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Las intensas olas de calor del pasado verano, la crisis energética ocasionada por la invasión rusa en Ucrania y la escalada inflacionaria que azota desde finales del 2021 han vuelto a situar la necesidad de un cambio de modelo en el centro del debate político. El ineludible regreso del Estado a un rol de vanguardia y la urgencia de la transición ecológica y energética van tomando fuerza en los imaginarios colectivos. No obstante, el marco en el que se suele encuadrar la discusión sobre el cambio climático no resulta favorable. En el Estado español, al igual que en muchos otros países, se da recurrentemente la práctica comunicativa en la que predominan el catastrofismo y el sensacionalismo en los medios de comunicación, así como en algunos entornos políticos y activistas-académicos.
El rechazo al marco catastrofista tiene una explicación muy clara. Si bien la apelación al miedo es eficiente para captar la atención, esto no se traduce en una mayor participación ni compromiso en términos políticos. En la misma línea, el público tiende a traducir estas apelaciones al miedo a una percepción de fatalismo, especialmente cuando la información no viene acompañada de políticas concretas para afrontar la problemática, lo cual conlleva a una sensación generalizada de fatiga apocalíptica. Ilustrando esta premisa con un ejemplo palpable, hablamos de una sensación similar a la que hemos venido experimentando desde el inicio de la pandemia ante noticias de repunte de casos o nuevas variantes del COVID-19, pero añadiendo una acumulación de décadas de relato catastrofista sobre el cambio climático.
También podríamos decir que, hasta cierto punto, la narrativa exacerbada del colapso termina siendo funcional al negacionismo estratégico y al retardismo climático, además de reforzar sesgos muy arraigados en las estructuras cognitivas como la tradición judeo-cristiana que conlleva a reacciones individualistas de resignación y/o hedonismo.
Por el contrario, las tipologías que podríamos denominar de apertura, centradas en el progreso social, las oportunidades económicas y de nuevos modos de vida, forman parte de contextos perceptuales emergentes que ostentan mejores posibilidades de resonar entre coaliciones más amplias de grupos sociales. Con el tiempo, estos nuevos significados para el cambio climático y la transición ecológica probablemente pasen a ser impulsores clave de la participación pública y, eventualmente, la acción política.
Más allá del necesario cambio de marco de un colapso inevitable hacia un camino posibilista, es necesario tomar en cuenta hasta qué punto la sociedad española hace suya esta idea. Según la encuesta de la consultora 40dB para el diario El País, un 93,6% considera que se está produciendo el cambio climático, mientras que casi un 89% considera que hay que tomar medidas urgentes para afrontarlo.
Aunque muchas encuestas señalan que una mayoría considerable le otorga una relevancia alta al problema, este grado de conciencia y voluntad para implementar medidas no parece tener una traducción en los discursos políticos ni en las políticas públicas como tal, ni tampoco en el discurso social extendido. En contraste a las encuestas, en estudios realizados mediante métodos cualitativos (grupos de discusión, grupos focales, etc.) destaca la poca implicación de la población con el cambio climático. Por tanto, se concreta el planteamiento que versa sobre como un discurso institucional puede carecer de eco en el discurso social.
La ausencia de discurso social puede responder a dos cuestiones fundamentales: por un lado, que no hay demanda de acción sobre este fenómeno, y, por otro, que no hay discurso porque no se perciben sujetos presentes en el cambio climático. Entonces, se afirma que no hay demanda porque no existe la concepción del cambio climático como generador de daños, desigualdad e injusticia, ni tampoco como oportunidad de transformación política, económica y social a través de la transición ecológica.
En suma, la ausencia de un discurso sobre el cambio climático entre sectores centrales de la sociedad española puede explicarse por la carencia de sujetos y disputas. Es decir, parece no visibilizarse un nexo entre los sujetos políticos y sociales que pueden encarnar el ecologismo y las disputas a representar, como podría ser la puesta en marcha de un proceso ambicioso de transición ecológica. Dicho esto, que no haya discurso no quiere decir que no se perciba el fenómeno como un problema relevante, sino que se trata de una relevancia latente, envuelta en una preocupación moderada, postergada entre otras preocupaciones.
