Mohamed Salem, artista y agricultor del Sáhara Occidental, obtuvo en 2025 el premio Joven por el Clima, entregado en el MoMA de Nueva York, por su proyecto de ‘jardín nómada’.
En un contexto de incertidumbre global y crisis climática, la población refugiada saharaui sobrevive en uno de los entornos más hostiles. Tal vez el mundo pueda aprender del modelo de soberanía alimentaria y agricultura de oasis de las mujeres saharauis.
Mantener un huerto productivo y ecológico en un desierto puede parecer una quimera. Pero las mujeres saharauis luchan para adaptarse a un terreno pedregoso y salino, al viento huracanado, a las inundaciones y a las tormentas de arena. Porque producir tus propios alimentos es en sí una declaración de independencia.
Hace medio siglo se produjo la expulsión de la población saharaui de sus tierras junto al oceáno Atlántico. De ser gentes libres y nómadas, se vieron forzadas a vivir como refugiadas en el exilio. Hoy, las mujeres saharauis hacen posible lo impensable: reverdecer el desierto con huertos.
Huertos en el desierto, muros de adobe, barreras vegetales, gestión hídrica… La población refugiada en los campamentos de Tinduf lleva décadas dando prueba de adaptación y resiliencia en la 'hamada' argelina.
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