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Anne Rasmussen: «La meta del 1,5 °C no es un número arbitrario en un papel»

La líder de las negociaciones climáticas para la Alianza de los Pequeños Estados Insulares analiza el acuerdo de la última cumbre del clima, las expectativas para la próxima y la delicada situación a la que se enfrentan países como su Samoa natal.
Anne Rasmussen, de Samoa, en nombre de la Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS), en la COP28. Foto: IISD/ENB | Mike Muzurakis

Puede que no haya mejor escenario para un tirón de orejas climático que una COP. Aun así, pocos se atreven a aprovechar la oportunidad: los equilibrios geopolíticos de las cumbres del clima son precarios y los acuerdos penden siempre de un fino hilo. Al final del día, todo el mundo quiere que todos estén contentos.

Anne Rasmussen, Assistant CEO del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Samoa, un pequeño archipiélago del Pacífico, y líder de las negociaciones para la Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS, por sus siglas en inglés), no es diferente. Es de las que cree firmemente en que el consenso está por encima de todo. A pesar de ello, sus palabras retumbaron en un pabellón atestado, frente a todas las potencias del planeta, con todos los ojos y oídos del mundo dirigidos hacia ella.

«No podemos permitirnos volver a nuestras islas con el mensaje de que el proceso [de la COP28] nos ha fallado», recalcó en su último discurso. Pocas horas antes de partir hacia Copenhague, donde ha participado en el Climate Ministerial, hablamos con ella sobre la última COP, la que está por llegar y la delicada situación a la que se enfrentan los pequeños Estados insulares como Samoa por causa del cambio climático.

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Sus palabras, pronunciadas al final de la última cumbre del clima, tuvieron impacto en todo el mundo.

No me refería exactamente a que toda la COP28 nos hubiese fallado. Desde la Alianza de Pequeños Estados Insulares no pusimos objeciones al documento final. Pero como somos muchos tardamos en tener una respuesta coordinada. No había consensos entre los miembros del grupo y había algunos puntos delicados con los que no todos estaban de acuerdo. Así que, cuando se leyó el documento final, ni siquiera estábamos en la sala.

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Por eso tuve que hacer la intervención que hice. En ella quería dejar claro que desde AOSIS no íbamos a retrasar el pleno ni a oponernos al consenso final, no íbamos a hacer objeciones de última hora, pero queríamos dejar constancia de la situación.

¿Qué pasó exactamente? Cuesta imaginar por qué se produce el acto final de la COP28, la escenificación del consenso alcanzado, sin que todas las partes estén presentes.

En ese momento ya no hay que votar nada, todo está decidido y, simplemente, el presidente de la COP presenta los resultados alcanzados ante todo el plenario. Si nadie presencia objeciones de última hora, se da por cerrado el acuerdo. Como la sala estaba tan llena, creo que era difícil darse cuenta de que todo el mundo estuviera presente, había un poco de caos. No hay que darle más vueltas.

Hablando de ese documento final de la COP28, hubo mucho debate sobre el lenguaje que había que emplear con los combustibles fósiles y sobre cómo incluir la necesidad de abandonarlos en el acuerdo. Al final, las palabras elegidas fueron «una transición para alejarse del carbón, el petróleo y el gas». ¿Son lo suficientemente contundentes?

Bueno, no. Está claro que en la Alianza de Pequeños Estados Insulares habríamos preferido otro término que hablase claramente del fin de los combustibles fósiles. Pero también somos conscientes de que el acuerdo de la COP28 es un paso, un trampolín para abordar el fin del petróleo, el gas y el carbón. El acuerdo es positivo, está por encima de las palabras escogidas.

Más allá de las palabras, ¿cuáles son los puntos más positivos y cuáles los más negativos del acuerdo?

Nos quedamos con muchas cosas concretas que consideramos positivas, como la hoja de ruta para actualizar las NDC [los planes de cada país para reducir las emisiones] en 2025 o el programa de implementación de energías renovables. También hay una referencia clara y contundente al papel de la ciencia en todo el documento.

Después hay otras partes más débiles, como la referencia poco concreta a alcanzar el pico de emisiones de gases de efecto invernadero en 2025 o todo lo relacionado con el desarrollo de los países pobres.

Como líder de las negociaciones para la Alianza de Pequeños Estados Insulares, ¿cómo es tener enfrente a las grandes potencias petroleras?

