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Cuando marzo mayea, mayo marcea. Año de nieves, año de bienes. Cielo aborregado, a los tres días remojado. A higuera sin higos no acuden mirlos. Son refranes. Y sobre el tiempo, abundan. El curso del cambio climático ha dejado invalidados muchos de estos proverbios populares y ni marzo mayea ni mayo marcea. Sin embargo, sí pueden ayudar en la comprensión del impacto del cambio climático y guiar la investigación futura.
Esta es la principal conclusión de un estudio elaborado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona que ha seleccionado el área de Sierra Nevada, en Granada, por dos razones fundamentales. La primera es que la población de este enclave ha dependido de recursos naturales para mantener su sustento. “Actividades de medios de vida en Sierra Nevada estaban tradicionalmente vinculados a las condiciones climáticas locales y a técnicas de gestión del agua que, durante siglos, dieron forma a paisajes de ingeniería dominado por acequias e infraestructuras de almacenamiento como los aljibes”, explica el estudio, publicado en Regional Environmental Change. Es decir, la agricultura tradicional, la ganadería y otras actividades de subsistencia dependían del mantenimiento de este paisaje modificado por el ser humano.
Y el segundo motivo, según los investigadores, es la disponibilidad de datos científicos que indican evidencia de los impactos locales del cambio climático y que pueden ser usados, en parte, como base de comparación para analizar los refranes relacionados con el clima.
Según el estudio, las personas encuestadas –que han vivido en el área durante 25 años o más– consideran en su mayoría que los refranes no son precisos hoy en día. «En el pasado, el ganado solía anunciar la lluvia; pero ahora solo se sabe cuando llueve cuando se mojan”, dice uno de los testimonios, que indican una pérdida general de precisión de los métodos tradicionales de pronóstico del tiempo. Además, las personas mayores y las que trabajan en el sector primario perciben más refranes como inexactos, “probablemente porque la edad da una base más larga para comparar y entender” y porque la dependencia e interacción diaria con el entorno las hace “más conscientes de los cambios”.
El estudio, por tanto, revela cómo esta percepción de falta de precisión coincide con las tendencias documentadas por la literatura local, regional y científica y los impactos del cambio climático recogidos a través del Observatorio del cambio global de Sierra Nevada, establecido en el Parque Nacional desde 2007. Los datos de este observatorio, por ejemplo, indican que la zona ha registrado una disminución en las precipitaciones y un aumento en el promedio anual de temperaturas máximas y mínimas. También muestran modificaciones en la nieve y en el permafrost. En otros casos, la precisión percibida proporciona nueva información sobre los impactos del cambio climático científicamente indocumentados en el área.
“Muy pocos estudios, y ninguno en España, se han aventurado a estudiar el cambio climático a escalas locales a través de canciones, historias o refranes. Sin embargo, este trabajo muestra que, a pesar de algunas limitaciones, estas formas tradicionales de conocimiento local encriptado podrían ser una fuente útil para hacerlo y una ventana de oportunidad para interactuar con las comunidades locales”, explica en una nota María Garteizgogeascoa, coautora del estudio junto con David García del Amo y Victoria Reyes-García.
“Durante mi trabajo de campo, los refranes demostraron ser una herramienta útil para involucrar a los participantes en las discusiones sobre los problemas del cambio climático», añade Garteizgogeascoa, quien confía en que esta investigación, junto con la creciente literatura sobre el cambio climático y el conocimiento local, «contribuya a visibilizar los beneficios y necesidades de una ciencia del cambio climático que integre diferentes sistemas de conocimiento para desarrollar una política más democrática y focalizada”.
En esa misma línea, Reyes-García sostiene que en ausencia de datos meteorológicos del pasado, el conocimiento tradicional recopilado en proverbios y otras formas de conocimiento popular puede ser una fuente alternativa de información para comprender los impactos del cambio climático.




