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El calentamiento del planeta –que hoy la ONU reconoce que no se ha sabido frenar– ha dejado de ser una amenaza difusa en el horizonte para convertirse en una realidad cotidiana que se cobra miles de vidas. Con un océano batiendo récords diarios de temperatura, incendios sin precedentes y una sucesión de cuatro olas de calor extremo, España ha registrado en 2026 su verano más caluroso y mortífero hasta la fecha. Un drama que trasciende nuestras fronteras: en Europa el exceso de mortalidad vinculado a este episodio encadenado de altas temperaturas supera ya las 35.000 víctimas.
En España, los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) –gestionado por el Instituto de Salud Carlos III y el Ministerio de Sanidad– muestran que la temporada estival de 2026 (del 15 de mayo al 1 de septiembre), ha dejado 5.247 muertes atribuibles a las altas temperaturas. La mayoría (3.275) eran personas de más de 85 años. Se trata de la cifra más alta desde 2022, cuando comenzaron estos registros. Precisamente, el récord anterior se produjo ese año con 4.789 decesos. En 2023 fueron 3.007 muertes por calor, en 2024 unas 2.012 y el año pasado 3.832.
En total, 18.874 personas han perdido la vida como consecuencia de las altas temperaturas desde 2022 hasta 2026 en los meses de mayo, junio, julio y agosto. Para llegar a esa cifra, el sistema MoMo no contabiliza muertes directas, sino que realiza una estimación. Cruza las defunciones diarias del Registro Civil con los umbrales de temperatura fijados por el Ministerio de Sanidad. Primero calcula el exceso de mortalidad (la diferencia entre las muertes registradas y las esperadas para esa fecha) y luego aplica un algoritmo estadístico para aislar y determinar qué proporción de esos decesos tiene el calor como factor desencadenante.
Europa, un continente que arde (literal y figuradamente)
A la espera de obtener la consolidación de los datos, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ya ha adelantado en las últimas semanas que este ha sido el verano más caluroso en España desde que hay registros. La temperatura media diaria ha rebasado en 2,5 grados el promedio histórico de referencia (1991-2020), unos valores que han contribuido a una temporada de incendios en la que han ardido cerca de 300.000 hectáreas, según el sistema europeo EFFIS.
Más allá de los Pirineos, el escenario resulta igual de desolador. Al menos 35.000 personas han perdido la vida de forma prematura a causa de los domos de calor extremo que han cubierto y asfixiado la geografía europea. Tan solo en tres países —Alemania, Francia y España— se concentran más de 25.000 de estas víctimas.
Únicamente en Alemania, las autoridades e instituciones sanitarias estiman que 14.000 personas han muerto por las altas temperaturas desde abril, con una semana negra a finales de junio en la que se llegaron a concentrar más de 9.600 víctimas mortales. Esta cifra no solo triplica los registros de un año habitual, sino que destroza por completo el anterior pico máximo de 2018.
En Francia, donde los termómetros superaron la histórica barrera de los 40 ºC en decenas de estaciones y casi el 98% del país llegó a estar bajo alerta térmica, el exceso de mortalidad se situó por encima de las 7.300 personas mucho antes de que siquiera se contaran los estragos de agosto. Otros territorios como Italia, Reino Unido o Bélgica suman también miles de fallecidos.

