podcast la climática

Juan Jesús González Alemán, doctor en Física: “El debate ya no es si hay o no, sino cuánto cambio climático queremos”

Físico, investigador y, desde el pasado mes de agosto, meteorólogo de la AEMET. Charlamos con él, con intención divulgativa, sobre cuestiones clave en torno al cambio climático, sus causas y sus consecuencias.
El físico Juan Jesús González Alemán, en Gran Canaria. Foto: Eduardo Robaina

El cambio climático actual es inequívoco. Tampoco hay ninguna duda de que la causa está en las actividades humanas. Eso lo sabe muy bien Juan Jesús González Alemán. Tiene 33 años, es natural de Gran Canaria, y acaba de entrar a formar parte del Cuerpo Superior de Meteorólogos del Estado de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

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“El negacionismo del cambio climático está superado. Lo que no lo está es el escepticismo de los cambios que están por venir”, señala el también físico especializado en Física de la Atmósfera por la Universidad Complutense de Madrid. Posee, además, con un doctorado en Física relacionado con el análisis de ciclones con características tropicales así como su relación con el cambio climático. Un problema, el de los fenómenos tropicales, por el que “España podría verse afectada pronto”, explica.

Como es cada vez más habitual en el campo de la ciencia, González Alemán dedica parte de su tiempo a divulgar sobre un tema tan complejo como la crisis climática, ya sea en los medios, en su cuenta de Twitter o en charlas. “Si lanzas mensajes catastrofistas, la gente desconecta. Lo hemos visto con el COVID”, apunta.

Tras varios años como investigador postdoctoral en diversas universidades, tanto nacionales como extranjeras, desde su entrada en la AEMET trabaja en intentar modelizar mejor los fenómenos meteorológicos de alta resolución y de gran impacto para optimizar la previsión de su ocurrencia y localización, así como incrementar su conocimiento para las proyecciones climáticas. Esto es aplicable, por ejemplo, a las tormentas con inundaciones repentinas que se suelen dar en España. En definitiva, el conocimiento científico al servicio de la prevención y adaptación a unos eventos extremos que el cambio climático hará más habituales y destructivos.

Con intención divulgativa, charlamos en persona, desde la isla canaria, con Juan Jesús González Alemán para conocer mejor aspectos claves en torno al cambio climático, sus causas y sus consecuencias. “No quiero que la gente piense que ya no hay nada que hacer. Al contrario, hay más que hacer que nunca”, insiste.

Los negacionista del cambio climático han recurrido siempre mucho a la influencia de los volcanes. ¿Puede un fenómeno de la naturaleza como este alterar la atmósfera de un lugar, y por tanto el clima?

Sí, un volcán puede alterar el clima o modificarlo siempre que los gases que emita durante la erupción lleguen a la estratosfera, es decir, a unos 16 kilómetros de altura de forma general (en latitudes polares es más baja, y en latitudes tropicales es más alta). 

El dióxido de azufre (SO2) –uno de los gases que expulsa un volcán–, el efecto que tiene es de enfriar el clima, al contrario que el CO2 –otro gas que expulsa un volcán–, que lo calienta. En el pasado, se han dado varias erupciones que han tenido un efecto notable sobre el clima. En 1815, hubo un volcán, el Tambora, que hizo que el año siguiente se conociera como “el año sin verano”.

¿Cómo puede un volcán llegar a modificar el clima? 

El dióxido de azufre que expulsa el volcán llega a la estratosfera, reacciona con el vapor de agua presente en esta capa de la atmósfera y se forma una especie de neblina que hace que la radiación solar no llegue tanto a la superficie terrestre. Este suceso provoca un enfriamiento de las capas bajas de la atmósfera, como la troposfera. 

Además, en la estratosfera, el aire es más estable, y esa neblina que se forma se podría expandir en regiones más grandes y, por tanto, afectar al clima global. 

¿Puede ocurrir algo similar con la erupción volcánica de La Palma?

En Canarias, la estratosfera está situada en torno a los 12-13 km. En el caso del volcán de La Palma, los gases no están llegando a tanta altura, se quedan en la troposfera. Por ahora ronda los 7 km, por lo que no hay ese riesgo.

