Los JJOO de 2028 podrían dejar un legado de aire más limpio, transporte público más ecológico y mejores paradas de autobús; sin embargo, la lenta planificación y la falta de fondos han frustrado los planes más ambiciosos, mientras que viajar en coche sigue siendo cómodo y abundan las percepciones negativas sobre el transporte público.
A dos años de su celebración, los patrocinadores corporativos con los que cuentan los organizadores temen enfadar al presidente estadounidense al defender causas ecologistas. Los JJOO deben reducir su impacto climático y dejar un legado positivo y sostenible, pero los preparativos se desarrollan en un entorno donde la ambición se rechaza en lugar de celebrarse.
La Asamblea de la ONU, con los votos en contra de países como Estados Unidos, Arabia Saudí, Rusia, Israel e Irán, respalda el dictamen de hace un año de la Corte Internacional de Justicia que atribuye responsabilidad legal a los países que no frenen el uso de combustibles fósiles.
Una lona de 40 metros del presidente estadounidense tiñe de negro la Plaza de Colón para denunciar los vínculos entre la industria fósil, las guerras y la crisis climática en la víspera de la cumbre de Santa Marta que arranca este viernes en Colombia.
El precio más alto de este ataque lo está pagando la población iraní, pero su repercusión tendrá efectos a escala mundial, alerta Alfons Pérez, del Observatori del Deute en la Globalització (ODG).
El golpe ha sido doble, legislativo y ejecutivo, ya que el presidente también revoca los hallazgos científicos que sustentaban la acción climática y retira al Gobierno federal la facultad de regular los gases de efecto invernadero.
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