El carbón de las turberas fue la fuente de energía por excelencia en los hogares rurales irlandeses. Tras siglos de explotación y degradación, hoy se intenta restaurar uno de los ecosistemas con más biodiversidad y capacidad para capturar carbono del mundo.
Una narrativa desinformadora relaciona la sequía en el territorio con el derribo de presas a pesar de que las barreras demolidas estaban en desuso o debían destruirse por ley al haber terminado su concesión, según los expertos consultados. La mayoría, además, son azudes, pequeñas estructuras que no acumulan agua.
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