No todos los países son iguales. Por ejemplo, mantuvimos una relación muy buena con los Emiratos Árabes Unidos, que eran los anfitriones. Durante todo el año trabajamos de forma fluida con ellos y creo que tuvieron en cuenta muchas de las cuestiones que los pequeños Estados insulares pusimos sobre la mesa.

«Con perspectiva, creo que el trabajo de la presidencia de la COP28 fue bueno»

Quizá como anfitriones es normal que tuvieran una postura más abierta, ¿pero cuál fue la posición del resto de petroestados?

Siempre hay cuestiones polémicas y grandes desacuerdos, no solo con los productores de petróleo y gas, sino también con el G7 y otros de los grupos de más poder. Vuelvo a decir, con perspectiva, que creo que el trabajo de la presidencia de la COP28 fue bueno: había que conseguir una mención directa a los combustibles fósiles y se consiguió, con las palabras que fuesen.

Es decir, que hay muchos grupos en las negociaciones que muestran posiciones abiertamente contrarias al abandono de los combustibles fósiles.

Sí, claro, las partes y los países cuyos medios de vida dependen del petróleo, el gas y el carbón y también muchos de los que tienen un problema de desarrollo.

La próxima COP repite fórmula: se celebrará en Azerbaiyán, un país productor de petróleo y gas, y estará presidida por un exejecutivo de la industria de los combustibles fósiles. ¿Cuáles son sus expectativas?

La COP29 va a ser una cumbre muy financiera. Casi todo el debate va a girar alrededor de la adopción de un nuevo acuerdo financiero y sus mecanismos, conocido como NCQG [siglas en inglés de nuevo objetivo colectivo cuantificado]. Además de esto, habrá que estar atento a que todas las partes tengan en marcha la redacción de sus NDC para 2025 y a cómo implementar el acuerdo energético que firmamos en la COP28.

Ahora mismo está a punto de salir hacia Copenhague, donde se celebrará el Climate Ministerial, un encuentro de unos 40 líderes y ministros climáticos para preparar la COP29 [el encuentro se celebró el 21 y el 22 de marzo, después de esta entrevista].

Es una especie de toma de contacto de cara a la COP29. Básicamente, es la primera reunión de ministros climáticos después de la COP de Dubái y en ella discutiremos el acuerdo, los puntos que necesitamos mejorar y otras acciones para mitigar el cambio climático. Entre otras cosas, hablaremos del fondo de pérdidas y daños.

«En Samoa, todos los impactos del cambio climático se sienten con fuerza»

En Copenhague, como en Madrid y en muchas otras capitales de Europa, la situación de los pequeños Estados insulares queda muy lejos.

Somos países pequeños. Nosotros, en Samoa, tenemos una superficie particularmente pequeña. Allí, todos los impactos del cambio climático se sienten con fuerza: la sequía, el aumento de la intensidad de los ciclones o las inundaciones. A medida que pasan los años, notamos que estos efectos se van amplificando. Somos testigos del aumento de la erosión y de las marejadas ciclónicas [inundaciones costeras con agua de mar asociadas a los ciclones]. Y los habitantes de las costas se desplazan cada vez más al interior de la isla.

¿Temen por la desaparición de su territorio?

No por completo, pero disponemos de estudios que analizan los diferentes escenarios y que confirman que las zonas de menor altitud estarán cubiertas de agua en unos 50 años si no logramos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

¿Qué opciones tienen si no se frena el cambio climático?

No muchas. Somos un archipiélago pequeño, así que o nos desplazamos al interior a zonas más altas [el punto de mayor altitud de Samoa es el monte Silisili, con 1.858 metros] o nos vamos a otro país.

No tenemos mucho impacto a nivel de emisiones y tampoco podemos hacer mucho más a nivel adaptación, con los medios que tenemos. Creo que, en este sentido, el fondo para pérdidas y daños del que hablábamos antes va a ser un instrumento importante. Nos costó 30 años que se negociase, ahora nos va a ayudar mucho.

30 años. ¿Cree que los intereses de los países pequeños se tienen suficientemente en cuenta en negociaciones multilaterales como la COP?

