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La Calòrica: «No tendremos un futuro mejor si no luchamos por imaginárnoslo»

A la compañía de teatro independiente La Calòrica se le llenó de heces el local de ensayo y aprovecharon la ocasión para escribir 'De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda', una obra que establece una metáfora con la emergencia climática.
Foto: Ivan Giménez
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Si te explota el váter de casa, puedes escandalizarte y no hacer nada, pero también te lo puedes tomar con humor. A la compañía de teatro independiente La Calòrica se le llenó de heces el local de ensayo y aprovecharon la ocasión para escribir una obra que estableciera una metáfora con la emergencia climática. De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda hace un año y medio que gira por los teatros catalanes para poner en evidencia la poca capacidad que tenemos para sacrificar los intereses personales y encontrarle soluciones a una crisis que está cambiando el presente a marchas forzadas. Esta Navidad, del 21 de diciembre al 8 de enero, pasarán con este espectáculo por el Teatre Borràs. Como acto de clausura de la Escola de Tardor 2022 de CRÍTIC, que ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, hemos quedado con los actores y las actrices de la compañía para hablar, de una vez por todas, sobre cómo encarar esta mierda desde el ámbito de la cultura.

Vuestra última obra, De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda, hace más de un año que trata de la emergencia climática por los teatros de los Países Catalanes. Parece que habéis acertado. ¿Cómo surge que este sea el tema central?

Esther López: La crisis climática iba saliendo en todos los espectáculos que íbamos haciendo, nos atravesaba. Cuando nos pusimos a pensar en un nuevo espectáculo, quisimos hablar solo de este tema, para que fuera central y para poder abordarlo con profundidad. Todo esto surge a partir de un problema que tenemos al local de ensayo y de donde sacamos una metáfora para explicar el cambio climático.

¿Es una obra basada en hechos reales?

Júlia Truyol: Sí. El váter se atascó y empezó a inundarse de mierda todo el local. A raíz de una reunión de vecinos de la escalera, nos dimos cuenta de las pocas ganas de sacrificar privilegios que todos tenemos, también respecto a la crisis climática. Cuando decidimos abordar este tema en la nueva obra, vimos que el atasco del váter nos era perfecto para explicarlo.

Marc Rius: Sobre todo porque es un problema estructural que afecta a toda comunidad. Aun así, los otros vecinos tienen problemas que les importan más y que anteponen. Para los otros, que un local se llena de mierda es solo un problema que afecta a los del bajo; piensan que el edificio no se d errumbará y que antes es más importante solucionar el tema del ascensor o de los carteles que ponemos en el buzón.

Xavi Francés: Esta es la parte de autoficción del espectáculo, basada en hechos reales; pero, como que era un tema muy amplio, añadimos una trama con la actriz Mònica López, en la que se explica que en Barcelona se está llevando a cabo un congreso de negacionistas del cambio climático. Mezclamos las dos tramas.

Foto: Iván Giménez

“Utilizamos el humor porque es una herramienta muy eficaz para llegar al público”

La manera en que lo interpretáis todo determina el mensaje que el público se llevará en casa después de la función. ¿Desde qué tono escribisteis la obra?

Aitor Galisteo-Rocher: Como no tenemos respuestas, la mejor forma es plantear un tema. Normalmente, cuando ponemos un conflicto sobre la mesa, es porque creemos que la sociedad tiene que hablar y discutir sobre ello, pero no sabemos ni nos gusta ponernos serios. Nosotros utilizamos el humor, que es una herramienta muy eficaz para llegar al público. Lo que pasó en nuestro local realmente fue dramático; cuando explotó nuestro váter, teníamos dos opciones: ir llorando por los rincones o tomárnoslo con humor.

El humor está muy presente también en el capítulo “Snegovik”, que grabasteis para el programa Incidents, de TV3, y que muestra una crisis de gobierno vinculada a la falta de suministro de gas natural durante las fiestas de Navidad. ¿Lo del “teatro climático” en clave humorística se ha convertido en vuestra especialidad?

Esther López: Aunque no hablemos de ello, es una problemática que existe y siempre estará como trasfondo. Si la crisis climática llega a desaparecer de nuestras vidas, también lo hará de nuestros espectáculos y surgirán otros temas que sean urgentes. No nos ceñiremos solo a este tema porque hay otras realidades a las que también hay que poner el foco.