¿Qué impacto tiene en la atmósfera el dióxido de carbono que emite un volcán?

El aumento de concentración de CO2 en la atmósfera a lo largo de las últimas décadas ha sido principalmente debido a las actividades humanas. Si observamos los momentos en los que hubo erupciones volcánicas grandes, es decir, con bastante CO2 emitido, el impacto en la concentración fue prácticamente nulo. 

Por tanto, podemos descartar el impacto de un volcán en el calentamiento global de la atmósfera. No debe preocupar.

Los incendios forestales son cada vez más potentes y difíciles de extinguir. ¿Influye el cambio climático en ellos?

Lo primero que hay que tener claro es que el cambio climático no tiene por qué provocar directamente más incendios. La idea hay que dirigirla más a que el cambio climático produce unas condiciones más favorables para que cuando se declara un incendio tenga mayor potencial de ser peligroso y sea más difícil de extinguir.

¿De qué forma afecta el cambio climático? Al producir mayores sequías, al hacer que el suelo esté más seco, o al afectar a la vegetación, por ejemplo. Todo esto hace que sirva de mayor combustible para los incendios. También puede contribuir a crear condiciones meteorológicas favorables para el desarrollo del incendio y que tengan mayor duración en el tiempo. Por ejemplo, la circulación atmosférica en verano tendería a ser más favorable para el desarrollo de incendios muy adversos.  

Ahora de lo que se está empezando a hablar es de los incendios de sexta generación. Estos son incendios que no se pueden extinguir y que el cambio climático puede hacer cada vez más probables. Es un tipo de incendio que adquiere una dimensión y potencia tan grande que puede empezar a afectar a la propia meteorología o a las propias condiciones atmosféricas justo en el incendio. Por ejemplo, puede alterar la dinámica de los incendios o afectar a los equipos de extinción que estaban en el terreno, cambiando las condiciones locales de forma caótica, lo que le añade complejidad a la hora de extinguir el fuego. 

Se ha hablado mucho últimamente de los pirocúmulos. ¿Qué son y por qué es tan peligrosa su presencia en un incendio?

El pirocúmulo es una señal de que el incendio ya puede empezar a tener potencial de crear su propia meteorología, por así decirlo. Pero más que el pirocúmulo, lo peligroso es lo que puede originar este pirocúmulo: un pirocumulonimbus, es decir, una nube de tormenta creada a partir del propio incendio, y que puede hacer que éste sea incluso peor. 

Hasta hace poco, la relación entre huracanes y cambio climático no estaba tan clara. Pero cada vez hay más evidencia científica al respecto. ¿Cómo afecta y afectará el calentamiento global a los ciclones tropicales?

En el clima observado es difícil estudiar la relación entre el cambio climático y los huracanes porque esa señal del cambio climático no es tan grande como para empezar a afectar a estos fenómenos de forma clara. Siempre empieza a afectar primero a otros fenómenos como las olas de calor, donde sí que es más clara la relación. No obstante, ya se empiezan a ver ciertas señales. Una clara es que el cambio climático produce un aumento de aquellos ciclones que se intensifican más rápido. Esto ha ocurrido con el reciente huracán Ida, o hace unos años con Harvey. Otras señales de la influencia del cambio climático en los huracanes es que hace que tengan comportamientos más estáticos o que afecte a regiones localizadas con mayor persistencia.

Y en cuanto a cambios en la frecuencia o en la intensidad de los huracanes fruto del cambio climático, eso todavía no puede verse con total claridad. En parte, porque antes de los años setenta no había satélites, y es muy difícil comparar una época con satélites y una época sin ellos. Aun así, lo que sí se puede hacer es poner en contexto las proyecciones de cambio climático, que sí apuntan, por un lado, a un aumento de la intensidad de los ciclones tropicales, es decir, que los huracanes podrían adquirir cada vez intensidades más grandes. Por otro lado, apuntan a que la proporción de aquellos ciclones más intensos serán más grandes respecto al total. Esto no quiere decir que los más intensos vayan a  aumentar más, porque de hecho se espera también que la frecuencia total sea más baja.

Por resumir: es posible que haya menos ciclones, pero cuando éstos se formen, tendrán mayor potencial de alcanzar altas intensidades, que al final son los más destructivos. En este sentido, las proyecciones no son nada halagüeñas.

