Los jardines que hoy en día sirven de refugio climático en ciudades como Berlín son una herencia industrial que surgió como esparcimiento para las clases trabajadoras.
El arbolado puede hacer bajar los termómetros hasta 10 °C y reduce cerca de un 50% el efecto isla de calor, pero la gestión de las infraestructuras verdes urbanas también tiene retos importantes.
Los sindicatos reclaman "un análisis exhaustivo para valorar si es más rentable construir un nuevo centro o acometer reformas" ante la realidad permanente de las altas temperaturas.
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