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Los fenómenos meteorológicos extremos de 2021

Filomena, olas de calor, lluvias torrenciales e inundaciones, incendios forestales, huracanes en el Mediterráneo... Repasamos algunos de los eventos extremos más destacados de este año y su relación (o no) con el cambio climático.
Un bombero lucha contra un incendio forestal en Grecia el pasado agosto. Foto: REUTERS/Costas Baltas

Este año ha estado repleto de eventos extremos. Muchos son más habituales y potentes como consecuencia del calentamiento global de la atmósfera. En otros casos (como pueden ser los tornados e incluso los huracanes) es más complicado establecer un vínculo sin estudios que lo certifiquen, aunque eso no quiere decir que el cambio climático no influya en ellos.

Estos son solo algunos de los fenómenos meteorológicos extremos que han ocurrido en 2021:

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Estatuas de Don Quijote y Sancho Panza cubiertas de nieve en Alcalá de Henares. Foto: May Robledo / Alfa Images / Reuters

Filomena

El año empezó fuerte. A principios de enero tuvo lugar una nevada histórica en gran parte de la península. Fueron 36 horas de nieve sin parar. Posteriormente, se produjo una ola de frío que duró dos semanas enteras.

Es inequívoco, el cambio climático hace que los eventos extremos se acentúen. Aun así, no se puede decir a ciencia cierta que Filomena haya sido consecuencia del calentamiento de la atmósfera. Para ello haría falta un estudio de atribución, una herramienta científica que ayuda a determinar cómo y cuánto influye el cambio climático en un episodio de estas características.

No obstante, aquí entra en juego la corriente en chorro, es decir, un núcleo de fuertes vientos situados sobre la superficie de la Tierra a lo largo de varios kilómetros que se encarga de transportar viento frío y cálido. Según se comporte esa corriente, se verá condicionada “la meteorología y todo lo que ella implica (inundaciones, sequías, olas de calor, períodos fríos, rendimiento de cultivos, aumento del nivel del mar…)”, nos explicaba la meteoróloga Mar Gómez.

“La teoría más aceptada que relaciona las variaciones de la corriente en chorro y el cambio climático es una en la que el aumento térmico -especialmente en el Ártico en comparación con los trópicos- está haciendo que dicha corriente se desacelere y se vuelva más ondulada. Eso implica que podemos tener incursiones de aire frío más severas en invierno, pero también olas de calor más intensas y prolongadas durante el verano“, aclaraba Mar Gómez.

Este año, un estudio publicado en la revista Nature Geoscience llegó a la conclusión de que la pérdida de hielo marino en el Mar de Barents -territorio dentro del océano Ártico compartido por Noruega y Rusia- suministró potencialmente hasta el 88% de la nieve fresca que cayó sobre el norte de Europa durante febrero y marzo de 2018.

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Un hombre se refresca en Vancouver, Canadá, el 27 de junio de 2021. REUTERS/Jennifer Gauthier

Olas de calor

A finales de junio, Canadá y el noroeste de Estados Unidos sufrieron una ola de calor sin precedentes, con temperaturas nunca antes vistas en muchas partes, incluido un nuevo récord histórico de temperatura de 49,6ºC en el pueblo canadiense de Lytton, muy por encima del anterior récord nacional de 45 ºC. Este hecho, además, contribuyó a un gran incendio forestal que arrasó la pequeña localidad y en el que perdieron la vida muchas personas y animales. Fueron tres días seguidos con valores 5ºC por encima del anterior valor (año 1937).

Este evento dejó patente que aún falta mucho por hacer en materia de adaptación. Por ejemplo, el alcalde de Nueva York pidió a sus habitantes reducir de inmediato su uso de energía -incluso que apaguen el aire acondicionado- ante posibles cortes generalizados en el sistema eléctrico.

Como explica el equipo de meteorología de eltiempo.es, “esta ola de calor estuvo marcada por el término Heat Dome, que hace referencia a una cúpula de calor, con un sistema de circulación cerrado en el que el aire no se renueva por las altas presiones y la temperatura aumenta diariamente por insolación estival”.

Este evento extremo sí tiene relación con el calentamiento del planeta provocado por la acción humana. Un análisis rápido de atribución realizado por 27 especialistas del clima del grupo World Weather Attribution constató que la ola de calor habría sido «virtualmente imposible» sin la influencia del cambio climático. Fue al menos 150 veces más probable.

En España también hubo este año una ola de calor que dejó registros histórico. El 14 de agosto se alcanzaron los 47,4 ºC en Montoro (Córdoba), superando el anterior récord de 2017 de 46,9 ºC. Durante este episodio de altas temperaturas que afectó a todo el país se produjo el incendio forestal de Navalacruz (Ávila) en el que quedaron calcinadas más de 22.000 hectáreas. 

El Medicane Ianos. NASA

Medicanes

En octubre de este año, el Boletín de la Asociación Americana de Meteorología publicó un artículo donde se evidenciaba por primera vez la formación de un huracán de categoría 2 (bautizado como Ianos) en el Mediterráneo, ocurrido en septiembre de 2020. Este tipo de eventos recibe el nombre de Medicanes.

El doctor en Física y meteorólogo Juan Jesús González Alemán explicaba en este artículo que “los medicanes, en realidad, surgen de las típicas borrascas de invierno a las que estamos acostumbrados. Lo que sucede es que hay algunas que cuando llegan o se forman en el Mediterráneo empiezan a adquirir ciertas características tropicales“. Es decir, “comienzan a parecerse a los clásicos ciclones tropicales que se forman en las regiones tropicales del planeta, aunque con una menor intensidad, duración y tamaño”. Eso sí: “A pesar de que se le denominen medicanes, en realidad no suelen adquirir intensidad ni estructura real de huracán“, detallaba.

