El negacionismo como estrategia política en la campaña electoral

"Es un grave error fomentar el negacionismo como estrategia política porque la ciencia ofrece conocimiento y no ideología, los hechos son los que son y los son para todos, porque viajamos todos en la misma nave alrededor del sol", asegura la autora.
MARKUS SPISKE Foto: MARKUS SPISKE

En ocasiones la vida nos ofrece la oportunidad de conversar con personas que tienen una visión de la realidad que nos sorprende. Esto puede ayudarnos a ampliar nuestra perspectiva de la realidad, pero también puede hacernos entrar en un estado de perplejidad que solo es posible abandonar tras el análisis, tanto de lo que la persona dice como de lo que refiere o acontece. En este caso, lo que acontece es una campaña electoral y mi estupefacción se produjo tras escuchar a una persona con formación y madurez negar el conocimiento científico que explica la crisis climática. 

Mi interlocutor negaba el origen antrópico del cambio climático. Me cuestioné entonces si se trataba de una “creencia” negacionista o si era una “opinión” que obedecía a alguna otra lógica. Tras escuchar los diversos debates electorales emitidos por las cadenas públicas durante la campaña, observo que se trata de un discurso público que obedece a una clara estrategia política para tratar de romper el consenso político en torno a la naturaleza y gestión de esta crisis global, con un discurso de confrontación que diferencia y refuerza la propia marca.

Antes de comentar la estrategia negacionista observada en esta campaña, conviene recordar que la ciencia es a la vez actividad y resultado de la aplicación del método científico, que se caracteriza por ser empírico, objetivo, verificable o replicable, acumulativo y público. Y es objetivo porque los hechos observados deben ser obvios y mensurables para distintos observadores, de modo que exista acuerdo entre ellos. Por esta razón, el conocimiento que nos aporta la ciencia está basado en datos, que no en percepciones, y en el consenso científico, es decir, en el grado de acuerdo entre los observadores (científicos). 

El método científico es aplicado en múltiples disciplinas, desde la medicina al estudio del clima. Sin embargo, hemos observado crecientes niveles de desinformación circulante, que incluye al discurso negacionista, y descalificaciones a quienes informan, divulgan o tratan de tomar medidas acordes con el robusto conocimiento científico existente sobre la crisis climática. Tal es la preocupación en la comunidad científica internacional que la revista Nature publicaba la semana pasada un artículo sobre el impacto de la desinformación en los discursos y políticas públicas que afectan a asuntos tan graves como las vacunas o la crisis climática.

En los últimos días vuelven a ser noticia una larga lista de problemas en nuestro sistema ecológico que tienen un severo impacto en la economía y en la salud humana. Mientras el agua dulce se retrae en el mundo, comenzamos a ver el rostro a una crisis climática anunciada desde hace décadas por la ciencia. El tercer Informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio climático de Naciones Unidas (IPCC) emitido en el año 2007 contenía datos precisos que avanzaban estos cambios que ya experimentamos. El tercer eje de la crisis climática: la falta de agua dulce intensifica el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad.

Fuente: IPCC, 2007 y EEA Agencia Europea del Medio Ambiente (Informe: “Los impactos del cambio climático en Europa:  una evaluación basada en indicadores, 2008”).

La ciencia no es infalible y por ello el procedimiento científico somete el conocimiento disponible a una revisión epistemológica periódicamente, aplicando nuevas técnicas y herramientas tecnológicas para poner a prueba conceptos, modelos, leyes y teorías. Por ello, podemos decir que el conocimiento que emana del Sexto Informe de evaluación del IPCC se basa en los modelos más precisos, hace uso de la tecnología más avanzada para el estudio del clima y cuenta con un consenso científico internacional sin precedentes. Pero este robusto conocimiento que aportan los informes del IPCC no parece ser atendido por la formación política ultraconservadora que se presenta en Comunidades y municipios con opciones para cogobernar en las instituciones. 

Estrategias negacionistas importadas

En los debates hemos visto que, uno tras uno, esta formación política despliega algunas de las conocidas estrategias argumentativas del negacionismo que aparecieron hace décadas en el mundo anglosajón, especialmente en Estados Unidos. A finales del siglo pasado, a medida que la crisis climática comenzaba a cobrar relevancia y a interactuar con las agendas política y mediática, surgieron nuevos actores en la comunicación que negaban el mensaje de la ciencia en defensa de los intereses de ciertos grupos de presión o lobbies norteamericanos (Trumbo, 1996). El estudio de este complejo fenómeno puso en evidencia la existencia de un negacionismo muy influyente en EEUU, ligado fundamentalmente a la industria de los combustibles fósiles (Almirón y Moreno, 2022), que logró convertir el cambio climático en un asunto de confrontación política y polarización que ha sido ampliamente estudiado (Painter, 2011; 2013).

Hoy en España, mientras los impactos del cambio climático en los territorios resultan innegables, el negacionismo en campaña niega su origen antrópico, si bien constituye una evidencia científica incuestionable para la comunidad científica internacional: “Las actividades humanas, principalmente a través de las emisiones de gases de efecto invernadero, han causado inequívocamente el calentamiento global, con una temperatura superficial global que alcanzó 1,1 °C por encima de 1850-1900 en 2011-2020”. (IPCC, 2023, p.4)

De acuerdo con los datos de la Organización Meteorológica mundial (OMM), el CO2 (el más abundante de los gases de efecto invernadero) ha incrementado notablemente su concentración (medido en partes por millón) en relación con los niveles preindustriales. Lejos del consenso científico internacional, el discurso negacionista recurre con frecuencia a estudios pseudocientíficos aislados o a algunos conocidos activistas, ahora negacionistas, que reniegan de sus organizaciones. También encontramos en redes sociales y en algunos medios una práctica que conocida como falso equilibrio (balance) periodístico, que contrapone al mismo nivel una opinión no cualificada con el conocimiento expresado por un/a científico/a. (Véase el caso del programa Más Vale Tarde y la controversia entre el Ambientólogo y Dr. Andreu Escrivá y Esperanza Aguirre.)

