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“Lo mismo con las canciones, los pájaros, los alfabetos. / Si quieres que algo se muera, déjalo quieto”. Esto dice una composición del uruguayo Jorge Drexler. Y dice también un refrán, de los que aún resisten el embate del cambio climático, que ojos que no ven, corazón que no siente. Si unimos ambos mensajes –el desastre que genera la parálisis, el no querer avanzar, y la comodidad que produce no ver lo que no nos gusta–, nos encontramos con quienes no han entendido aún qué son los Derechos de la Naturaleza. Por ejemplo, tú. Que te reíste cuando viste en las noticias que una montaña de Nueva Zelanda había adquirido personalidad jurídica. O esos amigos del grupo de WhatsApp que no pararon de enviar memes sobre el último río que logró ser reconocido como sujeto de derecho. “¿Qué es esto?”, admite que dijo la abogada Yenny Vega Cárdenas, experta en derecho de aguas, la primera vez que lo escuchó. O esos jueces que no son como el juez Palacio.
“El magistrado me contó que cuando dictó la sentencia que reconocía el río Atrato, desde el sector jurídico, que es muy conservador, le recriminaron: ‘Acabaste con el derecho en Colombia’. Porque es que se está añadiendo una categoría de personas que no existía, las personas ecológicas.Y, sin embargo, ahora no solo hay más de 20 decisiones en aquel país que reconocen el derecho de los ríos, sino que esa sentencia del juez Palacio está inspirando al mundo entero”, reflexiona la abogada.
Ella misma pasó de trabajar con el agua como un derecho que se vende en el mercado a comprender que se estaba usando sin responsabilidad, que se estaba contaminando y desviando los cursos de los ríos sin consideración alguna por los ecosistemas. Hoy, Yenny Vega Cárdenas es presidenta del Observatorio Internacional de los Derechos de la Naturaleza, ha liderado iniciativas como el reconocimiento del río Magpie en Canadá y ha contado todo esto que estás leyendo en la cuarta mesa online de los diálogos organizados por el Instituto de Derechos Humanos de Catalunya (IDHC) y el Observatori DESCA. Este último encuentro –de una serie dedicada a profundizar en el conocimiento del movimiento por los Derechos de la Naturaleza– ha recogido diferentes experiencias de reconocimiento jurídico con testimonios de casos en el Norte.
Decíamos que teníamos entonces todos estos ejemplos. Y luego están, por supuesto, las grandes empresas transnacionales, a las que simplemente no les interesa moverse de su posición –déjalo quieto– ni observar qué ocurre en los territorios donde desembarcan –corazón que no siente– porque han entendido perfectamente todo lo que supone este nuevo paradigma ecocéntrico: “Ridiculizan los derechos de la naturaleza porque son muy poderosos, porque han visto cómo una multinacional, una minera, ha perdido ante una montaña, cuando jamás lo hubieran pensado”, añade Vega Cárdenas.

«Ridiculizan los derechos de la naturaleza porque son muy poderosos, porque han visto cómo una multinacional, una minera, ha perdido ante una montaña»
Este proceso, asumido en las poblaciones indígenas como algo intrínseco a la propia naturaleza, a la madre tierra, es todavía muy complejo de encajar en las mentalidades occidentales, en este denominado Norte, donde aún existe cierto reparo a hablar de ello incluso en sectores progresistas. El investigador Andreas Gutmann pone el ejemplo del Partido Verde en Alemania. “Los Derechos de la Naturaleza se debatieron. pero al final no entraron en el programa electoral. Aún existe temor a que sean tomados en serio, la gente piensa que es una propuesta loca y eso hace que algunas formaciones tengan miedo de enfocarse demasiado en ese concepto, que todavía suena como algo esotérico, que no es viable ni constitucional en un derecho tan antropocéntrico como es el alemán”.

«La gente piensa que es una propuesta loca, todavía suena como algo esotérico, que no es viable ni constitucional en un derecho tan antropocéntrico como es el alemán»
El propio moderador de la mesa, el profesor de Derecho Administrativo de la Universidad de Barcelona Alex Peñalver, admite que llegó a ellos, a los Derechos de la Naturaleza, de manera accidental: “No es que me emocionaran”, dice hoy, miembro de la Comisión de Derecho Ambiental de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Es cuestión de tiempo. A la abogada Vega Cárdenas le dieron un consejo: “No pierdas tu energía tratando de convencer a quienes no creen aún en eso, ellos van a hacer su camino y lo van a terminar entendiendo”.
De hecho, el movimiento está avanzando, como han expuesto los diferentes expertos y expertas a lo largo de todos estos diálogos y como analiza también en esta última mesa Gutmann. En Alemania se han dado o se están dando procesos importantes. Uno tiene que ver con el Dieselgate, el conocido caso de las manipulaciones de coches con motor diésel. El Tribunal de Erfurt consideró, basándose en la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, que no solo los compradores de esos coches manipulados eran los perjudicados, sino también la propia naturaleza por las emisiones contaminantes.