Sobre su relación con el calentamiento global, este físico explica que “diversos estudios han establecido un vínculo entre el cambio climático y el aumento de la intensidad y la robustez en la estructura tropical de estos fenómenosUno de los más recientes y completos concluye que los medicanes disminuirán en frecuencia, pero su actividad se vuelve potencialmente más dañina hacia la segunda mitad de siglo”.

Una vez más, los estudios de atribución son claves para determinar con mayor certeza el papel que juega el cambio climático en eventos extremos como este.

IPCC
Una calle inundada tras las recientes fuertes lluvias en Erftstadt, Alemania. REUTERS/Thilo Schmuelgen

Precipitaciones extremas

Este verano, Alemania y Bélgica se vieron afectadas por fuertes tormentas que dejaron grandes acumulados de lluvia. Esto provocó la crecida de los ríos e inundaciones, con más de 200 víctimas mortales, miles de personas afectadas y multitud de destrozos. Alemania se llevó la peor parte con los desbordamientos en la cuenca del río Rin.

Y sí: estas precipitaciones extremas están directamente relacionadas con el cambio climático. Así lo constató un estudio de atribución del World Weather Attribution. Según sus datos, las emisiones de gases de efecto invernadero expulsados a la atmósfera han hecho incrementar entre 1,2 y 9 veces la probabilidad de que se produzca un evento como este.

También en julio, el centro de China sufrió unas inundaciones que dejaron más de 300 personas fallecidas. En la capital de Henan, detallan desde eltiempo.es, se recogieron en un día 617 mm de lluvia, que es lo que normalmente caería a lo largo de todo un año. Las fuertes lluvias y los desbordamientos de los ríos afectaron a más de un millón de personas.

En España, las recientes inundaciones con la crecida del río Ebro -“causadas por las fuertes nevadas de diciembre en la cabecera del río y sus afluentes y el rápido deshielo al subir las temperaturas posteriormente”, según eltiempo.es– ha sido un “episodio sin precedentes en los últimos 50 años”. Y no hay que olvidar la DANA de septiembre, que afectó al centro peninsular, dando lugar a tormentas y lluvias torrenciales que desembocaron en grandes inundaciones en la ciudad de Toledo.

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Los bomberos luchan contra un incendio forestal en una zona boscosa al norte de Atenas acercándose a una gasolinera de Shell. Angelos Tzortzinis/dpa

Incendios forestales

Grecia, Turquía, Italia, Túnez, Albania, California, Ávila, Málaga, La Palma, Siberia, Argelia… 2021 ha sido un año repleto de grandes incendios forestales en todo el planeta. Aunque en algunos sitios es más habitual que, sobre todo en verano, se produzcan este tipo de eventos, lo que no es normal es la virulencia y periodicidad con la que se suceden en los últimos años.

En California, los incendios tienen incluso nombre propio, como sucede con las borrascas y los huracanes. Solo entre los incendios Dixie, Monument y Caldor sumaron casi 1,5 millones de hectáreas quemadas. Algunos han llegado a permanecer activos entre dos y tres meses.

Con los incendios forestales se produce un efecto conocido como ciclo de retroalimentación: el calentamiento de la atmósfera contribuye a que los incendios sean más habituales y peligrosos. A su vez, las llamas emiten grandes cantidades de CO2, lo que contribuye al cambio climático. Durante este año, los incendios han supuesto la emisión de 1.760 megatoneladas de carbono a la atmósfera, según el Servicio de Monitoreo de la Atmósfera de Copernicus.

“Con los incendios actuales estamos entrando en una nueva realidad. Son incendios que pueden arder durante semanas o meses y que solo se apagan cuando llueve”, avisaba en un artículo el experto Víctor Resco de Dios. Este 2021, España ha sido el tercer país de Europa con más hectáreas quemadas por incendios forestales, solo por detrás de Italia y Grecia.

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COMENTARIOS

  1. No parece importar el descenso energético ni el caos climático. El lema parece ser «consume hasta morir».
    Excesos en comidas y bebidas, hasta esos montones de regalos con costosos envoltorios con los que compiten familiares y amigos, y que tanto estrés emocional provocan en los principales destinatarios: una infancia aplastada por montañas de cajas y papeles. Y no en una, sino en dos fechas: Nochebuena y Reyes.
    Junto al exceso hiperconsumista en tiendas, supermercados y centros comerciales, está el derroche energético de desplazamientos por viajes a lugares inverosímiles, y el de esas terrazas sobreiluminadas y con estufas en plena emergencia climática.
    El exceso es también institucional, con cientos de ciudades compitiendo a ver quién tiene más luces y quién gasta más en ellas. Antes era la excepción del alcalde de Vigo, ahora decenas de ciudades de nuestro país compiten emulándolo, sin tener en cuenta lo que supone la contaminación lumínica y sus efectos sobre la salud de animales, plantas y seres humanos.
    Nadie pone en duda que todo el mundo necesita el encuentro, familiar o con amistades, el intercambio de presentes y regalos, y la fiesta. Lo que ocurre es que todas estas experiencias necesarias para el buen vivir se las ha apropiado el mercado con el marketing y la publicidad. Han conseguido que la vara de medir en esto y en todo sea el dinero, la ostentación y el derroche.
    El consumo supone –de manera directa o indirecta– más del 60 % de las emisiones de gases de efecto invernadero y un 80 % del consumo de agua y tierra a nivel global.
    https://www.ecologistasenaccion.org/186512/15-ideas-para-ensayar-la-austeridad-gozosa-al-comienzo-del-descenso-energetico/

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