Fracaso global: el planeta se dirige a un calentamiento de 2,8 ºC con las políticas actuales

Desde ONU Medio Ambiente creen que es posible llegar a un pico de 1,7-1,8 °C para luego volver a los 1,5 ºC hacia finales de siglo. Para ello harían falta unos recortes de emisiones que hoy ni se plantean.
Fracaso global: el planeta se dirige a un calentamiento de 2,8 ºC con las políticas actuales
Una mujer espera este lunes en una calle inundada tras las lluvias torrenciales en Daimuz, provincia de Valencia. Foto: REUTERS/Ana Beltran.

«El mundo ya no puede evitar sobrepasar el límite de 1,5 ºC». Este es el mensaje que deja el secretario general de la ONU, António Guterres, tras los datos conocidos hoy. Y es que ya se ha perdido toda posibilidad de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales como consecuencia de décadas de inacción y políticas tibias. Lo avisó a principios de septiembre el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el mismo que ahora, en su icónico Informe sobre la Brecha de Emisiones 2026, certifica la derrota momentánea a la vez que busca algo de optimismo. Porque aún hay opciones, recuerdan: escasas, casi utópicas, pero sobre el papel no está todo perdido.

La tarea ahora ya no es solo asegurar que el calentamiento se mantenga muy por debajo de los 2 °C, sino minimizar la magnitud y la duración de este exceso temporal de temperatura y establecer una ruta de retorno creíble para regresar al 1,5 °C (o lo más cerca posible) para finales de siglo. Como señala Guterres, «sobrepasar el límite no significa rendirse. Todavía podemos mantenerlo lo más pequeño y breve posible».

El nuevo escenario: el «menor exceso posible» 

El plan B de Naciones Unidas es avanzar hacia el «menor exceso posible» de 1,5 °C. Este escenario asume una mitigación estrictamente rigurosa desde 2025, limitando el calentamiento máximo a un pico de 1,7-1,8 °C con un 66% de probabilidades, y devolviendo la temperatura a 1,5 °C o menos en el año 2100 con un 50% de probabilidades.

Para entrar en esta trayectoria, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben reducirse de manera urgente: un 18% para 2030, un 45% para 2035 y un 69% para 2040, todo ello respecto a los niveles base de 2025. Sin embargo, la plena aplicación de las nuevas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) que han presentado los países apenas lograría una reducción del 5 al 8% para 2030 y del 11 al 15% para 2035.

La inacción de los grandes emisores y la brecha de implementación 

Las emisiones globales alcanzaron las 58,4 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente (GtCO2e) en 2025, una cifra similar a los niveles de 2024 que apenas supone un levísimo descenso de 0,1 GtCO2e. Este tímido retroceso se vio impulsado en gran parte por una disminución en las emisiones derivadas de la quema de biomasa y los incendios forestales, logrando compensar el aumento sostenido y persistente del uso de los combustibles fósiles.

A nivel geopolítico, los miembros del G20 (excluyendo a la Unión Africana) siguen siendo los principales responsables, acaparando el 76% de las emisiones mundiales; de hecho, sus emisiones conjuntas excluyendo los usos de la tierra aumentaron un 0,7 % en 2025. Menos de la mitad de los países del G20 están bien encaminados para cerrar sus brechas de implementación para 2030. Bajo las políticas actuales, si no se aplican medidas adicionales, el calentamiento global alcanzará los 2,8 °C dentro de este siglo. Si se cumplen a rajatabla todas los planes climáticos en vigor, el calentamiento lograría limitarse a 2,6 °C. Incluso en el escenario más optimista, donde se cumplen todas las NDC y, además, todas las promesas a largo plazo de cero emisiones netas, el aumento de la temperatura llegaría a 2,1 °C, aún fuera del margen de seguridad del Acuerdo de París.

El fin del carbón y el necesario despegue renovable 

El primer Balance Mundial (Global Stocktake) subrayó la necesidad urgente de triplicar la capacidad global de energía renovable, duplicar la tasa anual de mejora de la eficiencia energética para 2030, frenar la deforestación y reducir drásticamente las emisiones de metano. Para alcanzar las nuevas metas compatibles con el clima, el informe señala que la generación de electricidad a partir del carbón tendrá que reducirse al menos un 75% para 2035 respecto a los niveles de 2025. Además, el uso del carbón en la generación eléctrica deberá ser eliminado a nivel mundial para el año 2040. Por su parte, las emisiones de metano tendrán que caer al menos un 25% para 2035 y un 40% para 2040.

A pesar del reto, el PNUMA señala que las energías renovables han demostrado ser un destello de esperanza tangible. Desde la adopción del Acuerdo de París, el crecimiento de la energía solar fotovoltaica y la energía eólica ha superado continuamente hasta las previsiones más optimistas. La capacidad mundial de electricidad renovable ha crecido tres veces más rápido de lo anticipado, y la energía solar fotovoltaica ha aumentado a un ritmo asombroso, siete veces superior a lo esperado hace una década. Mantener estas tendencias apoyadas por políticas adicionales pondría al mundo en el camino exacto para triplicar la capacidad de energía renovable para 2030. Asimismo, más de 220 evaluaciones de políticas proporcionan pruebas contundentes de que los instrumentos normativos y climáticos implementados en múltiples países han logrado reducir las emisiones con éxito.

El incierto salvavidas de la eliminación de carbono 

Volver a estabilizar el termómetro en 1,5 °C a finales de siglo dependerá, según el informe, de una intervención tecnológica sin precedentes: la eliminación de dióxido de carbono (CDR) a gran escala. El informe calcula que será necesario extraer de la atmósfera y almacenar permanentemente unas 320 gigatoneladas de CO2 a lo largo de este siglo, una cifra equivalente a casi ocho años consecutivos de las emisiones mundiales de CO2 registradas en 2024. No obstante, la viabilidad para lograr la eliminación masiva de gases de efecto invernadero con esta tecnología –habitual en discursos retardistas– es a día de hoy muy incierta debido a su coste y la dificultad de desplegarla a gran escala.

«Cada fracción adicional de grado y cada año adicional de calentamiento por encima de 1,5 °C aumenta los impactos y riesgos climáticos, como las inundaciones, las olas de calor y los incendios forestales mortales que han asolado a muchas naciones este año», señala Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. «Por lo tanto, debemos hacer todo lo posible para minimizar el calentamiento máximo y volver a los 1,5 °C para finales de siglo. Esto es posible». 

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