Abróchate el cinturón: el cambio climático trae vuelos más movidos

En las últimas cuatro décadas se ha experimentado un incremento de las turbulencias en los aviones. El aumento de las temperaturas y su efecto en las corrientes en chorro están detrás de este fenómeno.
Foto: Margo Brodowicz.

La aviación está en el punto de mira climático año tras año. El transporte aéreo de pasajeros y mercancías contribuye al 3,5% del calentamiento global y supone un 2,5% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2). Sus emisiones reflejan, además, la profunda desigualdad en las causas del cambio climático: los países de mayor renta per capita, en los que vive el 16% de la población mundial, acumulan el 62% de las emisiones de gases de efecto invernadero de los aviones. Y aún hay otra razón más para empezar a volar menos: el cambio climático está provocando un aumento de las turbulencias.5r4

En la última década, varios estudios científicos han descrito la tendencia a que el cambio climático incremente, en el futuro, las turbulencias. Ahora, un estudio de la Universidad de Reading publicado en la revista Geographical Research Letters señala que este aumento podría estar en marcha, ya que en los últimos 40 años se ha detectado un incremento significativo de los incidentes relacionados con turbulencias en todas las rutas de aviación principales. El capitán ha encendido la señal de cinturones abrochados, mejor no se levante del asiento.

¿Cómo se producen las turbulencias?

Quien se ha subido a un avión alguna vez ha experimentado, probablemente, alguna ligera turbulencia. Dentro de la aeronave, se siente como un bache en la carretera, un golpe tras el cual el avión se desestabiliza y que se suele quedar en un simple susto. Sin embargo, no es exactamente un bache aéreo. Las turbulencias son movimientos irregulares del aire que se producen como resultado de remolinos y corrientes verticales. Estas pueden hacer que el avión cabecee, balanceándose de adelante hacia atrás, se mueva sobre su eje horizontal o incluso gire sobre sí mismo.

A la altura a la que suelen viajar los aviones (entre 10.000 y 12.000 metros), la atmósfera es, habitualmente, estable. El viento se mueve de forma horizontal y tiene una velocidad más o menos constante. Es lo que se conoce como un flujo de aire laminar. Pero, a veces, algunos obstáculos o eventos meteorológicos concretos pueden producir cambios rápidos de presión y velocidad y generar un flujo turbulento, lo que traduce en movimientos caóticos y aleatorios en la atmósfera.

Las principales causas de las turbulencias son las tormentas eléctricas (en su interior se genera un fuerte movimiento convectivo del aire), las cadenas montañosas (en las que a veces se genera un tipo de onda vertical que interrumpe la circulación normal del aire) y los cambios en las corrientes en chorro. En estos vientos de alta velocidad que rodean el planeta –a menudo aprovechados por los aviones– se producen las llamadas turbulencias de aire claro (ya que no están acompañadas de ninguna perturbación visible). Y es también en estas corrientes donde entra en juego el cambio climático.

¿Están realmente aumentando las turbulencias?

Las turbulencias se clasifican en cuatro grupos en función de su intensidad: ligeras, moderadas, severas y extremas. Las primeras son las más habituales y no pasan de un simple susto. Pero las severas y las extremas pueden provocar daños en los aviones, lesiones en la tripulación y los pasajeros e incluso muertes. Entre 2009 y 2022, la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos registró 163 lesiones severas en vuelos domésticos por causa de turbulencias.

Según el estudio de la Universidad de Reading, publicado en junio de este año, en un punto dado del Atlántico Norte (una de las rutas más transitadas del mundo), la duración de las turbulencias de aire claro severas o extremas aumentó un 55% entre 1979 y 2020, la de las turbulencias moderadas aumentó un 37%, y la de las ligeras un 17%. Según los investigadores, este incremento no puede explicarse sin el efecto que está teniendo en el equilibrio energético de la Tierra la mayor concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

“El cambio climático está afectando a los vientos de la corriente en chorro”, explica Mark Prosser, investigador del departamento de Meteorología de la Universidad de Reading, en Reino Unido, y autor principal del estudio. “A los niveles de altitud en que vuelan los aviones, el cambio climático parece estar aumentando la diferencia de temperatura entre el Ártico y el Ecuador, por lo que los vientos en la corriente en chorro del Atlántico Norte se han vuelto más cizallados [ha aumentado la diferencia de velocidad de viento entre dos puntos de la atmósfera]. Cuanto más cizallamiento vertical, más turbulencias de aire claro”.

