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“El Pacto Verde Europeo es una huida hacia adelante que pinta de verde el capitalismo más convencional”

Alfons Pérez presenta 'Pactos Verdes en tiempos de pandemias', un libro en el que ahonda en la necesidad de diseñar una salida ecológica y sostenible a la crisis de la COVID.
Alfons Pérez. Foto: OLYMPUS DIGITAL CAMERA

“Es la primera vez que las administraciones y los estados reconocen que la recuperación a una crisis debe ser verde”, explica Alfons Pérez. El ingeniero e investigador del Observatori del Deute en la Globalització reflexiona en su último libro, Pactos verdes en tiempos de pandemia (ODG, Libros en Acción e Icaria), sobre la necesidad de que la salida a la crisis del coronavirus se dibuje teniendo en mente una transición ecosocial. Los pactos verdes, tanto el de la Unión Europea como el Green New Deal de Estados Unidos apuntan hacia este objetivo. Pero no es oro todo lo que reluce.

Pérez pone de relieve el riesgo, que ya se constató en la recuperación a raíz de la crisis del 2008, de que se acabe rescatando a las grandes empresas, que anteponen su agenda económica a la ecológica. La próxima llegada de los fondos de recuperación europeos Next Generation EU, que harán desembarcar en España 140.000 millones de euros, puede ser una macrofinanciación a grandes corporaciones “que pagarán con dinero público su transición ecológica”, convirtiéndose en “una gran campaña de Greenwhashing”, alerta Pérez.

A pesar de que pudiera parecer que la Unión Europea hace los deberes, ya que su huella ecológica disminuye dentro de las fronteras comunitarias, hay que tener en cuenta que los estados deslocalizan la producción de energía y extracción de materias primas a lugares como China, que supone el 20% de importaciones de la UE, siendo el causante del 25% de las emisiones del planeta. La globalización, pues, se conforma como uno de los grandes enemigos del cambio climático. Alfons Pérez pone de relieve la necesidad de hacer incidencia política para forzar un cambio verde en el corto plazo, pero tiene claro que la transformación ecosostenible real vendrá de la mano de la sociedad organizada.

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El libro es una crítica al Pacto Verde Europeo que, por otro lado, es la política climática más tangible que tenemos. Habla de alternativas comunitarias, pero ¿es viable que la sociedad organizada sea capaz de llevar a cabo una revolución ecosostenible?

Las redes existentes no tienen los recursos de la Unión Europea, pero si se coordina el potencial de los movimientos, la economía social y solidaria y las pequeñas empresas con vocación, se pueden dar estrategias muy fuertes de incidencia política para que el Pacto Verde Europeo se parezca un poco menos a lo que es ahora y no acabe favoreciendo a los actores de siempre. El Pacto Verde Europeo es una huida hacia adelante que pinta de verde el capitalismo más convencional.

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Parece que volveremos a financiar a las grandes empresas con dinero de grandes bancos como el BCE. La transformación verde cuesta dinero. ¿Es posible un cambio sin los grandes financiadores?

El dinero europeo no sale gratis: vendrá con muchos condicionantes que a medio plazo pueden afectarnos con recortes y austeridad. Hay otras maneras de conseguir fondos. Por ejemplo, endurecer la fiscalidad a las rentas más altas o nacionalizar sectores estratégicos. Hay diversas estrategias que se podrían usar para no caer en la austeridad del régimen europeo. El reto ahora es incidir sobre los fondos europeos de recuperación y, si podemos hacer que un euro vaya a proyectos transformadores y no a las grandes corporaciones, ya será una victoria.

En el libro asegura que las  grandes empresas aprovecharan esta inyección de fondos para  financiar con dinero público su transformación verde, que acabará siendo obligatoria, sin que les cueste un euro.

Durante la pandemia, las empresas han cimentado su política de marketing en el greenwashing, asegurando su compromiso y neutralidad climática. Pero esto no era más que una campaña de financiación, porque sus prácticas son las mismas. Es cierto que la transformación verde forma parte del plan de negocio de algunas de estas empresas, por ejemplo las que comercializan combustible fósil, porque ya hay problemas de escasez de petróleo. No es sólo que se quieran pintar de verde, sino que si no se transforman, se hunden. Otra cosa es que nuestro criterio de ‘verde’ difiera del suyo.

