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Música y ecologismo en El Bosque Sonoro

Arranca el festival de Mozota (Zaragoza), una iniciativa local, con vocación verde, que contará con las actuaciones de La Habitación Roja, Novedades Carminha e Iván Ferreiro, entre otros.
Imagen de la pasada edición de El Bosque Sonoro, en Mozota (Zaragoza). Foto: EL BOSQUE SONORO

“En los pueblos pequeños pueden ocurrir cosas enormes”. Así lo creen los organizadores de El Bosque Sonoro. A partir de hoy y hasta el próximo domingo 4 de julio, la pequeña localidad de Mozota (Zaragoza) alberga un evento singular. Con una población de 60 personas durante el año, el pueblo, ejemplo perfecto de eso que se ha dado en llamar “España vaciada“, será el escenario de un festival que, por cartel, tiene poco que envidiar a otros grandes eventos musicales de nuestro país.

La iniciativa surgió el año pasado, en plena pandemia, con el objetivo de preservar el entorno, evitar la despoblación y apoyar la cultura. Fue idea de tres vecinos del municipio: Celestino Meles, Cristina Borrás y Olmo Peña. Ellos fueron los primeros en apostar por la cultura segura en plena pandemia. Escribieron a las direcciones adecuadas, llamaron a los teléfonos precisos, y lo consiguieron. Acudieron a tocar allí León Benavente, Coque Malla o Mujeres. Mozota, el pueblo vaciado, se llenó entonces con 3.000 personas. El cartel de este año lo componen La Habitación Roja, Novedades Carminha, Viva Suecia, Iván Ferreiro, Iseo & Dodosound y Niños Mutantes, entre otros. Bandas e intérpretes habituales de los grandes festivales, como el Primavera Sound o el FIB de Benicàssim.

El certamen contribuye, en cierta medida, a paliar los efectos de la despoblación en la zona. Pero no se trata sólo de atraer gente puntualmente. El Bosque Sonoro nació, también, con una vocación ecológica. Primero, para mostrar la riqueza natural del entorno (las actividades se concentran en el claro de un bosque, a orillas del río Huerva). Y, a partir de ahí, para conservar este ecosistema.

León Benavente en El Bosque Sonoro
Actuación de León Benavente en la edición de 2020 de El Bosque Sonoro.

Una entrada, un árbol

En esta edición, con la compra de cada entrada se plantará un árbol a través de la plataforma Tree Nation. En 2020 consiguieron plantar 220 en un terreno degradado y cercano a la desertificación. El objetivo este año es llegar a las 5.000 semillas.

Como es sabido, los árboles son sumideros de CO2. Plantarlos es un escudo. Obviamente, plantar árboles no es suficiente para frenar el cambio climático, pero son una pieza decisiva en la transición energética. Hasta que se logre llegar a las cero emisiones, los árboles son fundamentales para compensar los gases que se seguirán emitiendo durante ese tiempo. Además, el planeta sufre una severa deforestación. Ya hemos cortado el 40% de los árboles del planeta. También hemos perdido el 20% de la selva amazónica, el pulmón del planeta, debido a las explotaciones ganaderas y el cultivo de soja. Así pues, cualquier árbol es bienvenido. Y salvar un árbol, el que sea, en un momento de ofensiva política contra ellos (los ayuntamientos de Vigo y Almería, manifiestamente arboricidas, son buenos ejemplos), todavía lo es más.

Los organizadores de El Bosque Sonoro, sensibles a la causa medioambiental, trabajan por perturbar lo menos posible el entorno. Y por recuperarlo, claro. “Queremos tender a los cero residuos. Compensamos lo que contaminamos con la reforestación”, contaba uno de ellos, Celestino Meles, al Heraldo de Aragón. El festival se ha adherido a la iniciativa Archipiélago de Bosques, de la Fundación Ecodes, cuya meta es plantar 3 millones de árboles en España.

Bosque Sonoro
El sendero que bordea el río Huerva y que conduce al escenario del festival.

El festival tiene también su vertiente gastronómica. Los productos que se consuman serán todos de cultivo y elaboración artesanal, españoles y portugueses, y se servirán en recipientes reutilizables y con cubiertos biodegradables. Además, más de la mitad de la programación se realiza de día para aprovechar la luz natural y evitar consumo de energía.

Entre las medidas de seguridad para impedir el contagio de la COVID-19 destaca su parcelación en “nidos”. Estos son espacios de unos 2 metros cuadrados delimitados con catenarias rurales hechas con soga de esparto y estacas. Las maderas utilizadas provienen del reciclado de palés. Los y las asistentes (que pueden congregarse en grupos de cuatro, cinco o seis personas) son servidos allí mismo. Las consumiciones se piden y se pagan a través de una app, con lo que se restringen los movimientos dentro del recinto.

Todo está muy medido y muy pensado en El Bosque Sonoro, un festival que nació por la tozudez y el arrojo de tres vecinos y que no ha contado con ningún apoyo institucional (más allá de las licencias otorgadas por el propio municipio). Celestino, Cristina, Olmo y un puñado de voluntarios mozotinos lo hicieron todo, desde la elaboración del cartel al montaje del escenario, pasando por desbrozar el terreno y clavar las estacas de los nidos. Hoy ya están en el mapa y se ha corrido la voz. “Los artistas perciben que el nuestro es un proyecto diferente al del resto de festivales. Cuando les explicamos lo que hacemos y cómo lo hacemos, mueven cielo y tierra para estar presentes y para ponernos las cosas muy fáciles. Se les nota la ilusión por venir porque el ambiente que se crea es fantástico”, aseguran los organizadores.

Programación

  • 1 de julio: Novedades Carminha y Mediapunta (22.00 horas).
  • 2 de julio: Viva Suecia (22.00 horas).
  • 3 de julio: La Habitación Roja y Niños Mutantes (13.00 horas). Iseo & Dodosound e Irregular Roots (22.00 horas).
  • 4 de julio: La Pegatina con Samba da Praça (13.00 horas). Iván Ferreiro (22.00 horas).

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