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Resucitar al mamut para luchar contra el cambio climático

El documental 'Mamut' cuenta la historia de Sergei y Nikita Zimov en su lucha por repoblar Siberia con grandes herbívoros para frenar la crisis del clima.
Fauna de la Edad del Hielo, por Mauricio Antón (CC BY 2.5) Foto: 1280px-Ice_age_fauna_of_northern_Spain_-_Mauricio_Antón

Transportar a lo largo de miles de kilómetros gigantescos herbívoros. Traer de vuelta épocas geológicas de hace millones de años. Que regrese el mamut. En un zona remota de Rusia. Todo ello, para hacer frente al calentamiento global. Esta es la historia que cuenta Mammoth (Mamut), el documental dirigido en 2017 por el cineasta Grant Slater.

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Dicho de manera rápida y facilona, el documental narra los esfuerzos de dos científicos rusos locos -padre e hijo- cuya obsesión en la vida es tener un mamut correteando por su experimento estrella, el ‘Pleistocene Park’ (Parque Pleistoceno), y así intentar mitigar el cambio climático. Sin embargo, la historia resulta ser mucho más profunda, con un proyecto que va más allá del empeño de dos señores de resucitar animales prehistóricos. Y no, no están locos, aunque su idea pueda parecer excéntrica. Ahora, además, un estudio científico respalda su plan.

“Si te pararas en esta orilla del río hace 20 o 30 mil años, verías 1.000 mamuts, 1.000 bisontes, 1.000 caballos, 3.000 alces diferentes, 30 rinocerontes lanudos, 40 bueyes almizcleros, 30 tigres y leones, unos pocos cientos de lobos. Y, de vez en cuando, un humano. Pero eso es muy raro. […] Hoy, no verás nada”. Con esa mezcla de nostalgia y rabia cuenta en el documental Sergei Zimov lo mucho que ha cambiado el planeta.

Este geofísico y ecologista ruso de 64 años fue el responsable de fundar en 1996 al noreste de Siberia el Parque Pleistoceno, ahora dirigido por su hijo Nikita. Ambos son los protagonistas de Mamut.

El plan que tienen no parece sencillo: ralentizar lo máximo posible el derretimiento del permafrost -suelo congelado permanentemente- y evitar así desencadenar un ciclo de retroalimentación positivo. ¿Cómo? En ello trabajan ambos.

Permafrost: el gigante dormido

Recapitulemos: el permafrost es el suelo que permanece a menos de 0 ºC durante al menos dos años consecutivos. Se encuentra, sobre todo, en el hemisferio norte, donde cubre alrededor del 24% de la superficie terrestre, especialmente en Siberia, Canadá, Alaska y la meseta del Tíbet.

Su derretimiento, acelerado por culpa del calentamiento global, hace que se liberen enormes cantidades de gases de efecto invernadero fruto de la descomposición de restos vegetales, hasta entonces bloqueada por las bajas temperaturas. Esto, a su vez, acelera el calentamiento global, en lo que se conoce como ciclos de realimentación positivos.

Se estima que la cantidad de carbono en estas zonas congeladas es aproximadamente el doble que la que actualmente hay en la atmósfera. Si no se reduce el uso de combustibles fósiles en las próximas décadas, el permafrost podría ser una fuente de gases de efecto invernadero tan grande como el mayor emisor de mundo: China. Los estudios estiman que, para finales de siglo, el 80% del permafrost será historia.

Un ecosistema que frene el caos

Es, en este punto, donde entra en escena la no-tan-utópica-y-épica idea de un padre y un hijo por traer de vuelta el Pleistoceno al siglo XXI. Conocida también como Edad de Hielo, durante esta época geológica que comenzó hace 2,6 millones de años y terminó hace sólo 12.000 años, grandes herbívoros como el mamut pisoteaban continuamente los musgos y arbustos, arrancaban los árboles y perturbaban el paisaje. Actuaban, para que se entienda, como reguladores naturales del paisaje. En Parque Pleistoceno quieren volver a crear ese ecosistema, llamado estepa de mamut, para frenar el cambio climático.

El pastoreo invernal y el movimiento de los animales que deambulan libremente hacen que la nieve se compacte, disminuyendo el nivel de aislamiento. Esto permite que el permafrost se mantenga frío y no se derrita. Además, ayudan a restablecer pastizales de gran productividad.

El parque se extiende a lo largo de 20 kilómetros cuadrados de territorio cercado, y dispone de infraestructuras y equipos de monitoreo comprados gracias a varias campañas de recaudación de dinero. Actualmente, hay más de 120 grandes herbívoros, incluidos caballos Yakutian adaptados al frío, alces, bueyes almizcleros, renos, bisontes esteparios estadounidenses, sabios, yaks, vacas y ovejas Kalmykian adaptadas al frío. Pero se necesita un mayor número de especies. Muchísimas más.

Una nueva investigación señala el camino

Este documental -y la historia de los Zimov- estrenado hace tres años cobra importancia esta semana con la publicación de un nuevo estudio en la revista Nature Scientific Reports. Un equipo de la Universidad de Hamburgo muestra por primera vez que el método ideado por Sergei Zimov sí podría reducir significativamente la pérdida de permafrost.

Los experimentos a largo plazo realizados muestran que, cuando se reasientan 100 animales en un área de un kilómetro cuadrado, reducen a la mitad la altura media de la capa de nieve. 

El estudio concluye que, si las emisiones continúan aumentando sin control (el peor escenario previsto en el último gran informe del IPCC), la temperatura del permafrost puede aumentar hasta 3,8 ºC. Esto causaría la descongelación de la mitad de todo el permafrost. En cambio, con rebaños de animales, el suelo solo se calentaría alrededor de los 2,1 ºC, es decir, un 44% menos, lo que sería suficiente para preservar el 80% de los suelos congelados actuales.

“Lo que hemos mostrado aquí es un método prometedor para frenar la pérdida de nuestros suelos permanentemente congelados y, con ello, la descomposición y liberación de las enormes reservas de carbono que contiene”, resume Christian Beer, autor principal de la investigación, en una nota de prensa.

¿Traer al mamut de vuelta?

En 2018, un genetista de la Universidad de Harvard llamado George Church vaticinaba que en dos años lograría resucitar al mamut lanudo, pasando a formar parte del parque de Sergei y Nikita Zimov. Sin embargo, este hecho aún no se ha producido.

“Será bonito tener mamuts corriendo por aquí”, aseguraba Nikita en un artículo de The Atlantic. Sin embargo, dejaba claro que ese no es el interés que le mueve: “No estoy haciendo esto por ellos, ni por ningún otro animal. No soy uno de estos científicos locos que solo quiere hacer que el mundo sea verde. Estoy tratando de resolver el gran problema del cambio climático. Estoy haciendo esto por los humanos. Tengo tres hijas. Lo estoy haciendo por ellas”.

Mamut puede verse en la plataforma de vídeo Vimeo.

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