñena, 1955) es doctora en Geografía y ha dedicado su carrera a observar y comprender qué está pasando con el clima de la Tierra.

Además del cargo en la OMM, Brunet India es profesora de Climatología de la Universidad Rovira i Virgili y directora del Centro de Cambio Climático de la universidad catalana. Investiga, enseña, asesora y divulga, pero también se frustra ante la inacción de quienes tienen el poder de cambiar las cosas para poner fin a un problema, el cambio climático, al que ha seguido la pista durante las últimas décadas.

Como presidenta de la Comisión de Climatología, coordina los sistemas de observación, monitoreo y predicción climática en todo el mundo. ¿Qué historia nos cuentan esos datos?

Son la evidencia de que el clima de nuestro planeta está cambiando de forma generalizada. No solo sobre la superficie terrestre, sino también en el mar. Todavía existen algunas lagunas de observación en regiones remotas y en zonas con bajo desarrollo económico, pero desde la Comisión trabajamos para igualar las capacidades tecnológicas y de conocimiento en todo el mundo. Esta tarea es clave para asegurar unas observaciones buenas y completas.

Es decir, como la OMM es una organización de las Naciones Unidas, una de sus actividades centrales es fomentar el desarrollo de las capacidades de los países menos adelantados científicamente. Además, la Comisión de Climatología está muy centrada en asistir en la elaboración de productos y servicios climáticos en todas las agencias meteorológicas de los países miembros. 

Hablando de la necesidad de hacer observaciones completas y fiables, ¿cómo se pone orden en todos los datos que recopila la Organización Meteorológica Mundial?

Las observaciones meteorológicas, enfocadas a la predicción del tiempo, pasan por sistemas de control de calidad antes de ser transmitidas a centros globales de datos y producción de pronósticos. Así evitamos que los valores erróneos pasen a formar parte de la base de datos. Respecto al clima, necesitamos información de series más largas, ya que los mecanismos del clima pueden actuar a escalas muy amplias. 

Si no tenemos esos datos, algunos de estos mecanismos pueden pasar desapercibidos. Sin embargo, no siempre están disponibles. Muchas veces tenemos que acudir a datos de segunda mano, datos recopilados con otros propósitos que no siempre son homogéneos. En ese caso, debemos asegurarnos de eliminar el ruido y de que la información recogida sea puramente climática. Desde hace unos cuantos años, contamos con manuales y herramientas para la gestión de datos climáticos que permiten a todos los países valorar la fiabilidad de su información.

A nivel mediático, se le suele dar mucho bombo a los récords. ¿Qué pasa cuando llega a la OMM un valor que se sale de la norma?

Esto es muy importante. De hecho, en la Comisión tenemos un relator de extremos climáticos. Lo primero es contrastar la medida con el servicio meteorológico que la ha enviado. Si pasa ese filtro, se crea un comité de evaluación para examinar el dato. Este recaba toda la información posible sobre el evento extremo: analiza las condiciones atmosféricas que lo han generado, reúne información de otras estaciones meteorológicas cercanas…

Como resultado, se valida o se rechaza el récord. Por ejemplo, durante 90 años se mantuvo que el récord de temperatura máxima eran los 58 grados Celsius registrados en El Azizia, Libia, en 1922. En 2012, tras volver a analizar las condiciones de la medición, se decidió que el dato extremo no era creíble

En el Centre for Climate Change de la Universidad Rovira i Virgili también trabajáis en la recopilación de datos climáticos poco accesibles. ¿Cómo podemos comparar el presente con un pasado que está incompleto?

Para analizar clima de forma adecuada, necesitamos ventanas temporales largas: 200 años mejor que 100, y 300 mejor que 200. Pero cuanto más atrás nos vamos en el tiempo, menos densa y precisa era la red de observaciones. Esto introduce incertidumbres en los datos, y la cosa se complica más cuando hablamos de observaciones tempranas: mediciones con poca continuidad que se tienen en cuenta, pero a veces no se pueden añadir a los registros oficiales.

Y si vamos más atrás todavía, ¿cómo se reconstruye el paleoclima?

A partir de las señales climáticas que quedan encerradas en testigos indirectos del clima, como los anillos de crecimiento de los árboles o de los corales o el hielo, se reconstruyen las condiciones del clima en el pasado. En función del testigo, podemos tener información precisa de varios centenares hasta varios millones de años que se calibra comparándola con la actual. Así se ha reconstruido la temperatura del globo o la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera a lo largo del tiempo.

Estos análisis nos muestran cuánto ha variado el clima de la Tierra. Hace muchos millones de años, la Antártida estaba cubierta de bosques y libre de hielo. ¿Podríamos vivir los seres humanos en un mundo así?

