El océano absorbió en 2025 un calor equivalente a 40 veces la energía que consume toda la humanidad

El nuevo informe de Copernicus dibuja un escenario crítico desde España hasta la Antártida, con un océano cada vez más ácido, una subida récord del nivel del mar y una biodiversidad al límite, desde los corales tropicales hasta los pingüinos emperador.
El océano absorbió en 2025 un calor equivalente a 40 veces la energía que consume toda la humanidad
La extensión tan baja del hielo marino en 2022 en la Antártida coincidió con un fracaso reproductivo a gran escala y sin precedentes entre los pingüinos emperador. Foto: Po3 Aidan Cooney/U.S. Coast/Planet Pix via ZUMA Press Wire)

El océano mundial se está transformando a un ritmo vertiginoso, dejando a las comunidades costeras y a los frágiles ecosistemas marinos en la primera línea de la crisis climática. Esta es la advertencia que lanza la décima edición del Informe Copernicus sobre el Estado del Océano (OSR10), elaborado por Mercator Ocean International y publicado este miércoles por el Servicio Marino de Copernicus. Con la contribución de más de 600 especialistas y la colaboración de decenas de organizaciones científicas de decenas de países, la evidencia recopilada demuestra que las alteraciones en la física y biología del océano se están propagando a una velocidad nunca antes vista.

Calor sin precedentes y aguas cada vez más ácidas 

Durante la última década, los indicadores clave del estado oceánico han batido récords de forma sistemática. El océano, que funciona como el gran termostato de la Tierra, ha absorbido aproximadamente el 90% del exceso de calor generado por las actividades humanas. Además, la velocidad de este calentamiento se ha duplicado en las últimas dos décadas, alcanzando temperaturas superficiales globales récord entre 2023 y 2026. En 2025, el océano absorbió un volumen de calor adicional récord de 23 zettajulios, lo que equivale a casi 40 veces toda la energía consumida por la humanidad en ese mismo año.

Esta inyección masiva de energía térmica acelera la subida del nivel global del mar. Entre 1999 y 2025, el nivel medio del mar se elevó a un ritmo de 3,8 mm al año, pero entre 2012 y 2025 esa tasa se disparó hasta los 4,2 mm anuales. De forma paralela, la absorción del exceso de dióxido de carbono atmosférico provocó que el océano fuera un 17% más ácido en 2025 que en 1985, amenazando la estructura misma de las redes tróficas marinas.

Europa, en el epicentro de los fenómenos extremos 

El calentamiento global se traduce en olas de calor marinas y tormentas cada vez más intensas y destructivas. En 2024, el mar Mediterráneo y el mar Negro sufrieron olas de calor marinas que rompieron todos los registros previos. Algunos de estos episodios se prolongaron durante más de 30 días, registrando anomalías de temperatura que superaron en 4,6 ºC los valores medios. 

La intensidad de las olas de calor marinas se ha duplicado en la última década, y la superficie afectada en el Mediterráneo se ha multiplicado casi por cinco. Al analizar los datos combinados, los investigadores descubrieron que estas olas de calor no se limitan a la superficie, sino que penetran hasta 40 metros de profundidad, revelando un calor oculto que amenaza silenciosamente a los ecosistemas.

Por su parte, el Atlántico norte y el Cantábrico registraron intensas olas de calor en el verano de 2026 en el golfo de Vizcaya, afectando al ecosistema marino tras el repunte registrado en las poblaciones de anchoas. En el norte del Adriático, el paso de borrascas extremas como la tormenta Boris provocó vertidos masivos de agua dulce en el otoño de 2024, haciendo caer drásticamente la salinidad superficial de 35 a menos de 15 g/kg. Asimismo, en noviembre de 2024, una tormenta extrema desplomó el nivel del mar en la bahía de Botnia (mar Báltico) en 153 cm, paralizando el tráfico de ferries durante 18 horas.

En España, el impacto de las tormentas acentuadas por el mar cálido se hizo notar con virulencia en febrero de 2024 con la llegada de la borrasca Louis. Este sistema generó olas superiores a los ocho metros, provocó una víctima mortal y graves cortes de electricidad, obligando a interrumpir las operaciones en los puertos de Langosteira y Tarragona.

Los polos y los Estados insulares

En el Ártico, las temperaturas de la superficie del mar han aumentado 4,2 °C en los últimos 40 años, mientras la cubierta de hielo disminuye a un ritmo del 4% por década. Este deshielo deja al descubierto las costas polares, provocando que el 60% de las infraestructuras costeras árticas sea actualmente vulnerable a la erosión. En el mar de Barents, el proceso de «atlantificación» sufrió un paréntesis temporal de desalinización entre 2016 y 2022 por el aporte de hielo y agua dulce.

En el polo opuesto, la Antártida registró en 2022 un mínimo histórico de hielo marino que coincidió con un fracaso reproductivo masivo sin precedentes en las colonias de pingüino emperador, una clara advertencia de cómo la pérdida de hábitat está destruyendo la fauna dependiente del hielo.

Más cerca del ecuador, los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) enfrentan una vulnerabilidad existencial. Desde 1999, el 65% de las áreas de sus zonas económicas exclusivas están directamente expuestas a la aceleración del nivel del mar. Casi el 28% de sus aguas albergan arrecifes de coral amenazados o en peligro crítico, ecosistemas vitales que reducen el impacto del oleaje y sostienen economías enteras. La pérdida de estos corales multiplica los riesgos de inundación costera y la inestabilidad alimentaria y económica, ya que en algunos de estos países los arrecifes representan más del 20% del PIB.

De los datos a la acción climática 

Pese a la gravedad del diagnóstico, el informe insiste en el poder de la ciencia para la adaptación. Pierre Bahurel, director general de Mercator Ocean International, subraya que “el océano se transforma ante nuestros ojos”, por lo que resulta esencial convertir los datos espaciales en «inteligencia oceánica» que permita a los gobiernos anticiparse a los desastres. Por su parte, el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, ha remarcado el papel estratégico del programa Copernicus y de iniciativas como OceanEye para fortalecer la resiliencia y respaldar la futura Ley del Océano (Ocean Act) de la Unión Europea. 

Si te gusta este artículo, apóyanos con una donación.

€

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Siguiente artículo

Los gatos tienen ley, sí. Y hay que cambiarla

"Si una norma es mala e imposible de cumplir –como lo es en varios aspectos la Ley de bienestar animal–, lo que hay que hacer es cambiarla", señala Miguel Clavero, investigador de la Estación Biológica de Doñana – CSIC

Artículos relacionados