En tal sentido, parece inevitable la ampliación del sujeto político del ecologismo para erigirse como verdadero vector de transformación sustantivo en todos sus ámbitos de actuación. Dicho de otra manera, urge articular una amplia coalición de actores políticos y sociales que acumulen la fuerza suficiente para impulsar una agenda concreta de políticas públicas para la transición ecológica que llegue a amplias mayorías sociales, lo cual implicará renuncias a ciertos dogmas, pero al mismo tiempo puede significar avances que marcan un antes y un después en términos socio-políticos.
Siguiendo la teorización de Laclau sobre la articulación discursiva para la construcción de identidades políticas, sabemos que para la constitución de una identidad popular se torna indispensable la presencia de un significante vacío (D1) que expresa y constituye una cadena de equivalencias que integra una pluralidad de demandas insatisfechas (D1=D2=D3…).
En este sentido proponemos que, siendo la transición ecológica una demanda insatisfecha dentro del orden discursivo actual, sea esta la demanda que intervenga y se convierta en el significante de toda la cadena (D1). Por tanto, establecemos la transición ecológica como significante tendencialmente vacío para la estructuración de la cadena equivalencial, asumiendo la representación de dicha totalidad y desdibujando su particularidad especifica en favor de una significación más universal de la que ahora es portadora, pasando de la particularidad sectorial a asumir una significación universal en aras de encarnar una totalidad más amplia para la consecución de sus objetivos políticos.
Como ejemplo, sintetizamos algunas de las propuestas planteadas por la Asamblea Ciudadana por el Clima en España a modo de ejercicio de estructuración de demandas heterogéneas y transversales para una articulación discursiva que actúe como dispositivo comunicacional de la transición ecológica, proyectándola como eje de reconstrucción nacional y ensamblando un marco con capacidad para englobar elementos estratégicos y desarrollarlos desde de una óptica más amplia para alcanzar una sociedad sostenible, a la que denominaremos transición ecológica nacional-popular:
Esta configuración discursiva conlleva el despliegue de un dispositivo comunicacional que se extienda a lo largo de amplias esferas de la sociedad, permitiendo articular un discurso que incorpore elementos anteriormente diferenciados entre sí y/o no vinculados con la transición ecológica como eje de traducción política. En este punto, es necesario comprender la noción de discurso cómo algo que trasciende al habla y la escritura, asimilándolo cómo un complejo de elementos en el cual las relaciones juegan un rol constitutivo, es decir, otorgar un rol protagónico a la dimensión relacional del discurso.
Más allá del planteamiento teórico, lo cierto es que la transición ecológica nacional-popular no es una utopía fantasiosa. Pecando de audacia podríamos decir que ya está en marcha, pero de forma desarticulada y atomizada. Si acercamos la lupa, podemos identificar diversos elementos que podrían ser constitutivos de esta articulación: al hablar de transición ecológica nacional-popular hablamos del 15M climático con miles de jóvenes llenando las calles de todo el Estado. De Fridays For Future y los grupos de desobediencia civil pacífica como Extinction Rebellion y Scientific Rebellion. De las 5 grandes y su trabajo constante de presión política.
Transición ecológica nacional-popular también es la Coalición por la Energía Comunitaria y el tejido cooperativo de las renovables bregando por la transposición de las directivas europeas que den lugar a un marco jurídico para las Comunidades Energéticas. Y la Aliança contra la Pobresa Energètica de Catalunya luchando hasta lograr la condonación de la deuda a miles de familias vulnerables por parte de Endesa.
Los trabajadores/as de limpieza, basura, jardinería; los bomberos que ponen el cuerpo y la vida para evitar la destrucción del territorio; los científicos/as y expertos/as técnicos. También, los educadores/as ambientales; las asociaciones universitarias y colectivos de reflexión; las cooperativas de investigación socio-ambiental, etc.
El sector sanitario y de la salud pública, los sindicatos, el tejido empresarial y la economía social y solidaria también están llamados a protagonizar este curso de transformación de forma articulada y alineada. Asimismo, el mundo del arte y la cultura debe jugar un papel importante.

