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Héroes que preferirían no serlo

Las pocas personas que aún viven del pastoreo se encuentran a menudo obstáculos que ponen en peligro la supervivencia de este tradicional y necesario oficio.
Fotograma de 'El héroe de las ovejas'. NEWTON film. Foto: cow-circle-imprisoned-

Imaginen: una pareja de pastores jóvenes, de unos cuarenta años. Dos hijos y un rebaño de unas 500 ovejas. Norte de los Países Bajos. Vivir y sobrevivir de un oficio que desaparece. “Una vida sencilla, creí”. Ese creí que apuñala y hace bajar a la realidad. La libertad y soledad contenida en un pasto detenida por la realidad de los números, las trabas burocráticas y los que no entienden que no se puede mirar hacia adelante si no se observa el pasado.

Stijsn Hilgers y Anna van Diepen siempre lo tuvieron claro: querían vivir en y del campo. Querían criar a sus hijos allí y tener una vida simple, fuera de las oficinas y pisos de 70m2, de ahí que decidiesen pastorear su propio rebaño. “Son mis decisiones, no las de los otros”, dice Hilgers al inicio Sheep Hero, el documental dirigido por Ton van Zantvoort en el que narra su historia y que estos días puede verse online en el marco de festival de cine medioambiental Ecozine Film Fest.

Es esta la historia de una familia que intenta, por todos los modos posibles, aferrarse y transmitir esa herencia cultural nacional intangible que es el pastoreo de un pequeño rebaño. Actualmente, en Países Bajos hay unos 100 rebaños, de los cuáles entre 50 y 60 hacen pastoreo tradicional. Las constantes trabas logísticas y económicas, las pérdidas anuales y el descenso del consumo de carne de cordero en el país son las principales preocupaciones de este pastor empeñado en sobrevivir y apostar por una manera de vida que desaparece a pasos agigantados.

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Hilgers no aporta ni un ápice de idealismo a su trabajo y en el documental se aprecia cómo se las tiene que ingeniar para conseguir patrocinadores corporativos, organizar asados en el pueblo para que la gente conozca su trabajo, ir a eventos y festivales y llevar a cabo una serie de acciones enmarcadas en una estrategia para conseguir visibilidad de su trabajo en el campo.

Pastoreo en el siglo XXI

Cristina de Llano tiene 29 años y nació en Sant Cugat. Su padre tenía una granja de avestruces, y ella siempre convivió en contacto con los animales y la naturaleza. Después de estudiar un módulo de agricultura y ganadería, decidió empezar en la escuela de pastores. Después de los estudios, estuvo trabajando para diferentes pastores ayudando a desbrozar algunos bosques del área metropolitana de Barcelona, hasta que en 2019 decidió que quería tener su propio rebaño. “Tengo un rebaño propio de unas 170 cabras, trabajamos en parcelas de bosque y hacemos venta directa de carne de cabrito, tanto a cooperativas de consumo como a familias particulares”, cuenta a Climática.

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Su trabajo no es fácil. A las 8-10 horas de pastoreo, hay que añadir la cuadratura de los números, el cuidado de los cabritos que nacen y la lucha con la administración que, en sus propias palabras “no siempre pone las cosas fáciles”. A eso se le puede sumar su condición de mujer y joven. “En muchos sitios no te ven capaz y siempre creen que trabajas para un pastor. Aún hay gente que no concibe que haya mujeres pastoras”. Y no es que ahora haya más, sino que están más visibilizadas. “Antes las mujeres quizás hacían trabajos más de granja, se ocupaba de los cabritos, las gallinas y los huertos, por eso se las veía pastoreando poco”.

Cristina forma parte de Ramaderes de Catalunya. “Nos une que somos mujeres y practicamos la ganadería extensiva”. Se apoyan entre ellas, en un oficio muy solitario y en que los obstáculos son múltiples.