Un estudio publicado en el mes de julio recoge que este aumento se está produciendo también en los demás tipos de turbulencias, como las convectivas asociadas a las tormentas y las de montaña. Las tendencias, además, dibujan un futuro todavía más movido. Otra invetsigación publicada en 2017 también por investigadores de la Universidad de Reading recoge que a partir de 2050 el número de incidencias se duplicará en un escenario de altas emisiones, es decir, si seguimos bombeando CO2, metano y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera como hasta ahora.

“Puede que coger un avión en el futuro vaya a ser más peligroso, pero es difícil saberlo con certeza, ya que no tenemos acceso a muchos de los datos sobre lesiones e incidentes por turbulencias, que son guardados con celo por las aerolíneas”, añade Prosser. “Pero dado que parece probable que las turbulencias sigan aumentando, la industria aérea debería empezar a tenerlo en cuenta en el diseño de los aviones. Además, un cielo con más baches no solo es potencialmente más peligroso, sino que también implica más gasto de combustible, lo que aumentará todavía más la huella climática de la aviación”.

Gracias a la colaboración de nuestra
comunidad podemos publicar. Ayúdanos a seguir.

COMENTARIOS

  1. Comprar, comprar y comprar en Zara, inconscientes, seguir engordando a los tiburones que nos están comiendo y que acabarán devorándonos.

    Los vuelos de la moda rápida de Inditex alimentan la crisis climática (El Salto)
    Una investigación señala al modelo de transporte aéreo de ropa de la empresa de Zara y la venta online de Shein como las principales marcas contaminantes.
    Tan solo en la Unión Europea (UE), en 2022 se importaron y exportaron 700.000 toneladas de ropa por vía aérea. Esto equivale a la capacidad de 7.000 aviones de carga grandes.
    Compra, úsalo mientras esté “de moda”, no mucho tiempo más porque la ropa tiene la calidad justa para que no dure, compra de nuevo lo que marque la nueva moda. Da igual si las prendas han viajado desde el otro lado del planeta. No importa las implicaciones ecológicas de ese transporte. Ese podría ser el resumen de lo que ha sido conocido como la industria de la fast fashion. Tendencias efímeras pero con consecuencias para el planeta que se quedan para siempre.
    Muchas de esas prendas viajan en avión, pese a no ser productos perecederos. Tan solo en la Unión Europea (UE), en 2022 se importaron y exportaron 700.000 toneladas de ropa por vía aérea. Esto equivale a la capacidad de 7.000 aviones de carga grandes, o a unos 20 vuelos diarios, únicamente con artículos de moda. El transporte de mercancías por vía aérea reduce los tiempos de entrega, pero sus emisiones son unas 14 veces más perjudiciales para el clima que las de la ropa que se transporta principalmente por vía marítima.
    “Las promesas de sostenibilidad de las empresas de moda deben ir acompañadas por cambios en los modelos de negocio”: Transportar un artículo perecedero como la ropa por vía aérea cuando hay alternativas terrestres o por mar, “ni es sostenible medioambientalmente, ni necesario, ni nos lo podemos permitir”. “Las cuentas de resultados de las grandes empresas no pueden estar por encima de la salud de las personas y del planeta”.
    Inditex y el aeropuerto de Zaragoza
    Mediante el análisis de la información de la propia empresa, de la prensa y de datos detallados de aduanas, Public Eye ha llegado a la conclusión que la empresa de Amancio Ortega encabeza la clasificación. En el informe publicado detallan que “independientemente de dónde se fabriquen, prácticamente todos los productos de Zara acaban en los grandes centros de distribución que el Grupo opera alrededor del aeropuerto de Zaragoza”.
    Dicho aeropuerto y el centro logístico de la ciudad aragonesa se ha convertido en uno de los centros neurálgicos de Inditex. La empresa gestiona cada semana unos 32 vuelos de carga con unas 100 toneladas de ropa a bordo. Esto supone más de 1.600 vuelos al año. Con semejante volumen de mercancías, el Grupo Inditex es, con diferencia, el cliente principal del transporte de carga del aeropuerto de Zaragoza…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.