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Antonio Cerrillo: “La contaminación se solucionará cuando los jueces pidan declaración a los alcaldes que permiten las ilegalidades”

El periodista publica “Emergencia Climática. Escenarios del calentamiento y sus efectos en España’, un libro que aborda las principales cuestiones referentes a la lucha contra el cambio climático de manera pedagógica.
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Antonio Cerrillo es uno de los periodistas que más ha hecho y está haciendo por la divulgación ambiental y la lucha contra el cambio climático. Lo hace desde la cabecera donde hace más de treinta años que trabaja: La Vanguardia. Acaba de publicar Emergencia Climática. Escenarios del calentamiento y sus efectos en España (Libros de Vanguardia), un texto pedagógico y ameno que pretende trasladar las principales cuestiones referentes a la lucha contra el cambio climático a un lector medio, informado, pero no experto.

En los artículos que escribe para La Vanguardia, siempre intenta dar voz a los climatólogos “que son los que mejor conocen el problema del cambio climático”, aunque también cree importante contar con la presencia de los gremios asociados. Se queja, ante todo, de la inacción y del negacionismo sutil que ha imperado en España, “un negacionismo práctico, no histriónico, no al estilo Trump, pero que ha gozado de mucho protagonismo”. Para ello y por ello escribe: para que los negacionistas no tomen el control de la opinión pública y pasemos por alto el que es el gran problema del siglo XXI: amortiguar este cambio climático imparable.

La información climática llena cada vez más páginas y portadas de telediarios, pero parece que la información no llega. ¿Estamos fallando los periodistas a la hora de comunicar el cambio climático?

No creo que los comunicadores debamos flagelarnos. Creo que estamos fallando como sociedad. La comunicación a veces es criticada por insuficiente, por ecofatiga, por no ser pedagógica. El rosario de crítica que se le puede hacer a la comunicación es muy grande algunas de las quejas pueden ser justas; pero no en todas las ocasiones. A veces no se trata del volumen que se da sobre información climática, sino de la regularidad. Se producen tsunamis informativos y luego desaparecen. Eso puede contribuir a generar esta imagen; la idea de que los comunicadores estamos fallando. Hay que tener en cuenta que mucha de la información climática que tenemos se produce en momentos puntuales con motivo de la publicación de informes: las puntas informativas coinciden con los informes o cuando se van a generar grandes acuerdos. También es injusto flagelar a los periodistas teniendo en cuenta que hay agentes activos de desinformación; hay intereses que combaten de manera continuada y luchan por asegurar que la información se distorsione; también hay decisiones importantes que se toman en la trastienda. No es dificultad para trasladar el mensaje, el problema es que tenemos delante un ejército de intereses que combaten la información y la distorsionan: los mercaderes de la duda.

¿En España?

Algunas empresas energéticas han hecho campañas fortísimas. Por ejemplo, contra las energías renovables. No llegamos a los extremos de Estados Unidos, donde la batalla la se libra en la opinión pública. El negacionismo es un sector muy importante, incluso los que gobiernan lo son.

¿Podemos los periodistas modular la opinión pública para hacer crecer la consciencia de la problemática que implica el cambio climático?

Sí. Hemos hecho un esfuerzo relevante desde la época de Cristina Narbona [ex ministra de Medio Ambiente]. Ella, en la Cumbre del Clima de 2004 tuvo el atrevimiento de invitar a 20 o 30 periodistas para que masivamente la sociedad fuese informada de las conversaciones acerca del cambio climático. Ahora tenemos más periodistas que tratan estos temas.  

En el cambio climático hay muchas aristas. ¿Cómo abordarlas todas de manera pedagógica y sencilla?

Necesitamos una transformación global. No se trata solo de cambiar el modelo energético, de sustituir la energía sucia por la energía limpia. El epicentro del cambio no está solo en la energía, también esta en la agricultura, el transporte, etc.  La agricultura, por ejemplo, produce alimentos con unos impactos enromes. Hace un tiempo la FAO aseguró que el 18% de las emisiones era ocasionada por la producción agrícola, ahora debe ser un 23% o 24%. A esto hay que sumarle los impactos indirectos: la industria de la alimentación deforesta, planta sistemas intensivos de producción agrícola, usa productos tóxicos, contamina con el transporte, genera un volumen importante de deshechos agícolas, etc.

