¿Estamos solos en el universo? La ciencia climática nos lo dirá

«Para buscar vida en otros planetas tenemos que entender cómo ha cambiado el clima de la Tierra y qué ha hecho que nuestro planeta sea habitable», afirma el investigador de la NASA Michael J. Way en esta entrevista.
La vía láctea vista desde Gran Canaria. Foto: EDUARDO ROBAINA

La atmósfera es densa y pesada. El dióxido de carbono lo invade todo, hace tiempo que desplazó a los demás gases. Incluso al abundante nitrógeno hoy supone solo un 3% del total. El efecto invernadero es aplastante y hace tanto calor que podríamos fundir plomo en la superficie. El agua, que una vez fue una de las señas de identidad del planeta, se ha evaporado y ha sido expulsada poco a poco hacia el espacio.

No estamos describiendo un futuro distópico de la Tierra producto del delirio humano con los combustibles fósiles. Hablamos de nuestro vecino Venus, un planeta que se cree que en el pasado pudo tener un clima templado, similar al nuestro, y haber albergado vida en su superficie. Un planeta que, por razones que se nos escapan, hoy es un infierno a 480 °C rodeado de nubes de ácido sulfúrico. Si la vida tal como la conocemos estuvo presente alguna vez en su superficie, hace tiempo que desapareció.

«Existe mucho debate en la ciencia sobre cómo Venus llegó a tener la atmósfera que tiene. Hay discusiones de geología, geoquímica, ciencia climática… Pero sabemos muy poco todavía. Se ha especulado con que Venus tuvo un clima templado, porque está en la zona de habitabilidad de nuestro sistema [donde la radiación solar permite que pueda existir agua líquida]. Pero en realidad, por lo que sabemos, puede que nunca fuese así», explica Michael J. Way, astrofísico de la NASA especializado en el estudio del clima de otros planetas.

«Venus también se usa muchas veces como un ejemplo del futuro que le puede esperar a la Tierra si no dejamos de emitir gases de efecto invernadero. Sin embargo, teniendo en cuenta el lugar en el que está nuestro planeta en el sistema solar, no creo que nuestro futuro vaya a parecerse al presente de Venus ni tampoco al de Marte», añade el investigador.

Entender el clima de otros planetas no nos despeja las incógnitas de nuestro futuro. Para eso tenemos al IPCC y a los miles de especialistas del clima que llevan décadas advirtiendo de los riesgos de seguir sobrecargando la atmósfera de gases de efecto invernadero. Pero entender el clima de la Tierra nos sirve para algo más: buscar mundos lejanos en los que pueda haber vida.

Los otros océanos del sistema solar

Syukuro Manabe y Klaus Hasselmann son dos de los tres premiados con el Nobel de Física de 2021. El galardón reconoce su trabajo durante décadas para ayudarnos a comprender los sistemas complejos de la física e intentar descifrar lo que hasta hace no mucho solo nos parecía el caos. Más en detalle, Manabe y Hasselmann han sido premiados por sentar las bases de los modelos físicos que nos permiten entender el clima de la Tierra cada vez mejor. Los modelos que nos ayudan a saber cómo será el futuro si seguimos alterando la composición de la atmósfera.

Estos modelos han ido ganando en complejidad y precisión con el tiempo. Hoy, los llamados modelos generales de circulación, la más utilizada de estas herramientas, necesitan de potentes ordenadores para analizar todas las variables que incluyen. Con ellos, los científicos climáticos simulan las condiciones del sistema Tierra teniendo en cuenta desde la circulación de los océanos hasta la composición de la atmósfera (y cómo los gases de efecto invernadero atrapan el calor del sol).

Gracias a estos modelos, los científicos que estudian qué pasa más allá de las fronteras de la Tierra pueden también distinguir qué otros planetas podrían tener vida. «Solo conocemos un planeta en todo el universo capaz de albergar vida: el nuestro. Los modelos terrestres nos ayudan a entender qué condiciones permitieron que la vida surgiese aquí en el pasado y se mantenga en el presente», explica Michel J. Way. «Para buscar vida en otros planetas tenemos que entender cómo ha cambiado el clima de la Tierra y qué ha hecho que nuestro planeta sea habitable».

Uno de los usos de estas herramientas es estudiar el clima de nuestros vecinos en el sistema solar. Dado que tenemos datos de todos ellos (aunque de algunos muchos más que de otros), sabemos que en Venus hace un calor insoportable y que en Marte, en los días más cálidos, se alcanzan temperaturas cercanas a los 0 °C. O que, en las lunas de Júpiter, a pesar de estar muy lejos de la zona habitable, existen océanos subterráneos en los que las condiciones para la vida podrían no ser tan duras.

El poder de una atmósfera cargada de nubes

En todos aquellos planetas de los que no tenemos datos (ya hay más de 4.300 exoplanetas identificados), la ciencia climática juega otro papel. Ayuda a separar la paja del trigo, diferenciar un pedrusco espacial cualquiera de uno que podría parecerse a la Tierra. «Los modelos climáticos nos sirven para discriminar cuáles son los planetas con más posibilidades de tener un clima como el nuestro y, quizá, vida. Es decir, nos permite elegir cuáles vamos a observar y estudiar más de cerca», añade Michael J. Way. «El objetivo final es encontrar biofirmas, señales de vida como compuestos orgánicos en los gases de la atmósfera».

¿Estamos solos en el universo?
Recreación artística del exoplaneta Próxima Centauri B. Foto: ESO/M. KORNMESSER

Próxima Centauri B es uno de esos exoplanetas, el más cercano a la Tierra de los que se conocen. Se cree que es, además, un planeta parecido al nuestro, salvo porque está mucho más cerca de su estrella (un año dura allí 11 días terrestres) y porque podría estar acoplado a ella al igual que la Luna con la Tierra. Es decir, podría tener siempre una cara iluminada y abrasada por la radiación y otra siempre a oscuras. A priori, este no parece un lugar agradable para vivir.

Sin embargo, los modelos climáticos terrestres han servido para señalar que, a pesar de todo, Próxima Centauri B podría ser habitable. Si el planeta tuviese atmósfera y océanos (algo que todavía no se sabe), las nubes podrían reflejar la radiación y los gases y el agua podrían distribuir el calor por el planeta, permitiendo la vida incluso en la cara oscura. La ciencia del clima solo dibuja las opciones que nos podríamos encontrar si alguna vez logramos observarlo de cerca.

«Sabemos que la Tierra albergó vida hace miles de millones de años en unas condiciones bastante más extremas que en la actualidad», concluye el investigador de la NASA. «Conocemos miles de exoplanetas y la mayoría están fuera de la zona habitable de su sistema solar. Con los modelos climáticos podemos entender cuáles tienen realmente unas condiciones templadas y aptas para la vida, estén donde estén».

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COMENTARIOS

  1. Tengo entendido, y así lo creo yo, que hay más mundos en el universo que florecillas en primavera en todos los prados de la tierra y que éste planeta Tierra viene a ser en el universo como una escuela de párvulos.
    También tengo entendido que los terrícolas estamos, con nuestro comportamiento irresponsable, alterando la estabilidad de otros mundos más evolucionados y que éstos nos vigilan preocupados. Y yo lo creo.
    Para que ir a buscar otros mundos mientras nuestra casa está patas arriba.
    Que costumbre más perniciosa tenemos los seres humanos con ocuparnos de la vida ajena mientras desatendemos la nuestra dejando que crezcan en ella todo tipo de malezas, como ignorancia, defectos, ceguera.

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