La zona más estudiada es la costa americana del Atlántico Norte. Allí acaban de vivir una temporada récord de huracanes. ¿Es posible ver este tipo de fenómenos extremos en zonas poco habituales, como Canarias, la península…?

En los últimos años están llegando cada vez más fenómenos extremos. Se observa una tendencia bastante grande en los últimos 15 años respecto a los últimos 50, por ejemplo. Lo que se ve claramente en las proyecciones de cambio climático es que aquellos fenómenos que ocurren más en zonas tropicales y en la cuenca oeste del Atlántico pueden empezar a afectar más en nuestra zona. Se proyecta un aumento en la frecuencia y, posiblemente, en la intensidad de esos eventos. 

¿Pero podrían llegar a ser huracanes de categoría 3, 4 o 5?

Eso sería mucho más difícil. Pero sí tendrán más facilidad para llegar en buenas condiciones aquí, es decir, en categoría 1 e incluso 2. 

Después, además, están los llamados medicane (huracanes en el Mediterráneo), una serie de ciclones que tienden a adquirir características tropicales. En el futuro se espera que alcancen categorías 1 o 2.

Es decir, España podría verse afectada pronto, tanto por el Atlántico como en el Mediterráneo, por fenómenos tropicales. Sobre todo Canarias, junto a Madeira, Azores, y toda esa zona al suroeste de la península ibérica.

Los eventos extremos empiezan a formar parte de la normalidad. Cada vez que hay uno, el debate gira en torno a si es oportuno o no achacarlo al cambio climático aunque no sea del todo riguroso ya que haría falta un estudio de atribución. ¿Cuál es su postura al respecto?

Siempre que se produce un evento extremo, a la hora de vincularlo con el cambio climático hay que actuar con cautela. No se puede decir a la ligera que un fenómeno extremo es por el cambio climático. La pregunta no es si el cambio climático ha causado tal evento. La pregunta es cómo ha afectado el cambio climático a la probabilidad de ocurrir, así como a su frecuencia de aparición o a su intensidad. Es algo así como que el cambio climático no altera la forma en la que funciona la atmósfera y las leyes que la rigen, cambia las características de su forma de comportarse, yéndose a comportamientos más extremos.

Aquí se puede actuar de tres formas. Una es acudir a la bibliografía y ver si hay estudios que apuntan a un aumento en la observación de esos fenómenos. La otra es ver si hay estudios que dicen que en los modelos climáticos se espera que con el cambio climático aumente la frecuencia o la aparición de esos fenómenos. Pero realmente lo más coherente y consistente sería hacer estudios de atribución porque es la mejor herramienta para vincular eventos extremos con el cambio climático.

¿Qué es exactamente un estudio de atribución?

Son experimentos donde se analiza cómo ha cambiado el cambio climático la probabilidad de que suceda un evento extremo, como por ejemplo una ola de calor. Lo que se hace es coger, por un lado, un modelo que simula una Tierra sin cambio climático (época preindustrial, por ejemplo), y por otro lado, una Tierra donde sí hay cambio climático. Si la frecuencia de un evento en la Tierra con cambio climático aumenta, entonces está claro que el cambio climático está detrás de esa variación. Normalmente lo que se estudia es la frecuencia porque es lo más fácil de observar. 

Escuchándole parece el invento del siglo. La herramienta perfecta para hacer desaparecer los argumentos negacionistas.

Sin duda es una herramienta que puede eliminar muchos de los debates que se dan hoy en día en torno al cambio climático. Es tal su envergadura que recientemente la revista Time ha incluido a los investigadores Friederike Otto y Geert Jan van Oldenborgh, fundadores del grupo que hace estos estudios de atribución, en su lista anual de las cien personas más influyentes del mundo.

¿Ellos han sido los creadores de esta modalidad de estudios?

No, ellos lo que han hecho ha sido liderar este tipo de estudios. La idea de los estudios de atribución  ha estado presente desde hace más de 15 años, y se usaba en el ámbito académico para estudios de investigación, pero nunca se había hecho realidad de forma operativa hasta que llegaron ellos. Su labor tiene mucho mérito. Hay un gran esfuerzo y mucho trabajo de coordinación para sacarlos adelante justo después de producirse el evento. Además, también han contribuido a la hora de perfeccionar la técnica. 