Tenemos un ejército de negacionistas al frente de países muy importantes.

Este año se confiaba en que habría nuevas propuestas de los países respecto al Acuerdo de París, pero se ha pospuesto la próxima cumbre. No solo se ha producido un retraso por la pandemia, sino que hay una dificultad objetiva: hasta que Estados Unidos no tenga nuevo presidente, todo colgará de un hilo, a pesar de que los demócratas ya han anunciado que, si ganan, volverán al Acuerdo de París. Esto es muy importante porque no podemos tener una potencia económica tan importante que quede excluida del acuerdo. Bolsonaro es una catástrofe para el planeta. Lo que pasa en Brasil es decisivo, porque afecta a cuestiones esenciales del Acuerdo de París. Por último, tenemos a China, que, aunque es posible que pueda cumplir el Acuerdo de París que le obliga a tener un pico máximo de emisiones en 2030 y a fomentar las renovables, no va a poder liderar la lucha contra el cambio climático. Estos tres países hacen que el Acuerdo de París esté en un impass. Toda la ilusión que generó está muy cuestionada, pero la situación es desbloqueable.

Entonces hay esperanza.

Los grandes cambios no tienen por qué venir de grandes acuerdos mundiales.

Dices en tu libro que cuando los políticos dicen que la responsabilidad es de todos es porque ellos no quieren o no pueden hacer nada.

Cuando dicen eso es que no hay voluntad de liderazgo. Tenemos que tener políticos líderes. Si nos dicen que hay que arrimar el hombro, están reconociendo su propia inacción. Esto lo planteo en el libro: ¿Cómo tienen que producirse los cambios? ¿Hay que esperar de los pequeños gestos? ¿De los símbolos? ¿De las actitudes ejemplificantes o ejemplares? Yo creo que la suma de actitudes individuales puede ser la que genere los cambios. Por otra parte, también creo que los pequeños cambios están muy bien pero que la ciudadanía tiene muchas preocupaciones antes que salvar el planeta: salvar su salud, su hipoteca. Para implicar a la ciudadanía hay que darle estímulos, conocimiento y liderazgo.

Pero no hay un verdadero liderazgo.

No. Pero a veces los cambios se producen por situaciones que no nos podemos ni imaginar; como por ejemplo el fenómeno Greta Thunberg, que surgió a partir de una concatenación de circunstancias. Fue como el efecto mariposa.  Thunberg jugó con la mitificación, nosotros también y se ha convertido en un elemento importante en el cambio de valores de los jóvenes; pero no olvidemos que la gran mayoría de personas que combaten el cambio climático no lo tienen todo tan a favor. Cada día se asesinan líderes ambientales, sobre todo en América Latina. Muchas de estas personas mueren luchando por la protección del clima. Luchan por mantener sus ecosistemas. Hablamos, según Global Witness, de más de 200 personas asesinadas en lo que llevamos de año.

Pero Thunberg ha calado.

Es el mito de David contra Goliat. Pero como en todo, se requiere una alianza entre el mundo del conocimiento: la ciencia, las ONGs etc. con la sociedad civil y los medios de comunicación. Si se produce esta alianza, las cosas avanzan.

El otro día salió Josu Jon Imaz [consejero delegado de Repsol] en la Comisión de Transición Ecológica y Reto Demográfico para defender su modelo de política energética ideal. Entre otras cosas, dijo que: “cuesta más la importación de una batería eléctrica de China para un vehículo eléctrico que toda la importación de petróleo que consume un coche diésel o de gasolina en todo su ciclo de vida”.

Los analistas del ciclo de vida y la huella global del producto alientan un debate teórico y subjetivo; pero hay cosas que parecen obvias: en cualquier cambio, siempre hay un efecto colateral. La comunidad científica coincide en que hay que sustituir un modelo energético basado en combustibles fósiles por otro basado en las energías renovables. Los defensores del petróleo, el carbón y el gas derrochan argumentos ambientales nunca vistos anteriormente y nos anuncian catástrofes: que las baterías producen residuos, que la minería tiene un fuerte impacto territorial etc. Podríamos pensar que es así, pero también podemos pensar que todos esos argumentos están destinados a bloquear la situación y no hacernos avanzar en la lucha contra el cambio climático. Es cierto que las renovables pueden tener algunos impactos, pero creo que son un arma fundamental. ¡Ojo! Tampoco son la panacea. Sin embargo, los que insisten tanto en los efectos perversos que va a tener la transformación energética son los sectores a quienes nunca les ha preocupado destrozar el medio ambiente; por lo tanto, no tienen credibilidad. Pero no todo es el cambio de modelo energético. Tenemos que hablar de un cambio cultural a partir de las ocho R de Latouche [reevaluar, reconceptualizar, reestructurar, redistribuir, relocalizar, reducir, reutilizar, reciclar].

