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Más de 50 estudios independientes desaconsejan el uso del hidrógeno en la calefacción doméstica

Los informes –elaborados, entre otros, por el IPCC y Agencia Internacional de la Energía– concluyen que el hidrógeno para la calefacción doméstica es menos eficiente, más costoso y más perjudicial para el medio ambiente que otros sistemas como las bombas de calor o la calefacción urbana.
Un radiador de una casa. Foto: Pixabay

En el camino de la descarbonización y de alcanzar las cero emisiones netas, la calefacción doméstica ha de jugar un papel relevante, y el hidrógeno se ha planteado en los últimos tiempos como una alternativa. Sin embargo, la evidencia científica parece decir todo lo contrario.

54 estudios independientes (es decir, que no están realizados por, o en nombre de, ninguna industria específica, como podría ser la del gas, el petróleo, la electricidad o los fabricantes de calderas) demuestran que el hidrógeno es menos eficiente, más costoso y más perjudicial para el medio ambiente que las bombas de calor o la calefacción urbana.

Los trabajos (elaborados por organizaciones como la Agencia Internacional de la Energía, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático –IPCC–, el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, el Imperial College London o McKinsey) han sido analizados por Jan Rosenow, director para Europa del think tank energético Regulatory Assistance Project (RAP) y su informe final se ha publicado en la revista académica Cell Reports Sustainability.

En ningún estudio, el hidrógeno reduce los costes para el consumidor

Los edificios son responsables del 30% del consumo total de energía mundial –apunta Rosenow–, y el 26% de las emisiones globales de carbono están relacionadas con la energía.

La estrategia habitual que se ha seguido para reducir las emisiones, señala, implica disminuir la demanda de calefacción de los edificios, principalmente mediante la toma medidas de eficiencia energética como el aislamiento. Pero, subraya, aunque esto reduzca las emisiones, la eliminación completa “no será posible mientras el sistema de calefacción dependa de los combustibles fósiles”.

Y es ahí donde el hidrógeno verde (que se produce a partir de electrólisis, utilizando electricidad renovable e hidrógeno azul procedente del vapor) se ha percibido como una solución, algo que desmontan los estudios examinados.

En todos los informes, menos en uno, el coste del sistema energético es más alto con el hidrógeno que con la electrificación (ya sea directa o por calefacción urbana). Y en ninguno el hidrógeno es más barato en cuanto a los costes para el consumidor.

Otra cuestión que también se destaca es la posibilidad de producir grandes cantidades de hidrógeno limpio en los plazos que se han marcado dentro de los objetivos climáticos. De momento, enfatizan, el hidrógeno verde y el azul proporcionan menos del 1% del hidrógeno total.

Apostar por el hidrógeno para que juegue un papel importante calentando las casas, resalta el autor, “es, en el mejor de los casos, una estrategia arriesgada, y, en el peor, un callejón sin salida que no acabará con las nuevas infraestructuras de combustibles fósiles”.

El hidrógeno se utilizará en calefacciones híbridas

Todo lo anterior, no obstante, no quiere decir que el hidrógeno no vaya a jugar ningún papel para calentar los edificios, advierten, puesto que algunos de los estudios sugieren una utilización limitada en calefacciones híbridas, por ejemplo, en zonas industriales y en clusters con alto uso y producción de hidrógeno.

Una revisión reciente del rendimiento de las bombas de calor en climas fríos, agrega Rosenow, también considera que “los sistemas de calefacción híbridos pueden ser necesarios para temperaturas muy frías, dado que el rendimiento de la bomba de calor disminuye con temperaturas exteriores decrecientes y la demanda de calor es altamente estacional”.

Por supuesto, concluye, las tecnologías del hidrógeno serán más eficientes con el paso del tiempo, “y los costos probablemente disminuirán”, pero esas reducciones ya se han contemplado en los estudios sobre los que se ha inquirido. Por ello, sostiene, es poco probable que estas previsiones acerca del escaso uso del hidrógeno en la calefacción doméstica cambien en demasía.

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