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María García de la Fuente, presidenta de APIA: «Si vamos a pedir a la gente que cambie sus costumbres, que sea por un bien»

La responsable de la Asociación de Periodistas de la Información Ambiental (APIA) reflexiona sobre los retos de la profesión en un contexto de crisis climática. La sobreinformación y la negatividad del discurso son algunas de las barreras para la especialista.
Foto: Cedida por la entrevistada.
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La crisis climática es una realidad palpable e incuestionable que abraza otras muchas crisis, como la de energía, la de agua o la de alimentos. Los países tendrán que habituarse a este nuevo contexto. Pero, para ello, la ciudadanía primero debe captar el problema en toda su extensión. Es ahí donde entra en juego la capacidad de los periodistas, encargados de traducir y comunicar aquellos conceptos que a simple vista no se entienden o no brillan por sí mismos.

No obstante, María García de la Fuente, presidenta de la Asociación de Periodistas de la Información Ambiental (APIA), cree que nos encontramos en un muy buen momento, en el que los temas de medio ambiente tienen cada vez más interés entre la población. También recalca que no hay medio de prestigio que no tenga una sección de calidad dedicada a temas ambientales.

García de la Fuente se licenció en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y en Historia por la UNED. Ejerce el periodismo ambiental desde hace 24 años, cuando empezó en la agencia de noticias Europa Press. Tras ocho años allí, pasó a formar parte del equipo fundacional del diario Público, en la sección de Ciencias. También ha trabajado en el Gabinete de prensa del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.

Hablamos con ella unos días antes de que se celebre en Madrid el XV Congreso de Periodismo Ambiental, organizado por APIA, sobre los retos de la profesión para lograr explicar una crisis tan compleja.

Usted que tiene tanta experiencia, ¿cree que el público en general está desapegado de la realidad climática?

Ese desapego del que hablas puede ser porque no hemos conseguido vincular nuestras acciones con la gravedad del cambio climático. Sabemos que es por causas humanas, pero combinar nuestras acciones cotidianas con el clima y, además, con el clima global, es complicado.

Sin embargo, creo que, poco a poco, la comunicación ambiental ha ido calando. Por ejemplo, nos hemos dado cuenta que en las ciudades se respira un aire de muy mala calidad y las evidencias científicas nos recuerdan mes a mes datos récord de temperaturas extremas, por frío y por calor.

El problema fue que pusimos el foco muy lejos, en la Antártida, en los osos polares. Es cierto que allí el problema es muy evidente, pero eso hace que, aunque la gente muestre cierta empatía con un oso porque es un animal muy entrañable, sienta que eso no afecta a su vida cotidiana. Así, hemos seguido el mismo rumbo sin cambiar las acciones y la bofetada nos la hemos llevado cuando hemos sufrido olas de calor y no se iban.

«Ahora los temas ambientales son los que más interesan a los ciudadanos»

¿Ha habido algún momento crítico, en el que hayamos sentido esa bofetada?

Uno fue el movimiento estudiantil, que nos tiró de las orejas. Cuando hablábamos del cambio climático hace 30 años nos costaba comunicarlo porque no se veía de una forma tan directa. Pero el tiempo y el espacio nos ha alcanzado; el tiempo porque se han acortado los plazos, y ya no hablamos de nuestros hijos y nietos sino de nuestra vida de hoy, y el espacio porque hablamos de nuestra casa.

Lo que sí nos hace falta es cambiar el marco de comunicación y hacerlo más agradable. Es decir, si vamos a pedir a la gente que cambie sus costumbres, que sea por un bien. Nadie quiere cambiar para perder. Vamos a intentar transmitir que, si vamos a pedir a la población que deje el coche en casa, no es que se le esté prohibiendo usar el coche, si no que eso va a ayudar a respirar mejor aire en las ciudades. Tenemos que dar claves que se puedan hacer y medir y que sirvan para que cada uno se sienta involucrado y pueda decir que lo que está haciendo está mejorando su vida.

Acaba de empezar su segundo mandato como presidenta de la Asociación de Periodistas para la Información Ambiental (APIA). Cuéntenos un poco sobre ella.