¿Qué opina de la nueva Ley de Cambio Climático en España?

La ley tiene aspectos positivos, como el fin al coche de combustión en 2040. La estrategia plantea la neutralidad climática de cara al 2050 y creo que es factible. Hay otras iniciativas que van encaradas a un cambio de modelo energético. Yo destaco el hecho de que los bancos y las aseguradoras tengan que hacer informes de riesgo en sus activos; es decir, evaluar si en su cartera de activos tienen intereses en ámbitos vinculados a los combustibles fósiles. También me parecen muy interesantes las zonas de bajas emisiones de los municipios. Obviamente, habrá a quién le parezca insuficiente. Lo que sí creo firmemente es que el dinero que ingresa el Estado por los derechos de emisión debería ir destinados a políticas climáticas.

¿Crees que un eventual gobierno del PP podría paralizar o tirar atrás la ley?

Sí, puede haber un riesgo de regresión, porque hay cierta indefensión. El tema climático en la Constitución es muy frágil y todos los capítulos relacionados con la protección del medio ambiente tienen un rango menor. Si estuviese más protegido, habría cierta disuasión. Solo hace falta ver lo que ha pasado con Madrid Central. Una catástrofe. Yo siempre digo que el tema de la contaminación se solucionará cuando los jueces pidan declaración a los alcaldes que permiten las ilegalidades o que son antisistema. En España, de momento pasa justo al revés: muchos de los jueces son igual de antisistema que el PP. En lugar de defendernos, nos desprotegen. Lo que se ha hecho en Madrid es anticonstitucional y amoral. España lleva años pagando sanciones bestiales por la insuficiente calidad de las aguas de depuración, y eso es porque algunas administraciones no asumen algunas de sus obligaciones. Pasa en muchos campos de la protección del medio ambiente.

Dices en tu libro que no deberíamos hablar de ‘emergencia climática’ sino de ‘crisis ecológica’.

Esto lo inició The Guardian y acto seguido lo aplicamos en La Vanguardia. Decidimos dejar de usar de manera rutinaria la expresión ‘cambio climático’ y desde entonces usamos ‘crisis climática’ o ‘emergencia climática’, ya que está demostrado que la expresión ‘cambio climático’ no crea ningún efecto en la gente: ha quedado vacía de significado. Conceptos como ‘emergencia’ o ‘crisis’ sugieren la necesidad de actuar y constituyen una palabra de acción.

De hecho, en un capítulo, hablas de las ‘palabras cadáver’.

‘Sostenibilidad’ o ‘ecotasa’. Han palabras que han sido apropiadas por la publicidad. Y esas palabras ya no sirven para entendernos. No causa el mismo efecto decir ‘ecotasa’ que ‘impuesto por contaminar’, un concepto mucho más claro. Yo, por ejemplo, nunca uso anglicismos. El mundo de la economía está lleno de palabras trampa y las industrias más contaminantes en el sector energético se valen de eso: siempre hablaban de subvenciones a las energías renovables. Las energías renovables no se subvencionaban: había una prima que se les retribuía y se les reconocía su contribución a la mitigación del cambio climático.

Al igual que las palabras, ¿hay imágenes cadáver? ¿Imágenes relacionadas con el cambio climático que ya no nos impacten o nos hagan reflexionar?

Por ejemplo, todo el lenguaje y toda la información vinculada al mundo de los incendios es una catástrofe: cómo se informa, cómo se transmite, el lenguaje fosilizado, lleno de expresiones vacías. Podríamos usar una crónica de hace veinte años solo cambiando el nombre del pueblo. Los periodistas usan las mismas estructuras, dan los mismos contenidos, llenos de tópicos. No me gusta criticar a la prensa, pero es un tema que necesita reflexión. Aburre muchísimo. Necesitaríamos análisis en profundidad, en los cuales se expliquen las causas.