Da la sensación de que cuando se habla de transformación ecológica sólo se piensa en niveles de contaminación y poco más ¿Qué nos estamos dejando?

Los pactos institucionales como el Green New Deal (EE. UU.) o el Pacto Verde Europeo ponen mucho el acento en la tecnología, porque sus planes de transformación económica pasan por la digitalización. Pero para esto necesitan a la minería y la minería supone grandes impactos medioambientales. Ya hay constricciones muy importantes para extraer materias primas críticas como el cobalto, el níquel o el litio. Debemos ir con cuidado y no aumentar la demanda de estos materiales, porque se encuentran en zonas muy vulnerables donde se reproducirá el modelo minero de gran escala que ha causado graves impactos durante los últimos 40 años. Este modelo ha expoliado territorios, ha expulsado comunidades enteras y ha asesinado a activistas.

Los pactos verdes tienen unos alcances territoriales muy delimitados. En el libro habla sobre todo de Europa, pero su impacto ecológico se da fuera de las fronteras de la UE.

La Unión Europea es especialista en esto. En las evaluaciones se ve que Europa ha decrecido su consumo material y energético, pero en realidad lo que ha hecho ha sido externalizar las actividades que más impacto generan a la fábrica global china. Ahora bien, esta deslocalización también comporta problemas para Europa, porque puede llevar a una pugna interna entre los actores del capital. Los Estados se pueden ver amenazados por la dependencia energética y abogarían por volver a traer al territorio nacional sus producciones, mientras que las empresas transnacionales siempre quieren producir allá donde sea más barato.

Los pactos apuestan por el crecimiento verde, pero usted dice que nunca llegaremos a crecer de manera sostenible. Apuesta por el decrecimiento. ¿De qué manera el sistema de consumo capitalista podría llegar a decrecer?

El decrecimiento llegará por las buenas o por las malas, será inevitable, porque los recursos son finitos. Pero también está vinculado a un cambio cultural y quizás lleguemos tarde. Se trata de revisar cómo satisfacemos nuestras necesidades. Esto es fácil de decir para mí porque soy un hombre blanco, europeo y de clase media, pero debemos empezar a plantearnos una manera de vivir más frugal. Hacer que los bienes relacionales sean más importantes que los materiales.

Eso pasa por un compromiso con el consumo responsable y ético, apostar por la economía circular… ¿Hablamos de algo muy de clase media? Una mujer migrada, madre soltera y precaria seguramente no tenga el privilegio de vigilar su consumo. ¿Pecamos de elitistas cuando pedimos corresponsabilidad?

Que no sea así depende de una buena intervención pública. Si la administración facilitara huertos urbanos, aportando lugares de trabajo, o creara una moneda social, el consumo responsable sería más accesible. Si lo miras desde la perspectiva libertaria esto suena muy mal, pero las administraciones tienen un papel muy importante para el cambio a corto plazo. Y tienen dinero. Si los movimientos sociales consiguen cambios con gente que participa después de su jornada laboral qué no podría conseguir un estado con voluntad.

Apunta las responsabilidades del Estado, pero ¿considera que son interlocutores válidos para una transformación de futuro?

Es una pregunta complicada. Depende. Del estado y del momento. Ahora creo, con todas las contradicciones, que hay necesidad de interlocutar con los Estados, por su capacidad de intervención en el corto plazo. Estamos ante un cruce de emergencias brutal y necesitamos intervenir y hacer incidencia política. Puede que sólo consigamos cambiar una ley y no hacer la revolución, pero ahora es necesario.

¿Y en el largo plazo? ¿Qué papel jugarían los gobiernos en una transformación verde real?

Es problemático tener a los Estados como interlocutores en el largo plazo por su propia estructura. Los Estados están captados por el poder. Cuando ves que todas las jubilaciones de los dirigentes de los grandes partidos acaban en las eléctricas, la evidencia es clara. El Estado no es interlocutor para hacer un cambio cultural; para eso creo más en las redes de apoyo mutuo y en la gente de base. Pero mientras tanto sí, nos deben proveer.

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