Como explica Hilgers en el documental, de LLano asegura que la parte más complicada y descorazonadora de su trabajo no son los días de lluvia al raso o el frío de la primera hora de la mañana, cuando el sol rompe por detrás de las colinas que pueblan el área metropolitana de Barcelona; la parte más compleja de su trabajo es hacer que el proyecto – al fin y al cabo, un negocio- sea viable. “La viabilidad, en mi caso, pasa por el precio de la carne. Las personas que nos incorporamos a este negocio de la manera que lo hice yo jugamos con desventajas, ya que las subvenciones de la Unión Europa están hechas para proyectos más grandes, con gente que tiene tierras y rebaños con más ejemplares”.

Para la joven pastora, la parte más agradecida de su trabajo es poder estar con los animales y en contacto con la naturaleza cada día, “ver el paso de las estaciones”. Pero no idealiza su trabajo, ya que no pastorea en un sitio fácil: en el área metropolitana hay muchísima presencia humana que interactúa con el rebaño y que altera, sin quererlo, su comportamiento. También las urbanizaciones y las carreteras no facilitan su trabajo.

Al igual que Hilgers, el pastor que narra sus desventuras pastoriles en Países Bajos, de Llano también dedica una parte importante de su tiempo en visibilizar su trabajo. “Para eso es importante hacer charlas, hablar con los más pequeños”.

En Países Bajos, solo el 20% de los pastos son desbrozados por ovejas, frente al 80% de Alemania, según se explica en el documental. La competencia desleal, el monopolio en los mercados y la presencia de maquinaria y grandes productores, entorpece la supervivencia del pastoreo tradicional. “Si no cambian las cosas, el futuro se presenta complicado. Queda pensar que la gente en el futuro buscará el producto ecológico y de proximidad. Y que intentará, en la medida de lo posible, comprar directamente al productor.

En España, de 2015 a 2016 hubo una variación interanual de pastos permanentes del 4,3% (se redujeron) y la cifra más reciente los sitúa en alrededor de unos 7.615.991 repartidos a lo largo de toda la península. En el último informe de Instituto Nacional de Estadística (INE), con datos de Eurostat, se concluye que en los últimos años ha habido un incremento de la ganadería ecológica, principalmente aves de corral.

Sin embargo, las proyecciones nos son buenas. Sheep Hero tiene un final desolador, de esos de sacar pañuelo y secar lágrima. Los tiempos cambian, y parece que se llevan por delante tradición y sostenibilidad. Aquello que, en otro momento, hizo posible la vida.

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COMENTARIOS

  1. La UPA (UNION DE PEQUEÑOS AGRICULTORES Y GANADEROS) manifiesta que agricultores y ganaderos familiares, aquellos y aquellas que viven y trabajan en los pueblos, cultivan sus tierras y mantienen vivo el medio rural, deben ser puestos en valor y protegidos “por encima de otros intereses”.
    Señalan que el Estado español está viviendo “un importante cambio de visión en lo que respecta a la alimentación y al medio rural”. Y explican que “de una sociedad ultraurbanizada que vivía de espaldas a los pueblos y a lo que en ellos sucedía, se observan importantes corrientes de opinión y grupos de población que miran a los pueblos con respeto y admiración y luchan por reducir una brecha que nunca debió ser tan honda”.
    “La lucha campesina nos concierne a todos. No hablamos de algo lejano que afecta a unos pocos”, remarcan desde UPA. “Hablamos de nuestra alimentación, de nuestro territorio, de nuestro medio ambiente, y eso son temas que deben preocuparnos a toda la sociedad”, señalan. “Es una lástima que haya tenido que venir la mayor pandemia del siglo para que muchos se den cuenta”.
    El modelo familiar de explotación sigue siendo mayoritario en Europa y en el Estado español –un 85% de las explotaciones responden a este sistema-, “aunque no está exento de ataques por parte de otros modelos industrializados basados en una concepción neoliberal y capitalista al extremo de la economía, que aducen variables como la rentabilidad o la flexibilidad ante el mercado”. UPA considera que la agricultura familiar “debe defenderse al máximo”, y protegerse por Ley, por los “enormes beneficios que tiene para la sociedad”.
    “No queremos aplausos. Sólo reconocimiento, apoyo y precios justos para poder vivir dignamente en nuestros pueblos produciendo alimentos sostenibles”, esos son los pilares de la lucha campesina hoy en el Estado español y en Europa, a juicio de esta organización.

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