¿Sería posible tener en España un grupo que haga estos estudios? Por ejemplo, con AEMET a la cabeza.

Para mí este tema debería ser una prioridad, ya que ayudaría a terminar con todos los debates, y serviría para empezar a constatar qué episodios son los que más afectan a España en relación al cambio climático. Se podría crear un grupo de atribución coordinado por el MITECO, por ejemplo. O, al menos, que en el grupo que ya existe haya representación española para que también se estudien los eventos extremos que ocurren en nuestro país.

Recientemente, un estudio alertaba sobre las señales de un colapso inminente de la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés), un punto de inflexión del sistema climático que cambiaría radicalmente el clima que conocemos. ¿Qué significa esto?

La AMOC juega un papel clave en el sistema climático de la Tierra ya que transporta calor desde el Atlántico tropical hasta latitudes más altas. Se está empezando a ver que el deshielo del Ártico está empezando a afectar a esa corriente, porque su motor está situado en la zona de Islandia-Groenlandia.

Que se debilite o ralentice puede acarrear cambios extremos en el clima de la Tierra. Una de las más afectadas sería Europa, que disfruta de un clima relativamente benigno, es decir, no tan frío como el que padece Estados Unidos –a pesar de estar en la misma latitud–, justamente gracias, en parte, a esa corriente. Por tanto, si parase o disminuyera su actividad, el clima de Europa cambiaría radicalmente. Eso sí: en el caso de que colapsara, no sería algo instantáneo sino progresivo.

Se trata de un punto de inflexión del sistema climático. Es decir, se da un salto hacia otro estado en el que ya es muy difícil volver atrás. Son cambios abruptos y se consideran casi irreversibles. Es muy peligroso.

¿Qué otros puntos de inflexión son críticos actualmente?

Uno es el permafrost. Si empieza a emitir más gases de efecto invernadero puede llevar a una retroalimentación mayor. Otro es el deshielo del Ártico, que a su vez afectaría a la AMOC. También puede haber relación entre varios puntos de inflexión.

Otro muy importante es el fenómeno de El Niño. Si cambia cierta frecuencia o intensidad en él, tiene un impacto muy grande que puede desencadenar otros efectos y hacerlo todo mucho más complejo. Esa es la clave. 

¿Qué es El Niño?

El Niño es un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico que tiene un impacto en muchas regiones alrededor del globo. Provoca sequías en determinados sitios, exceso de lluvia en otros puntos, más ciclones tropicales… Influye en muchos eventos extremos, haciendo el sistema climático mucho más complejo. Cada vez salen más estudios donde se encuentran impactos globales derivados de este fenómeno. Una influencia muy importante de El Niño es que, cuando se produce, eleva la temperatura global, como ocurrió hace unos años.

¿Qué más implicaciones, aparte de las ya expuestas, tiene el deshielo del Ártico?

Lo que se está viendo es que puede empezar a afectar a cambios en los patrones atmosféricos. Hay debates al respecto sobre cómo afectaría. Hay una hipótesis que dice que podría afectar a la corriente en chorro, haciéndola más meridional y provocando eventos más extremos. Después hay otra línea, en la que se está empezando a profundizar, que apunta a otro tipo de efectos. También es importante saber qué pasará con la expansión de los trópicos, que lucha con el deshielo por tener un papel relevante en el clima del futuro.

Entre el mensaje catastrofista de que la humanidad se va a extinguir y el mensaje buenrollero de que no es para tanto, ¿dónde se coloca usted?

Ya no hay debate sobre si cambio climático sí o cambio climático no, sino cuánto cambio climático queremos. Yo me posiciono en la idea de no ser catastrofista, es decir, lejos del pensamiento de que se va a acabar el mundo. No quiero que la gente piense que ya no hay nada que hacer. Al contrario, hay más que hacer que nunca. Estamos a tiempo de que ese cambio en el clima no sea grande. Por ejemplo, con 1,5 ºC de calentamiento los puntos de inflexión no son tan probable que sucedan. Pero en un cambio climático de 4 ºC sí que es probable que sucedan. Incluso se empieza a hablar de que con 2 ºC de calentamiento podrían darse. Con un aumento de la temperatura tan grande no solo están en peligro los países con menos recursos. Europa y Estados Unidos también.

