Quemar combustibles fósiles, al igual que fumar, mata

Un informe de la NCD Alliance y el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible insta a los gobiernos a actuar como lo hacen contra el tabaco.
Pancarta en la Marcha Popular por el Clima en EE. UU. en 2017. Edward Kimmel/Wikimedia Commons Foto: Climate_March_1123_(34327144666)

La quema de combustibles fósiles provoca emisiones de dióxido de carbono que contribuyen al calentamiento global. Desde una perspectiva de salud pública, la contaminación atmosférica que produce es, además, la causante de siete millones de muertes al año, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El informe Burning Problems, Inspiring Solutions: Sharing lessons on Action Against Tobacco and Fossil FuelsQuemar los problemas, inspirar soluciones: compartiendo lecciones de acciones contra el tabaco y los combustibles fósiles–, elaborado por el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD) y la Alianza de Enfermedades No Transmisibles (NCD Alliance) y publicado el pasado 18 de septiembre, llama a la acción política para acabar con la quema de combustibles fósiles.

La propuesta de estos organismos, que presentaron su análisis pocos días antes de que se celebrase la Reunión de Alto Nivel de la ONU sobre la Cobertura Sanitaria Universal, consiste en llevar a cabo acciones parecidas a las que ya se desarrollan contra el tabaquismo en muchos países de todo el mundo. “¿Podemos llegar a un punto en el que algún día los lemas de advertencia como “quemar combustibles fósiles mata” se vuelvan tan comunes en las gasolineras o en las facturas de electricidad como las advertencias sanitarias que se encuentran en los paquetes de cigarrillos en todo el mundo?”, se pregunta Nina Renshaw, directora de políticas e incidencia de la NCD Alliance y coatura del informe.

Según este documento, uno de los principales problemas que existen es la falta de información pública sobre los efectos peligrosos para la salud de la contaminación del aire por la quema de combustibles fósiles. “Normalmente, no ocupa un lugar destacado en las agendas de salud pública”, explica Lourdes Sánchez, asesora de políticas de IISD, que también ha participado en el informe. “El Acuerdo de París sobre cambio climático ni siquiera menciona los combustibles fósiles: se enfoca en las emisiones de gases de efecto invernadero sin nombrar sus causas fundamentales. Hay una necesidad urgente de acelerar el ritmo: quizás es hora de abordar el tema desde una perspectiva más de salud pública, tal como lo hemos hecho en la lucha contra el tabaquismo”, añade Sánchez.

Así, el citado informe contiene una serie de recomendaciones para que los gobiernos implementen medidas en este sentido cuanto antes. En primer lugar: nombrar y abordar los combustibles fósiles como la causa principal del problema de la contaminación atmosférica, tal como se hizo con el tabaco y algunas enfermedades. En esta línea, se propone la sensibilización de la población sobre los efectos negativos que tiene para la salud la quema de combustibles fósiles, más allá del impacto sobre el clima. El informe sugiere también regular e implementar medidas gubernamentales para frenar la producción y el uso de estos combustibles a través de varios mecanismos: tener precios de mercado adecuados a la reforma de subsidios o la creación de regulaciones que prohíban la producción y el consumo de ciertos productos. Una tercera propuesta es la definición de planes de transición adecuados, equitativos y justos en los que se reconozcan las necesidades de aquellos grupos que dependen del petróleo, el gas y el carbón, ya sea como consumidores o como trabajadores.

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