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España no termina de dar el portazo definitivo al carbón

La pérdida de competencia de mercado, y no la conciencia medioambiental, es la principal causa del declive del carbón en España, argumenta el autor.
Demolición de la central térmica de Richborough, en el Reino Unido. Foto: shirokazan/Flickr (Lic: CC BY 2.0) Foto: demolicion-2

En diciembre de 2019 hay seis días que ya son historia del sistema eléctrico español. Los días 14, 15, 21, 22, 24 y 25 de ese mes, la pérdida de protagonismo del carbón llegó al máximo al no producirse ningún MWh con este combustible fósil. Esto solo ha sido la punta del iceberg. El mismo mes, al calor publicitario de la COP 25 de Madrid, Endesa anunció el cierre para 2022 de sus dos últimas centrales de carbón, que hasta entonces no tenían fecha de caducidad: As Pontes, en Galicia, y Litoral, en Almería. Sin duda, es una buena noticia, pero con ciertos matices, ya que hay que preguntarse por el verdadero motivo que está detrás de estos acontecimientos: ¿compromiso medioambiental o competencia de mercado?

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Pérdida de competencia

Si analizamos los datos tendenciales de los últimos años, la pérdida de competencia del carbón era algo que se podía prever fácilmente, tanto a nivel nacional como europeo. Las causas se encuentran en los costes de generación y el aumento de la potencia instalada de renovables, el incremento del impuesto al CO2 en el mercado de emisiones, la eliminación de subvenciones por parte de las administraciones públicas y el abaratamiento del gas licuado de petróleo (GLP) por su alta oferta a nivel internacional. Por estos motivos 2019 se convirtió en el año verde de la última década, ya que en España se emitieron un total de 49,6 MtCO2, dato récord si se compara con el siguiente año con menos emisiones, 2016, cuando se emitieron 63 MtCO2. El combustible rey de la generación de energía eléctrica desde la primera revolución industrial perdió su corona. Ahora está en manos del gas.

Estructura de generación del mix energético español en el periodo 2015-2019. Imagen: REE

Este descenso de las emisiones viene a ser un reflejo del “sorpasso” del gas al carbón en el mix eléctrico durante el año pasado. La demanda energética anual española, de 264.843 GWh fue cubierta en un 21,9% con ciclo combinado y solo en un 5% por carbón, mientras que en 2018 fue un 10,2% y un 13,5% respectivamente.

Otro punto clave a la hora de valorar dicha reducción es que la emisión específica de un grupo convencional de carbón (sin entrar en detallar entre hulla, lignito y antracita) es aproximadamente de una tonelada de CO2 por MWh, mientras que la de un ciclo combinado de gas es de unas 0,35 tCO2/MWh. Esto confiere al gas otra ventaja, ya que el precio de los derechos de emisiones creció un 75% en un año. En 2018, cada tonelada de CO2 costaba de media 16 euros, aumentando hasta alrededor de los 26 euros en 2019. Si nos ponemos en situación, el coste de generación por el mayor precio de los derechos para una planta de carbón sería de unos siete euros/MWh, mientras que en un ciclo combinado es mucho menor, del orden de 2,5 euros/MWh. Por tanto, el carbón ya no es rentable como lo fue en el pasado.

Sin fronteras

Ahora bien, dado el carácter transfronterizo de las emisiones y de la contaminación atmosférica, mantener limpio nuestro hogar no implica desatender lo que sucede a nuestro alrededor. En 2019 fue la primera vez que España tuvo saldo importador en su interconexión con Marruecos (771 GWh) justo cuando allí se conectó la central térmica de Safi de 1,4 GW de potencia, con un precio de la electricidad más bajo que en el mercado español. El aumento de emisiones y el problema del cambio climático no entienden de fronteras.

Con estos datos en la mano, el ocaso del carbón se debe, absolutamente, a la pérdida de competitividad en el mercado español y europeo. puesto que, en otros países productores como China y Australia, sigue siendo una de las principales fuentes de energía eléctrica. Por tanto, el cambio hacia un modelo energético 100% renovable necesita de un compromiso social y político a nivel global. Sin embargo, lo que no entendemos en España, y que siempre hemos defendido desde la Fundación Renovables, es que el ejecutivo no haya fijado, ni en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) ni en el anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Ecológica, una fecha concreta para el cierre de todas las centrales antes de 2025.

El gobierno abona así su fin a la pérdida de competencia y rentabilidad. A modo de ejemplo, si hubiese un nuevo hallazgo de este recurso en territorio español o disminuyese el impuesto al CO2 a niveles previos, el carbón podría volver a recuperar su rentabilidad y volver a aumentar en el mix de generación. Por este motivo, hemos perdido una maravillosa oportunidad para dar un portazo definitivo al combustible fósil que ha ocupado el trono de la generación eléctrica en España durante el último siglo.

Ismael Morales es biólogo y técnico de comunicación de la Fundación Renovables.

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