Aun así, lo veo bastante difícil porque es un tema complejo en el que tienes que poner de acuerdo a muchos países. Es la parte más difícil. Dudo que nos quedemos en 1,5 ºC. Tal y como está todo, diría que iremos a más de 2 ºC. Antes se pensaba que el escenario de calentamiento más extremo era prácticamente imposible, pero con el último informe del IPCC vemos que cada vez estamos más cerca de que ese futuro ocurra.

Ese escenario extremo, el 8.5, parecía algo distópico en los anteriores informes del IPCC. Ahora, con el último ya publicado, es incluso realista.

Exactamente. Antes se usaba para decir: “Bueno, vamos a mirar qué pasa en este escenario extremo porque es donde más claro se ve la influencia del cambio climático, aunque podemos concluir que no vamos a llegar a tal extremo”. Pero ahora ya se puede empezar a utilizar para explicar lo que puede que nos encontremos.

En definitiva, y por enlazar con la pregunta anterior, si lanzas mensajes catastrofistas, diciendo que el mundo se va a acabar, la gente desconecta. Lo hemos visto con la COVID. Hay que transmitir que hay mucho por hacer, que se puede evitar llegar a tales extremos.

Como doctor en Física y meteorólogo, ¿cómo afronta esta época que le ha tocado vivir?

Pienso que, con mi formación, puedo contribuir a resolver y adaptarnos al problema, o por lo menos, a que haya más información para resolver este desafío tan grande que tiene la humanidad. Esta época la afronto con entusiasmo y ganas porque considero mi trabajo como una contribución a la sociedad. Hay mucho por hacer. 

Si me preguntas como ciudadano, pienso mucho en lo que supone realmente la crisis climática; cuánta gente está siendo afectada ya y cuánta lo puede estar… Pienso también mucho en el hecho de que siga habiendo negacionistas a pesar de la evidencia científica disponible. Por esa parte, esta época la vivo con cierta tristeza porque parece que no se está haciendo todo lo que se podría hacer.

¿Está superado el negacionismo climático socialmente?

Actualmente, el negacionismo del cambio climático está superado. Lo que no lo está es el escepticismo de los cambios que están por venir. Esa gente que antes negaba el cambio climático ahora reconoce que lo hay, pero no se creen o no se quieren creer que los cambios vayan a ser tan graves. O reniegan de los modelos de proyección.

El problema viene cuando se proponen medidas de mitigación concretas que afectan al modo de vida de las personas. Por ejemplo, cuando sale el ministro de Consumo diciendo que hay que comer menos carne, que es una medida que puede ayudar en la mitigación. La gente se indigna, y se dice a sí misma que a lo mejor el cambio climático no es tan grave como para dejar de comer carne. Cuando la gente tiene que empezar a hacer cambios que afectan a su vida es cuando se replantean si el cambio climático es tan importante. Ahí empiezan los problemas, y por eso es un tema tan complejo de solucionar. Otro factor problemático es el ideológico. Tradicionalmente se ha asociado a un tema de defensa ecologista. Pero no, esto es un tema claramente científico. Hay que intentar lanzar ese mensaje siempre.

¿Esa nueva ola negacionista que menciona puede suponer algún problema a la hora de hacer frente a la crisis climática?

Creo que esa fase se superará cuando se empiecen a ver fenómenos que ya se escapan de la normalidad. Ya los estamos viviendo. Por ejemplo, la ola de calor de este verano en Canadá. Eventos tan extremos que son imposibles de producirse en un clima normal sin cambio climático, hace 100 años. También juegan un papel clave los ya mencionados estudios de atribución, un método, insisto, infalible para acabar con estos debates.

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COMENTARIOS

  1. Estupendo artículo.
    Mis felicitaciones al periodista por la acertada elección de preguntas, y sobre todo, al investigador por sus explicaciones y su gran capacidad divulgativa.
    Más entrevistas como esta son necesarias.
    Muchas gracias.

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