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Por fin empieza a llegar el frío. Tras un verano que se ha extendido más allá de sus fronteras habituales, las temperaturas se acercan ya a lo normal por estas fechas. Hasta hace nada, la manga corta todavía no había dado paso a la chaqueta y los grillos seguían siendo los protagonistas de las noches en el campo. Ahora, al fin, se han callado tras unos meses frenéticos. El año que viene, volverán a cantar. Pero, ¿por cuánto tiempo? ¿Y cómo será su chirrido (o estridulación, como se dice científicamente) en el futuro?
El canto de los grillos depende, como el de muchas otras especies, de las condiciones de su entorno. En su caso o en el de las cigarras, la frecuencia del sonido está ligada directamente a la temperatura exterior. Los grillos empiezan a cantar a partir de los 15 °C y van acelerando el ritmo a medida que haga más calor, siguiendo una fórmula matemática descrita a finales del siglo XIX y conocida como ley de Dolbear. La temperatura les marca el tempo. Pero al escucharlos cantar no solo podemos saber el calor que hace, sgino también entender un poco mejor los efectos del cambio climático.
Ese es el objetivo de un equipo de investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), la Universidad de Sevilla y la Universidade Federal de Goiás (Brasil), que ha desarrollado una herramienta para identificar posibles cambios en la fenología (la relación entre los factores climáticos y los ciclos de los seres vivos) y en la distribución de las especies en el actual contexto de cambio climático.
¿Qué historia nos cuenta un paisaje sonoro?
Los grillos son primos de los saltamontes. Aunque son bastante más torpes al saltar, corren mucho más que sus parientes cercanos. Hay muchas especies distintas de grillos, pero casi todos comparten una serie de rasgos: son animales nocturnos, de tamaño pequeño, omnívoros y musicales. Excavan grandes madrigueras en el suelo (con galerías que pueden superar el medio metro de largo) y los machos se encargan de mantener la entrada bien limpia. Al fin y al cabo, allí es donde desempeñan su función.
Para chirriar, levantan ligeramente sus alas y las frotan una contra la otra, generando un cri cri rítmico y muy característico. Lo hacen para atraer a las hembras, que tras la reproducción sexual colocan varios centenares de huevos bajo tierra, donde el ciclo vuelve a dar comienzo para que, al verano siguiente, la orquesta de las estridulaciones vuelva a estar a punto.
“De todos esos sonidos que escuchamos cuando paseamos por la naturaleza, muchos son sonidos de atracción. Si tuviéramos que señalar una función básica que cumple el canto entre los animales, sería la de encontrar pareja reproductiva”, explica Diego Llusia, profesor del departamento de ecología de la UAM y uno de los autores del desarrollo de la herramienta sobre el canto y el cambio climático, cuyos primeros resultados han sido publicados en la revista Methods in Ecology and Evolution.

“Pero el canto cumple también otras funciones. Por ejemplo, las crías de muchas especies emiten sonidos para llamar la atención de los padres, los animales que se mueven en grupos grandes lo usan para coordinarse y otros emiten sonidos para señalar situaciones de alarma o defenderse. Al final, el repertorio vocal de muchas especies es variado y siempre busca mejorar las posibilidades de reproducción y supervivencia de los individuos”, añade Llusia.
Sean grillos, aves o anfibios, existen multitud de factores que afectan a cómo ese sonido se produce y se propaga. No es lo mismo cantar en un bosque lleno de obstáculos que hacerlo en una pradera, y tampoco suena igual un animal de gran tamaño que uno pequeño. La temperatura y la humedad también influyen mucho, sobre todo en aquellas especies que no son capaces de controlar bien su temperatura corporal, como los anfibios o los insectos. Si hace más calor, su metabolismo y su maquinaria para producir el sonido se acelera. Por eso el ritmo del chirrido de los grillos sube en las noches de más calor.
“La bioacústica trata de interpretar la información que obtenemos a partir de los paisajes sonoros para entender qué está pasando con poblaciones o especies. Nos dice, por ejemplo, qué especies hay en un determinado hábitat, cuántos individuos hay, cómo se están comportando o qué están haciendo o cómo están cambiando las comunidades a lo largo del tiempo”, señala Llusia. “Nos permite hacer seguimiento de la biodiversidad y del estado de los ecosistemas e identificar los impactos de la actividad humana, como el cambio climático o destrucción del hábitat”.
El silencio del cambio climático y la crisis de biodiversidad
La herramienta desarrollada por los investigadores españoles y brasileños aprovecha la disponibilidad de tecnologías como los sensores de sonido que registran de manera automática los paisajes sonoros a lo largo del tiempo y de sistemas de análisis de datos. “Multiplica nuestros oídos en la naturaleza”, explica el ecólogo de la UAM. “Podemos identificar cuándo y bajo qué condiciones ambientales están activas las especies. Por ejemplo, podemos saber las condiciones que necesita cada especie para reproducirse y después predecir qué va a ocurrir a medida que cambie el clima”.
La primera especie con la que han puesto a prueba la herramienta no es un grillo, sino la ranita de San Antonio, un pequeño anfibio arborícola habitual en la mitad norte de la península Ibérica y el centro de Europa. El periodo reproductor de esta rana empieza en primavera y utiliza para ello charcas o riberas fluviales con vegetación abundane. Como en el caso de los grillos, son los machos los que cantan para atraer a las hembras. “Si sabemos qué temperatura y qué cantidad de lluvia necesitan para sobrevivir o para iniciar la reproducción, podemos estimar cómo les está afectando o les afectará el cambio climático”, detalla Llusia.

