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‘Planet B’: el mundo «en peligro» visto por los artistas

La exposición ‘Planet B: Climate Change & The New Sublime’, presente en Venecia en paralelo a la Bienal de Arte, reflexiona sobre el concepto de ‘lo sublime’ en tiempos del Capitaloceno.
Sala del Palazzo Bollani, en Venecia, que alberga el primer acto de la exposición ‘Planet B: Climate Change & The New Sublime’: ‘Toda exposición es un bosque’. Foto: EMANUELA LAZZARI

¿Cuándo empezaron los pintores a fijar su atención en los paisajes? Seguramente fue Joachim Patinir, en el siglo XVI, el primero que dejó de utilizarlos como meros fondos de una escena con santos, vírgenes o héroes para colocarlos en primer plano. Muchos años después, el romanticismo y el impresionismo le darían a la naturaleza su dimensión épica y emocional. Los barcos a merced de las tormentas pintados por William Turner, El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich, o El mar de hielo, incluso con más razón, son buenos ejemplos de eso que se llamó “lo sublime”.

¿Pero cómo rescatar esta idea de belleza, grandeza y éxtasis ante una Tierra enferma de contaminación? Si los glaciares de Suiza están dando sus últimos estertores y el plástico ha envenenado la totalidad del océano, ¿cómo debe el arte de hoy representar los paisajes? ¿Obviando su enfermedad, como si no hubiera pasado nada? ¿Evocando su gloria perdida, como también hicieron los románticos ante las ruinas griegas y romanas? ¿Reflejando y denunciando las heridas, quizás mortales, recibidas por la actividad humana? Sobre todos estos asuntos reflexiona la exposición Planet B: Climate Change & The New Sublime, que se exhibe en el Palazzo Bollani de Venecia hasta el 27 de noviembre, en paralelo a la Bienal de Arte. Esta presencia al margen es en sí misma un signo de los tiempos: el millonario mercado del arte por un lado y el problema más grave al que se enfrenta la humanidad por otro.

La exposición es el primer trabajo de una cooperativa de comisarios de arte llamada Radicants y creada por el teórico Nicolas Bourriaud, exdirector de la Escuela de Bellas Artes de París y cofundador del Palais de Tokyo. «Lo que más me interesa de esta exposición es ver cómo los artistas inciden y reflexionan de una manera profunda sobre la mutación de nuestro sentido del espacio», explicaba Bourriaud en TV5Monde. «¿Qué significa hoy estar en el mundo? Es algo muy diferente a lo que era antes del cambio climático, muy diferente a lo que era antes del sentimiento de peligro». En el siglo XVIII, el filósofo inglés Edmund Burke definió precisamente «lo sublime», rebasando el concepto de simple belleza, como un «sentimiento de placer estético teñido de temor, o de proximidad con el peligro». Según Bourriaud, esta noción tiene una «actualidad increíble a causa del calentamiento global. Esta noción de peligro repercute en los artistas de hoy».

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‘Planet B’, el mundo «en peligro» visto por los artistas
‘Los ciegos guiando a los ciegos #86’ (2018), de Peter Bugghenout.

Una exposición, tres capítulos

En torno a esta idea, los comisarios de Radicants han reunido a una treintena de artistas y han estructurado la muestra de Planet B en tres grandes capítulos. «Una ópera en tres actos», en definición de Bourriaud. Hasta el próximo 26 de junio se desarrollará el titulado Toda exposición es un bosque, explotando el sentido de espacio único y envolvente, ya que el arte, como el bosque, abriga múltiples ecosistemas paralelos así como una memoria de afectos e ideas.

Después vendrá, hasta el 26 de agosto, el episodio llamado Charles Darwin y los arrecifes de coral. Se inspira en un pasaje de Diario de un naturalista en el que Darwin queda deslumbrado por la minúscula e incansable labor de los corales, «un trabajo en el que una miríada de arquitectos está siempre manos a la obra, durante meses, durante siglos». Se trata de un escrito de juventud en el que el científico inglés empieza a rondar la idea que después daría lugar a su obra más célebre, El origen de las especies. «Las fuerzas orgánicas extraen una por una, de las olas espumosas, los átomos de carbonato de calcio y los absorben para levantar una construcción geométrica», escribe fascinado por la fuerza del «cuerpo blando y gelatinoso de un pólipo que vence, con la ayuda de las leyes de la vida, la inmensa potencia mecánica de las olas del océano». Este trabajo paciente y meticuloso de los corales, que tantos paralelismos tiene con el mundo del arte, forma parte de un delicado engranaje, el de la biodiversidad, que enfrenta hoy una crisis apremiante.

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‘Planet B’, el mundo «en peligro» visto por los artistas
‘Acorazada unicornia’ (2022), de Lucia Pizzani.

El último capítulo se titula La trágica muerte de la isla de Nauru y podrá verse hasta el cierre de la exposición, el 27 de noviembre. Las obras expuestas dialogan con la historia de este islote de Micronesia, que en la década de 1970 tenía la renta per cápita más alta del mundo y que hoy es un Estado pobre. La fuente de su riqueza, los fosfatos, ha devenido también en su muerte por culpa de un extractivismo desaforado. El resultado es una tierra muerta, estéril, contaminada. Nauru ejemplifica el agotamiento de los recursos naturales y la extinción en masa. «Podríamos decir que esta parte trata de ‘lo sublime catastrófico’», explica Bourriaud. Es la más negra y más pesimista de la exposición.

Además de la muestra exhibida en Venecia, el último ensayo de Bourriaud relaciona también el arte contemporáneo y la crisis climática. Su título es esclarecedor: Inclusiones. Estética del Capitaloceno. El hecho de prescindir del término Antropoceno, sobre el que ha teorizado largamente, es una forma de posicionamiento. «Creo que el término Capitaloceno es más justo. No es el ser humano, en tanto especie, el que plantea problemas. Es un sistema de producción, es una economía y su globalización, es decir, la estandarización que eso implica. El problema es el sistema capitalista, no es la especie humana», comentaba en una charla reciente. «No son los indígenas de la Amazonía los que han provocado el cambio climático. No podemos meter a todo el mundo en el mismo saco».

‘Planet B’, el mundo «en peligro» visto por los artistas
‘EW 18 with a Map of Africa (Softwork series)’ (2014), de Anna Bella Geiger, presente en la exposición ‘Planet B’. RUBBER SEABRA

¿Tiene el arte algo que decir sobre todo esto? A juicio de Bourriaud, sí. Y mucho. «La catástrofe ecológica nos desafía hoy a repensar el espacio que nuestras sociedades le han asignado al arte. La creatividad, el pensamiento crítico, el intercambio, la trascendencia, la relación con el Otro y con la Historia son valores intrínsecos a la práctica artística que pronto serán de vital importancia para el futuro de la humanidad. Necesitamos el arte para dar sentido a nuestras vidas, y los bancos no nos lo darán», escribe.

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