¿Viste las imágenes de los fuegos en California?

Surrealista. Parecían fotografías esteticistas. No está claro que nos conmueva especialmente. De todas maneras, el abismo que siempre se produce es la consciencia que podamos tener con una causa y la motivación para resolverla. No solamente la información va a cambiar los valores. Hay que informar, formar, interpretar, valorar, escandalizar y alarmar. Necesitamos reforzar la información plana con otros ingredientes.

¿Podría la pandemia generar un cambio de mentalidad respecto a la lucha por la protección del planeta?

No sé qué decirte. Las emisiones de gases bajaron hasta un 17% en marzo, una bajada nunca conocida desde el inicio de la era industrial; pero en junio ya solo había bajado un 5%. Ahora estamos iguales a las emisiones de 2006, pero si continuamos a este paso, para final de año no habremos plantado con las mismas emisiones que tuvimos en 2019. Parece que las grandes empresas están muy decididas a buscar atajos para recuperar el tiempo perdido, a pesar de que la Unión Europea ha pedido que la recuperación tenga en cuenta el cambio climático. A mí, lo que me preocupa de la COVID es que algunos han aprovechado para tomar decisiones muy importantes y que veremos próximamente. La industria del plástico, por ejemplo, está presionando para cambiar la legislación ambiental y el sector aéreo ha pedido decenas de ayudas. Para el futuro, va a ser decisivo si la mesa de reconstrucción europea tiene ambiciones ambientales o no, hecho que tiene que decidir el Parlamento Europeo. Hay que elaborar unas políticas en las cuales la recuperación verde no sea solo una consigna, que tengan contenido verde.

El contenido verde puede no agradar a todo el mundo. El año pasado en Francia…

Sí, los chalecos amarillos. El gobierno buscaba una fiscalidad ambiental muy apresurada y cayeron en el error de adoptar medidas que penalizaban a las clases populares. Hay que buscar que las penalizaciones con criterios ambientales sean justas y equitativas.

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COMENTARIOS

  1. Pues la Vanguardia más bien representa al poder económico y al pensamiento conservador ¿no?, vamos, que de rompedor poco ¿no?; pero a veces parece que salen artículos que se salen de esa linéa.
    Los abuelos agricultores de los años 60 que lo más que tenían algunos era estudios primarios ya hablaban preocupados del cambio climático que ellos ya notaban y cuando había noticias de experimentos, llamémosles científicos, éllos decían preocupados: ésto sólo servirá para alterar el clima.
    Así que mientras menos ponga la pezuña el “rey de la naturaleza” en la propia naturaleza mucho mejor.

  2. Lxs consumidorxs somos los que tenemos la llave del cambio para un mundo más sano y justo pero la gran mayoría nos desentendemos de nuestras obligaciones, decimos que para éso están los políticos; pero la política es una cosa demasiado seria para dejarla en manos de los políticos.
    ¿Dónde por ejemplo compramos? el 95% en el Mercadona, la segunda fortuna del país, según dicen porque es más barato. Otrxs dicen que compran en las grandes superficies por ahorrar tiempo ya que en ellas compran todo lo que les supondría ir a 3 ó 4 tiendas específicas.
    No miran por consumir local, aunque económicamente puedan hacerlo, por favorecer a los pequeños comercios y productorxs locales que además venden productos de más calidad y sin impacto negativo en el medio ambiente.
    Revisemos nuestras expectativas, se trata de vivir con sencillez, con valores, con calma, tener tiempo al menos de sentir que vivimos.
    Las 8ERRES.
    +++++++++++++++++++++++
    Ecologismo o barbarie. La imposible vuelta a la normalidad o cómo no meternos en un lío mayor tras una pandemia mundial.
    Ecologistas en Acción, a través de su Plataforma de Formación On-line, ofrece una selección de cursos en torno al Ecologismo Social y a materias que viajan paralelas a él. Desde ahora, gestionamos un entorno virtual de aprendizaje y conocimiento como complemento a la oferta formativa presencial que esta organización lleva años realizando. Todos los cursos están tutorizados por técnicos/as especializados/as y formadores/as y con una dilatada experiencia en los conocimientos a impartir.
    Duración y fechas: 6 semanas. Del 12 de octubre al 22 de noviembre de 2020.
    https://www.ecologistasenaccion.org/evento/curso-on-line-ecologismo-o-barbarie/

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