“Podemos medir, por ejemplo, si las poblaciones se desplazan buscando sus condiciones óptimas”, añade. Teniendo en cuenta las condiciones actuales y la trayectoria esperada del cambio climático (si no hacemos nada para cambiar su rumbo de forma drástica), la herramienta indica que la probabilidad de canto de la ranita de San Antonio aumentará de enero a junio y del sur al norte de la península Ibérica. Es decir, la reproducción empezará antes de lo habitual a medida que las condiciones primaverales se vayan dando antes.
El equipo de investigadores está probando la herramienta con otras cuatro especies, tres de sapo partero (el común, el ibérico y el bético) y otra de rana arborícola, la meridional. Los resultados se publicarán en los próximos meses. “Como cada especie tiene unos requerimientos ambientales diferentes, los impactos del cambio climático también son diferentes. Algunas pueden verse beneficiadas, pero otras se verán muy afectadas”, subraya el ecólogo.
Para el investigador, está claro que vamos hacia paisajes sonoros más silenciosos, aunque no necesariamente por culpa del cambio climático. “Los paisajes agrarios que han experimentado procesos de intensificación con maquinaria y agroquímicos y de abandono de los usos tradicionales han acelerado el deterioro de la biodiversidad. Ha habido un declive muy importante de poblaciones y especies aquí y en otros lugares”, concluye. “A menos que consigamos revertir el deterioro ambiental que estamos produciendo tendremos una banda sonora de la naturaleza cada vez más pobre”.





Mal lo tienen las ranas en las rías y ríos gallegos…
Vamos hacia paisajes sonoros más silenciosos, aunque no necesariamente por culpa del cambio climático.
Las minas de San Finx y Varilongo: la falta de diligencia de la empresa concesionaria ha provocado que millones de metros cúbicos de agua contaminada con metales pesados se hayan vertido en los cauces cercanos, afectando a la ría de Noia y al río Xallas respectivamente.
Ecologistas en Acción y London Mining Network llevaron esta semana sus denuncias a Londres contra Pivotal Metals, la empresa propietaria de las polémicas minas Varilongo y San Finx. La empresa, que estaba lanzando su nueva marca en la convención minera «Mines and Money» («minas y dinero»), se enfrentó a una acción de protesta de activistas de varios países.
En el exterior del centro de convenciones, se repartió entre los inversores asistentes una hoja explicativa en la que se detallan las infracciones cometidas por la empresa en las minas de Varilongo y San Finx. La protesta transcurrió sin incidentes, con una fuerte presencia de la Policía Metropolitana de Londres.
En el interior, los miembros de London Mining Network se dirigieron al stand de Pivotal Metals e informaron de la situación al director de la empresa minera, Steven Turner.
Ecologistas en Acción pide al Gobierno que declare la caducidad de las concesiones de ambas minas, y exige a la empresa concesionaria acometer la restauración ambiental de los pasivos ambientales existentes. También exigen que se impongan las garantías financieras necesarias, a fin de evitar la fuga de una empresa que, en la práctica, está controlada por sociedades opacas radicadas en paraísos fiscales.
Pivotal Metals es el nuevo nombre de Rafaella Resources, una empresa australiana que controla las dos minas gallegas a través de dos sociedades interpuestas. Esta semana lanzó su nueva marca en Londres buscando ocultar su mala prensa y precaria situación económica. Desde que adquirió la mina Varilongo en 2019, la compañía ha pasado de un precio de acciones de 13 centavos por acción a 2 centavos este año.