Hubo muchos mundos en el pasado, algunos muy cálidos y otros glaciares. La gran diferencia del cambio climático actual es su rapidez. Estamos en el Holoceno, un periodo natural de calentamiento que se inició hace unos 21.000 de años. Cada grado de subida media de las temperaturas ha necesitado más de 1.000 años, en el mejor de los casos. Bajo el cambio climático de origen humano, ha necesitado unos 60 años. 

El ser humano puede, probablemente, vivir en un mundo más cálido que el actual. Pero la rapidez del cambio hace que los sistemas naturales y los socioeconómicos encuentren muchas dificultades para adaptarse a las nuevas condiciones. Eso es lo que hace peligroso el cambio climático.

Hace tres millones de años había tanto CO2 en la atmósfera como hay en la actualidad. Hacía mucho más calor y el nivel del mar estaba mucho más alto. ¿Podemos establecer paralelismos entre aquel mundo y el nuestro?

Los paralelismos son complicados. Tenemos poca información sobre el pasado. Conocemos condiciones generales, pero no los detalles. El planeta siempre ha estado sometido a cambios climáticos, pero nunca podemos perder de vista la escala. Los cambios naturales, si no hay algún episodio catastrófico, dan tiempo a las especies para adaptarse. 

Además, también es muy difícil comparar el clima presente con el pasado, porque los cambios que se están produciendo hoy no están en sus estados finales. El sistema climático se ha desestabilizado y avanza hacia un nuevo estado de equilibrio con mayor disponibilidad de calor que altera todos los patrones climáticos. 

Y las consecuencias finales las veremos a muy largo plazo.

Claro. Por ejemplo, casi el 90 % del calor extra derivado de la emisión de gases de efecto invernadero se ha almacenado en las capas intermedias del océano. Si ahora dejásemos por completo de emitir gases y lográsemos estabilizar las concentraciones atmosféricas, el océano empezaría a liberar el calor extra que ha ido almacenando, por lo que el clima seguiría cambiando. 

Al principio hablaba de los servicios climáticos, un término que cada vez se escucha más. ¿Qué son y qué importancia tienen?

Todas las actividades socioeconómicas condicionadas por el clima requieren una información precisa para poder tomar decisiones. Los servicios climáticos buscan dársela. Para mí, la mejor definición de servicio climático nos la dio una vez un agricultor peruano. Dijo que era la información sobre el clima que le servía para decir qué plantar la próxima temporada. Además, los servicios climáticos también están relacionados con los sistemas de alerta temprana para prepararse mejor ante eventos extremos. 

Digamos entonces que permiten tener predicciones climáticas regionales de la misma manera que funcionan hoy las predicciones meteorológicas.

Nos permiten saber cuánto por encima o por debajo de la media va a estar la temperatura o las precipitaciones el mes que viene, la próxima estación o el próximo año. No nos dicen cómo va a ser el tiempo, sino qué condiciones generales podemos esperar. Esto permite, por ejemplo, planificar mejor los cultivos.

Un poco más a largo plazo, ¿qué condiciones nos esperan en la península Ibérica?

¿Para cuándo? [Risas].

Las predicciones estacionales para el próximo invierno señalan unas temperaturas algo más cálidas de lo normal. Pero si nos preguntamos más a largo plazo, tenemos que pensar que el clima de la península Ibérica está en la zona mediterránea, una región de contacto entre los climas templados y los tropicales. Los inviernos suelen ser poco rigurosos y cortos, y los veranos, largos y rigurosos, con episodios de sequía fuerte en muchas zonas. 

Con el cambio climático, el occidente de la cuenca mediterránea está sufriendo tasas de incremento en las temperaturas similares a las del Ártico. En los últimos 40 años, la temperatura promedio ha subido casi medio grado por década. A nivel global, la subida es de 0,2 grados por década. 

Luego, el régimen de precipitaciones, ya de por sí poco uniforme. En el Mediterráneo no sabe llover. Caen precipitaciones de alta intensidad y corta duración con efectos más negativos que positivos seguidos de periodos de sequía más o menos prolongados. Hemos observado que estos patrones parecen estarse extremando. El volumen de lluvia se mantiene, pero llueve menos veces con más intensidad.   

Por concluir, más calor y lluvias más erráticas nos llevan a climas más áridos. Todos los subtipos de clima que hay en la región parecen avanzar hacia la aridificación, con más calor y menos agua disponible. Estamos delante de un clima que está incidiendo de forma negativa en nuestros recursos hídricos, uno de los peores azotes del cambio climático junto a la subida del nivel del mar (que también estamos sufriendo).

Como científica que maneja todos estos datos a diario, ¿cómo gestionas la ansiedad cuando ves que no se actúa con la urgencia necesaria frente al cambio climático?