La transición ecológica nacional-popular es sinónimo de las Superilles y las Zonas de Bajas Emisiones de Barcelona. La ley de Vivienda y La Ley de Cambio Climático de Catalunya, y el freno a la ampliación del Aeropuerto de El Prat. En Madrid, es Madrid Central, la remunicipalización de BiciMAD, la renaturalización del Manzanares, la Red de Huertos Urbanos, el proyecto MARES, el Mercado Social de Madrid y la cooperativa de viviendas Entrepatios.
Son las políticas de transición ecológica de València y su designación desde Europa como una de las cien ciudades para impulsar proyectos en pro de la neutralidad climática para 2030. Transición ecológica nacional-popular es la Vicepresidenta Yolanda Díaz anunciando un plan especial en la Inspección de Trabajo para proteger la salud de las trabajadoras y trabajadores ante los golpes de calor. Igualmente, es Más País-Verdes Equo asemejando transición energética con soberanía nacional, transición ecológica con re-industrialización y empleos verdes, y su propuesta de la semana laboral de 4 días/32hrs.
Así pues, queda claro el desafío mayúsculo de reenmarcar la discusión del cambio climático y la transición ecológica, orientando de forma contundente su traducción en políticas públicas que mejoren las condiciones de vida de las mayorías sociales. Se trata de hacer de la transición ecológica nacional-popular una alternativa tangible y palpable, ya que solo funcionará si la ciudadanía y las comunidades la ven desenvolverse en frente a ellas, conectando con su realidad material y mejorándola. Por ello, el reto debe focalizarse en alinear intereses que podrían emerger como contradictorios, pero que pueden dar paso a la construcción de grandes coaliciones en torno a propuestas y planes concretos. Es imperativo ampliar el sujeto del ecologismo y la transición ecológica incorporando una diversidad de subjetividades. No sobra nadie y todavía falta mucha gente.





LA ECOLOGISTA SUECA GRETA THUNBERG «LES SALE RANA» A LAS MULTINACIONALES DEL «CAPITALISMO VERDE»
Greta Thunberg llama a la movilización en la calle. «El momento de los pequeños «cambios individuales» ya quedó definitivamente atrás»
En la ecologista sueca, Greta Thunberg, parece haberse producido lo que algunos llaman tradicionalmente «un salto cualitativo» . En efecto, en una intervención pública en Londres , atendiendo posiblemente al oportunismo que se ha producido tanto en el movimiento ecologista como en otros de carácter similar, la activista aclaró que «Yo no pienso dar el «salto a la política», y espero que los que estén cerca de mí no me lo permitan si algún día llegará anunciarlo «.
La joven Greta Thunberg realizó este pasado fin de semana un llamamiento para que los auténticos ecologistas terminen de entender que la celebración de la Cumbre del Clima (COP27) en un paraíso para turistas, en el que de forma sistemática se violan los Derechos Humanos, «es una flagrante contradicción». Justamente por esa razón, la joven Greta ha manifestado que se niega rotundamente a estar presente en ese evento.
Pero Greta no se quedó en un enunciado equivoco que podía haber sido convertido por los medios de comunicación mundiales y por sus antiguos patrocinadores del «capitalismo verde» en una ambigüedad ininteligible para la mayoría.
Thunberg tuvo además el arrojo de precisar que
«Los activistas tenemos que hacer ver a la gente que esto es una estafa y que este sistema nos está fallando… Por ello hay que decir alto y claro que las Cops se han convertido en una oportunidad para que los poderosos mientan, engañen y hagan una suerte de «lavado verde».
«Las «Cumbres» pudieron haber tenido algún sentido hace veinte o treinta años, una época en la que sirvieron , al menos, como una oportunidad para la movilización de la gente. Pero lo cierto es que han terminado fallando a la Humanidad a la hora de propiciar grandes cambios y sus avances han sido deliberadamente lentos».
Luego agregó que
«El cambio no va a venir desde el Poder porque la política, tal y como funciona en este Sistema, es una manera de perpetuar el statu quo»… El momento de los pequeños «cambios individuales» ya quedó definitivamente atrás. Es cierto que todos podemos contribuir a nivel personal, pero lo que necesitamos hoy es una movilización masiva para presionar a aquellos que se encuentran en el Poder».
https://canarias-semanal.org/art/33452/la-ecologista-sueca-greta-thunberg-les-sale-rana-a-las-multinacionales-del-capitalismo-verde