Foto: Iván Giménez

Sin embargo, de momento hay que continuar hablando sobre ello. ¿Creéis que la ciudadanía sigue posponiendo encontrar soluciones a la crisis climática o notáis más conciencia entre vuestro público?

Júlia Truyol: En la entrada del teatro vemos debate, y esto nos hace pensar que el trabajo que hacemos no está tan mal, si la postfunción genera discusión. Pero pienso que todos estamos viviendo en una especie de nebulosa en que nos creemos la emergencia climática pero no del todo: la intuimos, pero no sacrificamos ciertas cosas. Hacen falta acciones drásticas y urgentes.

Esther López: Muchas veces vivimos en nuestra burbuja ideológica; a nuestro alrededor todo el mundo está preocupado por ello, pero hay mucha gente a quien le es completamente indiferente y ni se lo plantea. La semana pasada fuimos a un instituto de Mallorca muy pijo, de aquellos que hablan en inglés, y una alumna comentó que todo su entorno le decía que la crisis climática era mentira.

Aitor Galisteo-Rocher: El negacionismo da un poco de angustia porque hay mucho “negacionismo del no puede ser”: lo niego porque, si lo acepto, el abismo es demasiado grande. Que el sistema nos haya engañado signficaría un cambio de vida drástico y entender nuestro fracaso como sociedad. Es negacionismo desde el miedo.

Foto: Iván Giménez

“El apoyo mutuo es una manera de luchar contra el monstruo del capitalismo y de la emergencia climática”

Vosotros hacéis relato sobre este tema en vuestro sector, el del teatro. ¿Se está creando suficiente cultura alrededor de la crisis climática y de lo que está por venir?

Júlia Truyol: Nunca es suficiente. En un coloquio veíamos que ahora la crisis climática está mucho más presente en los medios, también en las calles con las movilizaciones de Fridays for Future. La encontramos en algunos estadios sociales, pero no sé si en las conversaciones de bar. No será suficiente hasta que no sea un tema que realmente active. No sé si es una utopía en una sociedad en la que estamos tan cansadas y hacemos lo que podamos. Aun así, hay que decir que hay temas como la emergencia climática o el feminismo en los que la cultura sí que está empezando a hacer hincapié.

Marc Rius: Es importante que este relato no quede solo en ciertos espacios concretos de exhibición cultural, sino que pase a teatros de gran formato y público. Cuando se generan debates fuera del escenario, ya es una pequeña victoria: sentimos que vale un poco la pena el que estamos haciendo. Nosotros no damos respuestas porque no las podemos dar, pero queremos que este debate entre a los bares y en las vidas de la gente.

¿Qué propuestas planteáis desde La Calòrica para salvar el planeta?

Aitor Galisteo-Rocher: No hay ninguna propuesta. Vamos como los caballos: desgraciadamente solo nos fijamos en lo que pasará de inmediato. Les estamos dejando muchos problemas a las generaciones que vivirán de aquí a cien años, y me parece una absoluta irresponsabilidad.

Xavi Francés: Una solución puede ser organizarse. En los últimos años, el capitalismo nos ha hecho pensar y actuar de manera individual. Todo el mundo tiene wifi en su casa, pero ¿por qué no lo compartimos entre todos los vecinos? Nos hemos empeñado en que todo el mundo tenga lo que es suyo. El apoyo mutuo y el compartir serían maneras de luchar contra el monstruo del capitalismo y de la emergencia climática.

Esther López: El capitalismo te hace creer que estás mejor así como estás ahora que cómo estarás en un futuro caótico: me quedo aquí, que al menos no me quitarán nada. Tenemos que dar voz a los jóvenes y a la gente que tiene la capacidad de imaginar, que es lo que nos hace falta. Si no luchamos por imaginar, no tendremos un futuro mejor.

Esta entrevista se publicó originalmente en CRÍTIC. Puedes leerla aquí.

