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Un día más tarde de lo planeado, finalizó la conferencia climática COP30 en Belém. En líneas generales, las decisiones adoptadas cumplieron mínimamente con lo esperado y no tuvieron la ambición que se requería o pedía.
Sobre los resultados alcanzados:
- Se estableció la creación de un mecanismo de implementación para el Programa de Trabajo de Transición Justa que permitirá reunir y compartir asistencia técnica y conocimientos para garantizar una transición más inclusiva. Esto fue celebrado por la mayoría.
- Se definieron las características de la Meta Global de Adaptación mediante una lista de indicadores para la implementación, que no se ajustó a la mayoría de los países.
- Se incluyó una meta de financiamiento para la adaptación, pero con un lenguaje débil, como un llamado a, sin un año base de referencia, y con 2035 como el año meta (más lejos del 2030 en el que se venía trabajando).
- La tan esperada hoja de ruta —o roadmap— para hacer una transición que deje atrás los combustibles fósiles no fue incluida en ninguno de los textos consensuados. La presidencia de la COP30 dijo que la creará como iniciativa propia, pero eso será por fuera del proceso de implementación de la COP y con aún muchas dudas sobre qué significará en la práctica.
Estas decisiones —y otras— se tomaron en un plenario de cierre con polémica. Tres países latinoamericanos reclamaron a la presidencia haber pedido la palabra para expresar la necesidad de cambios en los textos antes de que sean adoptados. Colombia objetó el texto sobre mitigación y Uruguay —junto con otros países de la región— el de adaptación. Objetar, en la jerga de negociaciones, significa que expresamente no están dando su consenso en un evento en el que las decisiones tienen que ser 100% por consenso. La sesión se suspendió por un tiempo y luego la presidencia y la Convención consideraron que las objeciones se habían hecho luego de la adopción de textos.
Lo ocurrido es el resultado de un proceso que delegados y observadores ya advertían no estaba siendo transparente, con consultas con determinados países, textos con extractos nuevos sin previa discusión, con una metodología “innovadora” que no buscó dar lugar a la negociación sino a un “tómalo o déjalo”.


COP30: la Cumbre del Clima más opaca de la historia es incapaz de cumplir sus promesas.
La COP30 termina con un acuerdo de mínimos que no supone un avance real ni en reducción de emisiones ni en garantizar la financiación necesaria del Norte al Sur global.
El único avance real es la aprobación de un mecanismo para la transición justa propuesto por la sociedad civil: el Belém Action Mechanism (BAM).
Colombia y Panamá paralizan el plenario final ante la falta de avances en una hoja de ruta para poner fin a los combustibles fósiles y de los indicadores de adaptación.
Sara Facchinelli, activista del Área de Conservación de la Naturaleza de Ecologistas en Acción:
“Teníamos algo de esperanza para esta cumbre del Amazonas y se ha caído como un aguacero tropical. Tenemos que actuar con rapidez y asegurarnos que las acciones climáticas no tengan impactos negativos en la biodiversidad. El tiempo pasa y los recursos naturales, nuestras principales armas de resiliencia y sustento vital, se agotan. La comunidad internacional se ha mostrado incapaz de abordar estos temas y, una vez más, se ha mostrado más interesada en la protección de los intereses económicos que en la de nuestros ecosistemas y las vidas que los habitan”.
Javier Andaluz Prieto, responsable de Clima y Energía de Ecologistas en Acción:
“La COP30 ha sido una de las cumbres más opacas de la historia. La presidencia brasileña ha sido incapaz de avanzar hacia una decisión final justa y que permitiera avanzar en la justicia climática. Salvo el BAM, no se han producido avances. De nuevo los gobiernos de todo el mundo anteponen sus intereses, poniendo en riesgo las vidas de todas y todos, particularmente de las personas vulnerables. Venimos al Amazonas en busca de una financiación adecuada y una hoja de ruta para el fin de los combustibles fósiles y la deforestación, que pusiera a las personas y los ecosistemas en el centro de la acción climática. Sin embargo, el resultado final ha sido nuevamente un choque geopolítico que nos está saliendo demasiado caro”.