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Nuestra placa de Petri

Cada viernes, publicaremos una entrega de 'Nuestra placa de Petri', una serie de diálogos entre la escritora Sara Mesa y el biólogo Ricardo Reques.
'Twilight, 2016', instalación de la artista estadounidense Suzanne Anker en torno a las placas de Petri. Foto: Raúl Valverde / onwhitewall.com
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Este primer texto, escrito por Sara Mesa, sirve como introducción a las conversaciones. Todos los escritos se irán recopilando aquí.

Estos textos surgen de un experimento, de una propuesta que me hizo el escritor y biólogo Ricardo Reques, especializado en ecología de anfibios.

Ricardo me preguntó un día: ¿qué tal si escribimos algo juntos sobre la problemática ambiental, los fenómenos globales y el cambio climático?

Yo dije: ¿por qué no?

Y empezamos a conversar por escrito.

En realidad, no ocurrió exactamente así. Ricardo me escribió, allá por noviembre de 2019, un largo y muy razonado correo electrónico en el que detallaba su idea y explicaba por qué había pensado en mí como compañera de proyecto. Yo, a pesar de ciertos reparos iniciales, me sentí atraída por la flexibilidad de la propuesta y la ausencia total de compromiso. Conversaríamos sobre temas que nos interesan a ambos —temas, por exponerlo de forma muy general, relacionados con la naturaleza y la literatura— y descubriríamos dónde nos llevaba nuestra conversación. Podía ocurrir que, tras un par de intercambios epistolares, hubiésemos dicho todo lo que teníamos que decir, que se nos agotaran las ideas o que, por el contrario, la conversación impulsara el debate sobre nuevos temas. Sea como fuere, no teníamos por qué llegar a ningún fin concreto, no se trataba de una carrera hacia una meta. No había plazos, no había líneas rojas, no había tampoco un esquema definido al que atenerse. La conversación debía fluir libremente, sin presiones.

Todo sonaba bien, aunque en mí seguían rondando algunas dudas: ¿por qué yo? No tengo formación en ciencias ni en asuntos medioambientales, por mucho interés que me suscite el mundo natural lo que yo pueda opinar al respecto no deja de ser una opinión más. La legitimidad del discurso —cuestión a la que finalmente también dedicaríamos su espacio—, en un tiempo caracterizado por la democratización indiscriminada de la opinión, es un problema al que últimamente doy muchas vueltas. ¿Quién puede hablar de qué y por qué? ¿Desde qué lugar y bajo qué premisas?

Sin embargo, comprendí que la propuesta de Ricardo era también muy flexible en este aspecto, dado que el objetivo no era que yo ofreciese un contenido científico —de eso se encargaría él— sino una visión periférica, más allá del límite de la ciencia, en el resbaladizo territorio de la crítica literaria y el de mi propia perspectiva de escritora. Mi lugar no era entonces el de la certeza, sino el de la incertidumbre. No el del análisis riguroso, sino el de la contradicción. No el del dato que se contrasta, sino el de la metáfora que no se explica.

Aunque hay toda una tradición de publicaciones sobre conversaciones de muy diferentes temáticas, pensé que un buen modelo para nosotros sería el que siguieron J. M. Coetzee y Arabella Kurtz en El buen relato, libro en el que el escritor y la psicoanalista debaten sobre verdad, ficción y psicoanálisis cada uno desde su lugar, sin jerarquías, complementándose y enriqueciéndose, sin sentir la obligación de responder a todas las cuestiones planteadas ni de alcanzar conclusiones definitivas.

Así empezamos nosotros esta conversación que, a lo largo de más de un año, nos fue llevando por montones de lugares, autores y temas que surgieron sin guión, de manera completamente natural y, a la vez, imprevisible. Para mí, leer lo que Ricardo escribía en cada entrega y pensar en una respuesta -o mejor dicho, en una continuación– se convirtió en un ejercicio extremadamente estimulante que ponía mi cabeza a rumiar sobre posibles caminos secundarios, atajos y hasta rodeos. Entre medias, sin previo aviso, 2020 se reveló como el año más inusual de nuestras vidas, con la aparición de la COVID-19 y todo lo que esta terrible pandemia ha supuesto para el mundo. Y aunque acordamos que no dejaríamos que el virus se apoderase también del sentido de la conversación, nuestros textos adquirieron inevitablemente un tono de contemporaneidad inmediata que no habíamos previsto. Podíamos haber renunciado a seguir, pero seguimos, y el proyecto siguió creciendo y tomando forma hasta convertirse en lo que es ahora: un diálogo tejido con textos anfibios, híbridos y heterogéneos.

Nuestra placa de Petri es, entonces, el lugar del que partimos, nuestro particular espacio de experimentación. Pero es también un símbolo mayor mucho más preocupante: el del planeta en el que todos los seres humanos sobrevivimos y cuyos recursos naturales arrasamos, como las voraces bacterias que ocupan el máximo espacio disponible en su placa. Una metáfora, esta sí, de un relato de terror.

* Placa de Petri: recipiente redondo fabricado en cristal o plástico. Se emplea en microbiología para cultivar células, examinar el comportamiento de microorganismos en cultivos y observar la germinación de las semillas.


Sara Mesa. Escritora, nacida en Madrid y residente en un pueblo de Sevilla, ha publicado varios libros de cuentos y novelas premiadas.

Ricardo Reques. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Córdoba y especializado en Ecología y Biología de la Conservación.

Más información sobre la artista Suzanne Anker en suzanneanker.com

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