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Tras una jornada de jueves marcada por un incendio que paralizó todo durante siete horas, la cumbre del clima de Belém (Brasil) encara este viernes su –teórico– último día. La presidencia ha difundido durante la mañana nuevos textos a la espera de ser aprobados por los países presentes. En uno de ellos –el conocido como Mutirão, una especie declaración política–, ha desaparecido toda referencia a los combustibles fósiles, a diferencia del borrador anterior publicado el martes pasado.
El texto en cuestión –que la organización aspira a que sea el definitivo– ya no habla de una «hoja de ruta» para dejar atrás los combustibles fósiles, como sí hacía el anterior. Por no haber, no hay ni una sola mención al término “combustibles fósiles”, a pesar de ser el principal responsable del cambio climático que la COP30 intenta abordar.
Una vez más, la presión petroestados y países dependientes de los fósiles ha surgido efecto en unas negociaciones que aspiraban a dar un impulso a la acción climática.
Para hacer frente a esto, cerca de 40 países enviaron en la noche del jueves una carta a la presidencia brasileña de la COP30 amenazando con bloquear cualquier acuerdo que no incluyera el compromiso a avanzar hacia el fin del carbón, el petróleo y el gas. La misiva, según adelantaba The Guardian, estaba respaldada inicialmente por España, Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Francia, Colombia, Austria, Bélgica, Chile, Colombia, Costa Rica, Croacia, Chequia, Estonia, Finlandia, Guatemala, Honduras, Islandia, Irlanda, Liechtenstein, Luxemburgo, Islas Marshall, México, Mónaco, Panamá, Palaos, Eslovenia, Suecia, Suiza y Vanuatu.
El nuevo borrador de Mutirão –palabra del portugués brasileño que remite a un esfuerzo colectivo para llevar a cabo una tarea compleja y que está confundiendo hasta a los propios locales–, a diferencia de la versión anterior, reconoce que para limitar el calentamiento en 1,5 °C es necesario reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 43 % para 2030 y del 60 % para 2035, en relación con los niveles de 2019, y alcanzar cero emisiones netas de dióxido de carbono para 2050,
Para ello, la presencia propone lanzar el “Acelerador Global de Implementación”, una iniciativa “cooperativa, facilitadora y voluntaria” para “acelerar la implementación, mejorar la cooperación internacional entre todos los actores para mantener el 1,5 °C al alcance, y apoyar a los países en la implementación” de sus planes climáticos de mitigación y adaptación. Asimismo, quieren impulsar la “Misión de Belém para el 1,5”, destinada a “facilitar la ambición y la implementación” de esos planes de mitigación y adaptación de los países. Ambas propuestas ya estaban presentes en el anterior documento, no así una tercera que desaparece: hacer una revisión anual de los planes climáticos con el objetivo de reducir la brecha actual.
Las otras grandes cuestiones
Si bien, como es habitual, la atención se centra en poner fin a los combustibles fósiles, hay otros temas igual de relevantes por resolver, como financiación, comercio, adaptación y transparencia.
La nueva versión del texto elimina toda referencias a los 100.000 millones de dólares anuales que los países ricos prometieron –y no cumplieron– destinar a las naciones en desarrollo. En su lugar, se pide aumentar los esfuerzos para triplicar la financiación para adaptación y se concentran en nuevos objetivos: movilizar 300.000 millones anuales para 2035 en adaptación y mitigación, y escalar el financiamiento total —público y privado— hasta 1,3 billones de dólares al año para ese mismo año. El documento reafirma, además, que los países desarrollados “deben” proporcionar financiamiento climático y que otros países pueden contribuir de forma voluntaria.
Además, se establece un programa de trabajo bianual sobre financiamiento climático, incluyendo el cumplimiento del Artículo 9.1 del Acuerdo de París, que obliga a los países desarrollados a proveer recursos financieros para apoyar a los países en desarrollo. También se introduce un compromiso claro de aumentar el financiamiento para adaptación y de preparar un diálogo de alto nivel sobre el nuevo objetivo colectivo cuantificado (NCQG).
La “COP de la verdad”
El texto presentado este viernes –y que será sometido a escrutinio de los países en las próximas horas– dice ser la “COP de la Verdad”, al «restaurar la confianza y la esperanza en la lucha contra el cambio climático al reunir ciencia, equidad y determinación política, promover la integridad de la información, así como reforzar el multilateralismo, conectar el proceso con las personas sobre el terreno y acelerar la implementación del Acuerdo de París». Una afirmación que, visto lo visto en estas dos semanas, es cuestionable.
Tras varias cumbres del clima seguidas en petroestados sin derechos humanos, la de Brasil –si bien es también un país con mucha dependencia fósil y deforestación– parecía ser una COP diferente. Sin embargo, “las negociaciones han sido las más oscuras que hemos tenido en la historia”, denuncia Javier Andaluz, de Ecologista en Acción.
A diferencia de otros años, donde había un continúo flujo de borradores antes de llegar al definitivo, la presidencia de la COP30 apenas ha distribuido textos entre la sociedad civil y la prensa. “Esta no es la forma de proceder. Las negociaciones no solo son de países, sino son para todo el mundo”, remarca Andaluz, responsable de Clima y Energía en la ONG.





Las protestas, celebradas bajo el lema “El clima exige acción, el futuro esperanza”, han denunciado el actual modelo económico basado en combustibles fósiles que “agrava las desigualdades sociales, eleva el coste de bienes básicos y genera crisis diversas que benefician solo a unos pocos, mientras aumentan los fenómenos extremos como olas de calor, inundaciones e incendios”. Más de 50 organizaciones han firmado el manifiesto lanzado por la Alianza por el Clima, que exige un pacto sociopolítico que garantice los medios necesarios para reducir urgentemente las emisiones y afrontar los crecientes riesgos climáticos, reclamando que “el poder, los recursos y las decisiones estén en manos de las comunidades que arden y se inundan, no en las de quienes se lucran de nuestra vulnerabilidad”.