Los jardines y huertos urbanos como refugio social y climático

Los jardines y huertos urbanos sirven de refugios climáticos durante el verano y tienen beneficios sociales y ecológicos durante todo el año. En Málaga, a pesar de las propuestas y de que todos los distritos tienen asignada una parcela para plantarlos, estos espacios escasean.
Los jardines y huertos urbanos como refugio social y climático
Foto: huerto urbano.

Los termómetros ya vuelven a superar los 30 ºC. El pequeño descanso térmico invernal ha sido corto. La primavera meteorológica ha empezado y llevará las temperaturas por encima de los 40 ºC en muchos puntos del sur de España, lo que obligará a buscar refugios climáticos, como los jardines urbanos. Estos forman parte de algo más grande, la infraestructura verde de la ciudad que, interconectada y bien gestionada, cumple funciones ecosistémicas para enfrentar la ciudad a la crisis climática

Estos jardines y huertos, que se encuentran salteados por el mapa, regulan la temperatura, limpian el aire, ayudan a la biodiversidad, y por supuesto, proveen de comida fresca. Miguel Ángel Quesada, catedrático de Fisiología Vegetal de la Universidad de Málaga, impulsó un proyecto de huerto urbano en el campus, que además tiene una función de investigación y preservación de las especies menos rentables comercialmente.

El experto explica que, aunque históricamente han cumplido una función alimentaria y todavía hoy son clave en la estrategia de la ONU contra el hambre, en España cumplen sobre todo una función social: «Los huertos generan dinámicas potentes, hace que la ciudadanía no seamos sujetos pasivos y anónimos, sino que, además, contribuyamos a hacer las ciudades diferentes, planteándolas de abajo arriba y no de arriba abajo».

Además, los más jóvenes van de excursión a los huertos urbanos y aprenden un poco más de la naturaleza y del valor de la comida. También es un lugar donde las familias pueden ir a hacer actividades juntas o donde los más mayores, que muchas veces son los que más solos están, pueden socializar y pasar el rato al aire libre.  

Sin embargo, y a pesar de los beneficios sociales y ecológicos, estos huertos no son proyectos fáciles de poner en marcha. Y no solo porque la gente que vive en la ciudad no suela tener los conocimientos necesarios para el cultivo de hortalizas, sino porque se necesita compromiso, constancia y algo de ayuda. Según Quesada, en Málaga, donde él vive, lo que falta es apoyo institucional: «El Ayuntamiento no es especialmente proactivo en el tema de la horticultura urbana», afirma.

«Lo fue puntualmente en 2015 dado el número de solares vacíos, pero en términos generales no apoya el uso social de los espacios porque el suelo es una inversión muy importante que se usa para desarrollos urbanísticos», explica mientras recuerda un megaproyecto de rascacielos justamente donde un grupo vecinal quiere plantar un bosque urbano. Según el catedrático, no hay una oposición directa por parte del Ayuntamiento, pero tampoco un apoyo claro de una Málaga que quiere ser ejemplo de ciudad sostenible en 2027.

La lucha al desgaste por los huertos urbanos

Málaga opta a ser la sede de la Expo2027 bajo el lema de «ciudad sostenible», aunque para ello no está apoyando firmemente algo tan ecológico y sostenible como los huertos urbanos. Aunque hay algún jardín exitoso como el Jardín de Gamarra, la mayoría tiene que pelear por cosas tan básicas como la tierra o el agua. Y eso a pesar de que, según una ordenanza municipal, todos los distritos tienen asignada una parcela para esta finalidad.

Isabel Herriz lo intentó en Málaga-Este después de que viera el interés que despertaba su pequeño huerto privado: «De pronto, la gente se interesaba en ver qué estaba haciendo, preguntaba qué era y conocí a gente de la misma calle en la que vivo desde hace más de 30 años». Animados por ello, un grupo de amigos intentó iniciar un huerto comunitario pero, según explican, el Ayuntamiento no se lo puso fácil, o no tan fácil como suele ser en otros países europeos.

Cada vez que iban le pedían un nuevo requisito. Primero, que tuvieran un proyecto bien redactado; luego las fotos; luego, el apoyo de otros colectivos del barrio; que hicieran una lista para compararse con otros huertos como los de Sevilla… y cumplieron todos. Hasta que sólo quedó el silencio. Dicen que el consistorio malagueño, en este sentido, juega al desgaste: «Creo que la estrategia del Ayuntamiento es que cuando no quieren hacer algo por la razón que sea te aburren. Conforme le íbamos respondiendo positivamente pedían algo más».  Y se harta: «Como no te contestan llega un momento que te aburres y te olvidas«.

En la ciudad de Málaga hay más ejemplos de huertos urbanos, unos más desarrollados que otros, como el citado Jardín de Gamarra, que esconde un paraíso verde entre bloques y asfalto, o el huerto de La Dignidad, donde el Ayuntamiento lleva agua de vez en cuando en bidones, una acción claramente insuficiente en verano. Los huertos urbanos son verdaderos refugios climáticos con una miríada de beneficios sociales donde en el peor de los casos se puede tomar una limonada a la fresca en las tórridas tardes de verano. 

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