APIA es una asociación que surgió hace 30 años con unos pioneros. Cada uno estaba en un medio y llevaban su bandera porque creían que la ambiental era una información muy importante. Poco a poco, han conseguido secciones fijas sobre cambio climático, meterse en prime time, que abramos portadas e informativos, y tengamos programas especializados de muy buena calidad.

Durante estas tres décadas, hemos tenido muy buenos momentos, aunque luego tuvimos la crisis de los medios en la que se buscaban periodistas que valieran para todo y muchos especializados fueron a la calle. Creo que, entonces, la información perdió calidad. Pero ahora estamos en buen momento porque no hay medio de prestigio que no tenga su periodista ambiental y su sección. Además, hay medios nativos digitales que apuestan por el medio ambiente. 

Ahora los temas ambientales son los que más interesan a los ciudadanos. Desde que nos levantamos por la mañana tomamos decisiones ambientales: sobre el consumo del agua, de la energía, de la alimentación, de la ropa… Todo tiene que ver con el medio ambiente. Muchas decisiones de esas son relevantes al final del día. 

¿Y qué hace APIA, exactamente?

Por una parte, imparte formación para que los socios se especialicen y puedan escribir de los diferentes campos que tiene medio ambiente, porque no es lo mismo escribir de agua, que de energía o de biodiversidad.

Por otra parte, intentamos ser un grupo de presión profesional en el buen sentido. Somos un colectivo bastante potente, con 200 miembros en toda España, y con ellos conseguimos que nos abran la puerta a muchos sitios para hacer visitas formativas y organizar congresos y seminarios.

La semana que viene tenemos el XV Congreso de Periodismo Ambiental, que se llevará a cabo los días 21 y 22 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Es de entrada gratuita. Lo vamos a dedicar a uno de los temas que más nos preocupa actualmente: el agua y cómo comunicarlo. Lo hemos abordado desde diferentes ángulos, como el de la transición energética, el desarrollo litoral, el conflicto del agua entre cuencas y la alimentación. También queríamos abordar el tema de la inteligencia artificial, que nos afecta a los periodistas especialmente, pero que es una buena herramienta si se sabe utilizar bien.

«Los compañeros periodistas salen de la facultad sin conocer el periodismo ambiental como especialización»

Es interesante que mencione la inteligencia artificial. La información ambiental depende de las distintas velocidades de varias fuentes: la de la comunicación científica y sus papers, la de los periódicos, la de las redes… Sin embargo, la inteligencia artificial va mucho más rápida.

Los periodistas primero tenemos que informarnos y formarnos, tener esos conocimientos para poder transmitirlos, y muchas veces la inmediatez choca con nuestro objetivo. A nosotros nos gusta mucho más el análisis que los sucesos. Y para ello necesitamos una buena formación y una buena agenda de fuentes. 

Puede ser que haya una saturación por sobreinformación. Eso puede llevar a una desmovilización, que nos abrume con tantas cifras y datos. Pero creo que, entre tanta información, el usuario sabe elegir dónde encontrar la necesaria. Las redes sociales pueden ser un escaparate, pero tenemos ciudadanos bien informados que siguen la información ambiental. 

¿Qué barreras le ve a la comunicación ambiental?

Pues que a cada público hay que darle lo que necesita. No es lo mismo dirigirse a un público infantil que a un público especializado. Hay que darles acciones que pueda hacer cada uno en un momento dado e historias con las que se sientan identificados. Acercarnos y hacer ese periodismo de proximidad que muchas veces los periódicos locales llevan a cabo. Es dar las claves y poner cara a los buenos ejemplos a nuestro alrededor. Estamos pasando a un periodismo positivo. 

¿Y cree que la juventud sale de la universidad preparada para hacer ese tipo de periodismo?

Nos preparan para el periodismo, pero no para el periodismo ambiental. Desgraciadamente, muy pocas facultades tienen la asignatura de información ambiental. Muchas la tienen como asignatura optativa. Los compañeros salen de la facultad sin conocer esta especialización, que además tiene mucho futuro, no solo en los medios, sino en los gabinetes de prensa, que es otro ámbito profesional muy interesante.

Las universidades deberían apostar por esto. De hecho, con todo el movimiento estudiantil de Fridays for Future y la influencia de Greta Thunberg, es una buena oportunidad para que cuando lleguen a la universidad tengan esta opción. Porque, hablando claro, es un nicho.

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