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COMENTARIOS

  1. VEGANISMO Y SOLSTICIO DE INVIERNO, Coral Bravo – El Plural.
    En las fiestas que muchos llaman de paz y amor, se acrecienta enormemente un holocausto escondido (…) Solo en España se matan en mataderos más de 1.000 millones de animales al año.
    Dice Paul McCartney que si los mataderos tuvieran las paredes de cristal todo el mundo sería vegetariano. Él es vegetariano desde 1975.
    El filósofo Schopenhauer (1788-1860) decía que el hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales. Ni me imagino lo que diría a día de hoy, cuando viera las vidas terribles y agónicas que les hacemos vivir en las macrogranjas de las industrias lechera y cárnica, además de muchos negocios canallas de trata y comercio de todo tipo de especies.
    Hace unos días vi, bueno, no pude apenas ver, un documental mexicano, “Matadero: lo que la industria cárnica esconde”, que, documentado en una investigación que se llevó a cabo tomando imágenes de manera clandestina, pretende hacer visible, en palabras de su autor, Aitor Garmendia, la explotación, el horror y la violencia que padecen los animales en mataderos, mantenida oculta de forma deliberada por la industria cárnica.
    Ese horror que padecen millones de animales mamíferos y con sistema nervioso central, es decir, cuyo organismo y cuyo cerebro sienten exactamente lo mismo que cualquier humano, se multiplica por mucho en estas fiestas navideñas. Paradójicamente, en las fiestas que muchos llaman de paz y amor, se acrecienta enormemente un holocausto escondido, tapado por la inconsciencia de muchos, sobre todo por los intereses de las grandes empresas del sector; un holocausto de sadismo y crueldad que es de un espanto inimaginable. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que recoge la asociación Igualdad Animal, sólo en España se matan en mataderos más de 1.000 millones de animales al año. En las fiestas navideñas esta matanza se incrementa más de un 30% respecto del resto del año. Además, se compran, venden, regalan miles de cahorros de perros y gatos, como si fueran mercancía barata y no seres sintientes. De estos, más del 40% serán abandonados en primavera, en carreteras, calles y pueblos; en 2021 en España se abandonaron cerca de 300.000 animales.
    Una inmoralidad terrible que ni mencionan los que se embolsan anualmente también muchos millones de euros por, supuestamente, ocuparse de la moral. El cristianismo, desde sus propios inicios, ha excluido a los animales de cualquier consideración moral a partir de su repulsivo antropocentrismo que da por hecho que los animales humanos son el centro de una creación que no existe, porque todos venimos de una evolución que harta está la ciencia de mostrarlo y demostrarlo. Ese antropocentrismo canalla que, como decía Shopenhauer, deja la puerta abierta al comercio y al matrato indiscriminado de los animales no humanos (“un regalo de dios para uso, abuso y disfrute del hombre”). Lo cual, como expone Milan Kundera en La insoportable levedad del ser, fue y es la gran hecatombe de la humanidad, de la que provienen, en lo profundo, todas las demás hecatombes, porque del narcisismo de considerar a otros seres como inferiores proviene todo lo malo que le ocurre al mundo.
    Y ahí seguimos, peor que nunca, inmersos en un ultra capitalismo exacerbado que va a provocar la destrucción de la vida natural y el exterminio de todas las especies, y no sólo las que ya están en peligro de extinción. Por otro lado, apenas existe ya la ganadería extensiva, mucho más solidaria, a favor de la intensiva y las macrogranjas, verdaderos campos de concentración donde se hacinan millones de criaturas en un sufrimiento inhumano y constante.
    En estas fechas yo, como otra mucha gente (cada vez más, afortunadamente) procuro huir de la despiadada orgía consumista y me preocupo de no poner en mi mesa nada que provenga del sufrimiento ni la muerte de ninguna vida; e intento escapar de la falsedad de estas fiestas en las que hablan de amor y paz los mismos que promueven el resto del año exclusión, intolerancia y odio; y retrocedo muchos siglos en la historia, y celebro, en mi fuero interno, aquellas fiestas naturales y maravillosas (que los cristianos llamaban paganas antes de plagiarlas y destruirlas).
    Aquellas fiestas de Yule de los celtas y los bretones, que celebraban el final del ciclo de la oscuridad otoñal y el renacimiento de la luz solar en orden cíclico y natural de la vida; o aquellas fiestas mesopotámicas, en honor al dios Ra, o las romanas del Sol Invictus y Saturnalias, que homenajeaban al Sol y a su perpetuidad. Fiestas ancestrales que también son nuestra tradición; basadas en una espiritualidad acorde con el respeto a la naturaleza, a sus ciclos y a todos los seres que la habitan.
    Muy Feliz Solsticio de Invierno a amigos, lectores, personas buenas, personas conscientes y de buena voluntad.

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