Los pequeños Estados insulares en vías de desarrollo somos reconocidos como países con necesidades y circunstancias especiales en las agendas de desarrollo y en el Acuerdo de París. Esto es positivo porque nos da flexibilidad, sobre todo, a la hora de presentar nuestros informes. Por otro lado, nuestros países son considerados, a menudo, como los defensores de la voz de la ciencia, porque siempre intentamos que las negociaciones estén alineadas con el conocimiento científico.

Estas cuestiones, unidas al trabajo que hemos hecho con mucho esfuerzo, nos han dado algunas victorias muy importantes, como la aprobación del fondo de pérdidas y daños y la referencia en el Acuerdo de París a no superar los 1,5 °C de calentamiento respecto a los niveles preindustriales.

En 2008, la Alianza de los Pequeños Estados Insulares logró incluir este límite por primera vez en los acuerdos de una COP. 15 años después, ¿sigue a nuestro alcance?

El 1,5 °C ha estado presente en muchas decisiones desde entonces, incluyendo el Acuerdo de París. Pero mantener vivo ese objetivo no es sencillo. Desde AOSIS incluso solicitamos un informe especial del IPCC sobre el 1,5 °C, que acabó publicándose. Aun así, divulgar no es lo mismo que actuar.

Nos estamos moviendo en la dirección correcta, la mención a los combustibles fósiles en el documento final de la COP28 o el paquete energético adoptado en Dubái son algunos ejemplos. Sin embargo, el impulso actual no es suficiente para mantener el calentamiento global alrededor de esos 1,5 °C.

De hecho, últimos datos señalan que mantener vivo ese objetivo de 1,5 ºC es casi imposible. ¿Implicará esto un cambio de estrategia para los pequeños Estados insulares?

La respuesta es un no rotundo. La meta del grado y medio no es algo arbitrario que pusimos nosotros en un papel. Alcanzarla significa evitar los peores efectos del cambio climático. Somos optimistas con las NDC que se presentarán el año que viene y creemos que estarán alineadas con el objetivo del 1,5 °C.

Nosotros perseguimos un objetivo final claro: la eliminación gradual de los combustibles fósiles para mantener bajo control el calentamiento global. Las tácticas quizá cambien, pero la estrategia y el objetivo se van a mantener. Hemos sido eficaces hasta ahora y seguiremos trabajando en ese sentido.

Los expertos del IPCC creen que todavía es posible alcanzar el objetivo de 1,5 °C con medidas claras y contundentes. Y AOSIS va a seguir trabajando alineada con ese conocimiento científico.

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COMENTARIOS

  1. Aún peor que los Pequeños Estados Insulares lo tienen los Pueblos Indígenas que, además, son los mejores cuidadores de la Naturaleza.
    Son un estorbo para los intereses de multinacionales, grandes terratenientes, madereros, ect; para todos los destructores y especuladores que codician las tierras indígenas.
    21 de Marzo: Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.
    La discriminación racial y los legados del colonialismo continúan destruyendo vidas indígenas, y son fuente de la violencia y del robo de tierras que enfrentan a diario impidiendo que se respeten sus derechos humanos.
    Desde el principio de la era colonial se han usado términos como “primitivos” o “de la Edad de Piedra” para describir a los pueblos indígenas como sociedades congeladas en un tiempo pasado y, por tanto, atrasadas. Esta idea es tan errónea como peligrosa: errónea porque estos pueblos, como todos, cambian y se adaptan, y peligrosa porque se utiliza con frecuencia para justificar el robo de tierras o el “desarrollo” forzado de los pueblos indígenas. Los resultados son casi siempre catastróficos: pobreza, alcoholismo, explotación sexual, enfermedad y muerte.
    Ejemplos de violencia racista los encontramos en sus formas más evidentes, como en los ataques de buscadores de oro contra el pueblo yanomami, o de guardaparques armados por organizaciones conservacionistas al pueblo baka, pero también en formas más invisibles para nuestros ojos: como cuando los medios hablan de naturaleza “virgen” para referirse a tierras que han sido habitadas y cuidadas por los pueblos indígenas durante generaciones, o como cuando se celebra el colonialismo en España por todo lo alto cada 12 de octubre.
    Luchemos contra el racismo por los pueblos indígenas, por la naturaleza, y por toda la humanidad.
    Algunos desafíos a los que se enfrentan:
    https://survival.es/involucrate/email?utm_medium=email&utm_source=engagingnetworks&utm_campaign=utm_campaign&utm_content=240321+International+Day+for+the+Elimination+of+Racial+Discrimination

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