Me siento muy frustrada con los resultados de la COP26. Mejor estos acuerdos que ninguno, pero no se está incidiendo en la reducción del dióxido de carbono, gran responsable del calentamiento asociado a la actividad humana. Soy bastante optimista, así que tiendo a confiar en que los jóvenes de movimientos como Fridays for Future podrán poner remedio al problema cuando lleguen a puestos de gobierno o de gestión empresarial en el futuro.

En la actualidad, no veo a los gobiernos con la intención de llevar a cabo las acciones necesarias para frenar el cambio climático: eliminar los subsidios a la producción de combustibles fósiles y reducir las emisiones de forma inmediata. Me conformo pensando en que quizá las siguientes generaciones lo hagan mejor, aunque afrontarán condiciones mucho peores que las nuestras. Ya nos los echarán en cara.

Además, creo que las grandes empresas, cuando se den cuenta de que están en riesgo sus ganancias y la sostenibilidad de sus negocios, colaborarán. Quizá soy demasiado inocente, pero es la manera que tengo de gestionar el disgusto y la frustración.

Esta cumbre del clima se produce después de la publicación del informe del IPCC más claro y contundente hasta la fecha. ¿De dónde viene esa falta de ganas de los gobiernos que señala?

En realidad, es más una cuestión de querer y de poder. Los gobiernos están muy presionados por los grandes agentes económicos. A corto plazo, las medidas pueden dañar sus intereses, por lo que los políticos se arriesgan a perder el apoyo de algunos medios de comunicación y perder las elecciones. Los gobiernos no tienen la valentía necesaria para tomar las decisiones que hacen falta. 

Así, terminan por desentenderse de las medidas que podrían dañar los intereses de los grupos de presión y de poder. Prefieren no molestar y pensar que ya se encargará del problema el siguiente gobierno. 

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COMENTARIOS

  1. A Alberto Garzón, ministro de consumo, que se atrevió a hablar del exceso del consumo de carne y su relación con el cambio climático le llovieron palos por todas partes, por la industria cárnica como era de esperar, pero también por políticos, ciudadanía, y el propio presidente del gobierno, Pedro Sánchez, lo desautorizó.
    Y sin embargo le asiste toda la razón.
    ***************************
    7 mitos en los anuncios de carne
    Los anuncios pueden manipular para un consumo perjudicial para el clima.
    https://www.greenpeace.org/denmark/7-myter-i-reklamer-for-koed/?utm_medium=email&utm_source=smc&utm_campaign=dk_pg_agriculture&utm_content=dk_pg_meat-ad-report&utm_term=none_alsu_single

  2. Ni los verás Manola. Son simples sirvientes del sistema capitalista. Ellos están puestos para que den la cara y los amos, en la sombra, los que dirigen y dan órdenes.
    La dictadura del capital es la más sutil y a su vez la más letal de todas las dictaduras: es un gigantesco monstruo global y mata, sin escrúpulo alguno, tanto a la Madre Naturaleza como a sus criaturas.
    A éstas primero las subyuga, ya puedes ver que a todo el mundo le “mola” el capitalismo/consumismo. Es el mismo diablo.
    ____________________________

    Black Friday, la fiesta del consumismo es un desastre social y ambiental.
    …Y es que con el actual ritmo de consumo en Europa, necesitaríamos tres planetas para suplir la demanda actual de todo tipo de artículos. Pero la moda y estas cadenas de fast fashion son solo la punta del iceberg del modelo consumista. No sólo tiene que cambiar la industria de la moda, sino toda la industria del consumo. Gobiernos, empresas y ciudades deben fomentar alternativas como la reutilización, la reparación y la segunda mano.
    … otro problema asociado al consumismo: el deterioro de nuestras ciudades, que lejos de generar espacios de convivencia y encuentro, se están viendo convertidas en meros centros comerciales controlados por las grandes firmas, que acaban asfixiando al comercio local y las pequeñas tiendas de barrio.
    Calendario consumista:
    Rebajas de invierno (7 enero – finales marzo)
    Blue Monday (3º lunes de enero – 17 enero)
    San Valentín (14 febrero)
    Día del Padre (19 marzo)
    Día de la Madre (primer domingo de mayo)
    Prime Day (21-22 junio)
    Rebajas de verano (1 julio – septiembre)
    Vuelta al Cole (1 de septiembre)
    Halloween (31 octubre)
    Singles Day (11 de noviembre)
    Black Friday (4º viernes de noviembre – 27 noviembre)
    Cyber Monday (lunes tras BF – 29 noviembre)
    Navidad (noviembre – 25 diciembre)
    ( Greenpeace – noticias))

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