Como postulado negacionista, se tilda de catastrofista el mensaje científico que emana de las más importantes instituciones científicas internacionales y nacionales (IPCC; NOAA; NASA; EEA, AEMET; OMM, entre otras), que alerta sobre los riesgos provocados por el cambio climático. En los debates electorales, escuchamos cómo los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030 son calificadas como políticas ideologizadas de la izquierda que pretenden el adoctrinamiento de la población.

Sin embargo, el Estado de Emergencia Climática y Ambiental fue declarado en un Parlamento Europeo con mayoría conservadora. Con el fin de alcanzar la neutralidad climática en 2050, el comisario de Acción por el Clima y Energía, Miguel Arias Cañete, del Partido Popular español, trabaja por la modernización y transformación hacia una economía climáticamente neutra. Al margen del debate sobre el grado de acierto de las medidas desplegadas, las políticas públicas de la UE entienden los graves impactos que enfrentamos y la necesidad de dar una respuesta inmediata, llegando a amplios acuerdos de consenso como El Pacto Verde. El Banco Mundial, El Foro de Davos o el Fondo Monetario Internacional enfrentan el cambio climático como un grave problema para la economía mundial y para las desigualdades sociales. 

Discurso populista

Bajo el pretexto de la existencia de anteriores cambios en el clima a lo largo de la historia geológica de nuestro planeta (argumento esgrimido en la Sede de la Asamblea de Madrid por la presidenta de la Comunidad), se pretende negar la intervención humana en el rápido calentamiento global. Desde esta lógica, que niega los efectos del comportamiento humano, se evita la responsabilidad de las causas y de las soluciones que comprometen nuestros hábitos, amparándonos en la falacia idealista de que la acción humana no ha sido ni es capaz de modificar el clima, ni para causar daños ni para solucionar los problemas.

Para el negacionismo, es necesario desacreditar el conocimiento científico y a quienes lo transmiten para poder elaborar discursos que justifiquen medidas como la eliminación de las Zonas de Bajas Emisiones en las ciudades. En Madrid, el argumento ultraconservador ha apelado a la “libertad” de los usuarios y a la solidaridad con quienes no pueden pagar un coche eléctrico. No se plantean medidas para promover el transporte público, facilitar la electrificación del sector de reparto o abaratar la electrificación de parque automovilístico. Se trata de un discurso populista dirigido a quienes no tienen recursos para comprar un coche eléctrico, pero también para quienes con más recursos viven en la periferia en un entorno poco contaminado y quieren seguir entrando con de sus vehículos en el centro de las ciudades. De esta manera, quienes habitan en el interior una ciudad como Madrid carecen de derecho a un aire limpio para garantizar así la libertad de los vehículos de la periferia. 

La estrategia negacionista responde a unos intereses políticos para elaborar un discurso simple que no reconoce las bondades de una transición hacia a otras formas de energía limpia y de movilidad sostenible. El mensaje de la ciencia es claro: necesitamos dejar de emitir gases de efecto invernadero porque el clima del futuro dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Necesitamos medidas de adaptación a los cambios en el sistema ecológico del que dependemos porque formamos parte. Medidas urgentes en el sector primario, en los servicios públicos, para adaptar las infraestructuras de nuestras ciudades y en nuestros hogares. 

En España existe un gran consenso y preocupación en torno al cambio climático con niveles de escepticismo muy bajos (Fernández-Reyes, 2021). Es un grave error fomentar el negacionismo como estrategia política porque la ciencia ofrece conocimiento y no ideología, los hechos son los que son y los son para todos, porque viajamos todos en la misma nave alrededor del sol. Necesitamos promover una cultura de la adaptación, de la prevención y del consenso. En esta tarea la comunicación política puede y debe contribuir también. Lamentablemente, el negacionismo y la polarización retardan el acuerdo necesario para la toma de decisiones, y tal y como dijo Frans Timmermans (vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea) tras la celebración de la COP 27: “Ya hemos perdido mucho tiempo. Y nuestra gente y nuestro planeta no tienen más tiempo que perder”.

Gemma Teso Alonso es doctora en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, coordinadora del Observatorio de la Comunicación del Cambio Climático impulsado por ECODES y el Grupo de investigación Mediación Dialéctica de la Comunicación Social, y profesora en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.

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COMENTARIOS

  1. Mentiras y fakes contra el medio ambiente y la democracia
    El otro día un compañero recibió el whatsapp de las «256 presas destruidas para crear sequía en la población…», donde se acusaba al gobierno, a los ecologistas y al pueblo en general del problema de la sequía. Le explicamos que era una mentira, fake news, porque lo que se derruye son azudes y presas pequeñas caducadas y obsoletas, llenas de los sedimentos que arrastran los ríos y que ya no sirven para almacenar agua, por eso vuelven a ser de dominio público y las leyes obligan a derruirlas para recuperar la fluidez de los ríos y su fauna autóctona. El mensaje no lo firmaba nadie pero por su contenido y procedencia indudablemente provenía de la derecha o la extrema derecha, y por supuesto no mencionaba los vaciados de pantanos que recientemente han hecho las eléctricas, dejando en pueblos y regantes sin apenas agua en plena sequía…
    https://www.ecologistasenaccion.org/292829/mentides-i-fakes-contra-el-medi-ambient-i-la-democracia/

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