A contracorriente: camino de producir un 110% más de combustibles fósiles de lo necesario para mantener la temperatura en 1,5 °C

El informe sobre la Brecha de Producción 2021 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) evidencia la absoluta desconexión entre lo que se necesita para mitigar la crisis climática y lo que se hace.
Planta de ciclo combinado en Fawley (sur de Inglaterra). Foto: Gillian Thomas/CC BY 2.0.

Resulta paradójico. Al mismo tiempo que crece el conocimiento científico sobre el cambio climático, aumenta la evidencia sobre la falta de acción política frente a esta crisis. El informe sobre la Brecha de Producción 2021 que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publica este miércoles engrosa esta última lista.

Según dicho estudio –elaborado junto a reconocidos institutos de investigación–, los gobiernos todavía planean producir en 2030 una cantidad de combustibles fósiles más de dos veces superior –un 110%– de lo que sería coherente con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC. Tampoco cumplirían con el objetivo de no sobrepasar los 2 ºC, ya que la producción prevista estaría un 45% por encima de lo deseable.

Todos los países del G20 –responsables del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)– se comprometieron, mediante el Acuerdo de París, a hacer todo lo posible para no superar este último límite. Un nivel de calentamiento que, según el último informe del IPCC, podría superarse a mediados o finales de siglo en un escenario de emisiones altas o muy altas.

La brecha de producción aumentará hasta 2040

Se trata de la segunda edición de este informe, que mide la brecha entre la producción de carbón, petróleo y gas prevista por los gobiernos y los niveles de producción compatibles con el cumplimiento de los límites de temperatura del Acuerdo de París, firmado por esos mismos gobiernos. Las incoherencias, pues, quedan retratadas en las estimaciones del estudio, que analiza la actividad de los 15 países que más producción tienen. Estos son: Alemania, Arabia Saudí, Australia, Brasil, Canadá, China Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, India, Indonesia, México, Noruega, Reino Unido y Rusia.

Las diferencias entre la primera publicación –correspondiente a 2019– y la actual son mínimas. En dos años, la producción de combustibles fósiles apenas ha variado: solo disminuye –de manera simbólica– la de carbón. Durante las próximas dos décadas, los gobiernos proyectan colectivamente un aumento del petróleo y el gas, creando una brecha de producción cada vez mayor hasta 2040.

A pesar de que sus acciones desatienden a la comunidad científica, los líderes mundiales insisten en cada encuentro internacional en recordar que las próximas décadas son decisivas para el clima si se quieren limitar los daños que pueda causar el calentamiento global sobre múltiples áreas, como la salud humana o la biodiversidad. “Sin embargo, los gobiernos siguen planificando y apoyando niveles de producción de combustibles fósiles que superan ampliamente lo que podemos utilizar de forma segura”, señala Ploy Achakulwisut, autor principal del informe y científico del Instituto del Ambiente de Estocolmo (SEI).

Mayor producción mundial de gas

Según el informe, se prevé que la producción mundial de gas sea la que más aumente entre 2020 y 2040, conforme a los planes de los gobiernos; una expansión continuada incompatible con los compromisos del Acuerdo de París. En 2030, la producción de carbón estaría un 240% por encima de lo coherente con las directrices climáticas, mientras que la de petróleo lo estaría un 57% y la de gas un 71%.

Reducir drásticamente la producción de combustibles fósiles es esencial para limitar los impactos del calentamiento global y hacer frente a la crisis climática. Sin embargo, a pesar de haber anunciado como verde la recuperación de la pandemia, en el reparto de estos fondos se han priorizado los proyectos de combustibles fósiles por encima de aquellos relacionados con energías limpias. En mayo, la Agencia Internacional de la Energía –un organismo que históricamente ha apoyado la industria de los combustibles fósiles– hizo su advertencia más dura hasta la fecha al apuntar que la explotación de gas y petróleo, así como su producción, deberá detenerse cuanto antes y las centrales eléctricas de carbón deberán cerrar antes de 2030.

Este mismo organismo publicó un informe hace una semana en el que concluye que las promesas climáticas actuales de todos los países conducen a reducir las emisiones solo un 20% del total necesario para 2030. La COP 26 que se celebra el próximo mes en Glasgow será la oportunidad de abordar una mayor ambición en la reducción drástica de emisiones que dañan el clima durante la próxima década.

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COMENTARIOS

  1. Incoherencias y más incoherencias:
    La UE debe proteger los bosques, no quemarlos para obtener energía.
    Nuestros gobiernos han elegido destinar el dinero de nuestros impuestos, que tanto nos cuesta ganar, a la quema de bosques en toda Europa. La industria maderera es responsables de la tala y la quema de millones de árboles, desde Alemania hasta Austria y de Suecia a Finlandia. Y todo porque la quema de madera se considera «energía renovable».
    Ha llegado el momento de proteger los bosques en beneficio del clima y de toda la flora y fauna que habita en ellos.
    Los bosques europeos están desapareciendo a una velocidad alarmante… porque los estamos quemando. Calificar la quema de árboles como “energía renovable” ha sido devastador para el medio ambiente.
    Es hora de borrar los árboles de la lista de fuentes de energía renovables: la tala de bosques no puede contarse entre ellas. ¡Debemos protegerlos! Quemar árboles para conseguir energía va en contra de todo esfuerzo por mitigar el cambio climático y proteger la biodiversidad.
    Házselo saber al Parlamento Europeo:
    https://act.wemove.eu/campaigns/biomasa?action=mail&utm_source=civimail-40988&utm_medium=email&utm_campaign=20211021_ES

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