Para el tribunal, dentro de la categoría de “personas” entraban las personas físicas, obviamente; pero también la naturaleza o los ecosistemas. “Es decir, el tribunal incluye los derechos de la naturaleza en estos casos de derecho civil sin ser solicitados por los demandantes, y ellos mismos se sorprendieron de que el tribunal los tuviera en cuenta”.
Otro proceso actual es la propuesta para incluirlos en la Constitución del Estado de Baviera. “Se están recogiendo firmas. Y si la iniciativa prosperara, estos derechos serían vinculantes”, resume Gutmann, que cita inexcusablemente el caso del Mar Menor en España, abordado en anteriores mesas y que será específicamente tratado en el encuentro presencial que se celebrará el próximo martes en Barcelona.
Según el gráfico interactivo del Observatorio Internacional de los Derechos de la Naturaleza, hasta el momento la principal vía de reconocimiento es la judicial, seguida por las resoluciones municipales. En EEUU, por ejemplo, hay 30 municipios que han reconocido derechos. Y sigue siendo excepcional la vía de la Constitución –hasta el momento solo lo ha hecho Ecuador–.
“En Canadá hay decisiones cada vez mas ecocéntricas –prosigue Vega Cárdenas–. Una rana más pequeña que el dedo, llamada el falso grillo, ganó una decisión en contra de una gran inmobiliaria. Eso antes era impensable”. En concreto, el río Magpie fue reconocido como sujeto de derecho por toda las comunidades indígenas en la provincia de Quebec en 2021. Hablamos de los siguientes: 1) el derecho a vivir, existir y fluir; 2) el derecho a respetar sus ciclos naturales; 3) el derecho a evolucionar de forma natural, a ser preservado y a ser protegido; 4) el derecho a mantener su biodiversidad natural; 5) el derecho a mantener su integridad; 6) el derecho a realizar funciones esenciales dentro de su ecosistema; 7) el derecho a ser protegido de la contaminación; 8) el derecho a la regeneración y la restauración; 9) el derecho a emprender acciones legales.
Desde el principio, recuerda Vega Cárdenas, el reconocimiento del Magpie se originó en la movilización ante la inminencia de la instalación de una hidroeléctrica en esa región. “No querían más hidroeléctricas. La población dio una visibilidad gigantesca a esta lucha. Tanto fue así que el primer ministro dijo que si tenia planes, los dejaba de lado, que no se preocuparan, que ese río ya no estaba dentro de su lista. Fue efectivo. Y lo tenemos grabado por si acaso. Lo que no se esperaba es que hubiera un efecto tan grande en otros ríos”.
Porque en el fondo, lo que hay detrás de estas noticias que todavía generan risas, es un cambio de modelo. De producción y de vida. Que es justamente lo que hizo moverse y avanzar a Jorge Iván Palacio, el juez que no fue como los demás. “Los jueces tienen que quitarse la venda para ver lo que ocurre en la esquina, en las calles, en los campos, en la gente que va a pie y no quedarse en un escritorio”, explica en una entrevista publicada por la Red de Constitucionalismo Crítico América Latina. Él se recorrió el país y encontró, según sus propias palabras, miseria, muerte, desnutrición, olvido, desplazamiento y abandono. Fue el magistrado de la Corte Constitucional que, como resume Vega Cárdenas, osó cambiar el derecho en Colombia. “Lo mismo con las canciones, los pájaros, los alfabetos”, cantaba Drexler. Lo mismo con el derecho. “Si quieres que algo se muera, déjalo quieto”.


LOS VALLES PIRENAICOS.
De culo y cuesta abajo (como el tobogán de Panticosa)
José Luís Martínez, Arainfo.org.
Esta es la oferta en dosis de adrenalina que te ofrecen Azcón y Viacron S.A, la empresa que construirá el tobogán de montaña de Panticosa por ocho millones de euros. Una aventura de cartón piedra sobre los railes de una montaña rusa de 4 kilómetros.
Este juguetito de marras, el tobogán, servirá para engrasar cinco promociones inmobiliarias de apartamentos en Panticosa. Para botón una muestra: Urbanización La Aldea de Panticosa 33 viviendas, precio 420.000 euros de nada. Estupenda y muy accesible oferta para mileuristas de la hostelería con contrato por temporada. ¡Si la juventud se va de Panticosa es porque quiere!
Pues ésta es la condena que amenaza el futuro de la juventud pirenaica. La despoblación de los valles también va de culo y cuesta abajo invadidos por la especulación inmobiliaria.
La ocurrencia metálica, que promete descensos en tobogán a 40/hora, garantizará trabajo para todo el año, dice su alcalde, el popular sr. Úriz. El mismo que rechazó convertir la antigua residencia en Centro de Día para la envejecida población panticuta. Garantizará trabajo solo mientras duren las obras, pero incrementará el suculento precio de las operaciones inmobiliarias. Mire usted que con ocho millones de euros el ayuntamiento podría construir más de un centenar de viviendas municipales de alquiler protegido. Esta sí que sería una tentación para quedarse a vivir en Panticosa.
El sr. Azcón viene regalando dinero a espuertas a grupos poderosos, dueños de los valles pirenaicos. 45 millones, en formato telecabina, a los accionistas de Astún (proyecto de construcción de 800 apartamentos) y Candanchú (en concurso de acreedores). Más de 15 millones para construir otro telecabina en Benasque, incrementando los precios de futuras promociones de hasta 3.300 apartamentos entre esta villa y Cerler. Con precios entre 300.000 y 480.000 euros la juventud de Benasque, movilizada por una vivienda digna, tendrá que jugar a la lotería sino quiere emigrar al somontano.
Critican, no sin razón amantes de la naturaleza, el furor gubernamental por llenar de hierros y parques de atracciones la ya de por si acorralada alta montaña aragonesa. Todo al servicio de una masificación turística que amenaza matar la “gallina de los huevos de oro”. Así cunde el pesimismo entre muchas de las gentes que habitan estos valles convencidas de que son un estorbo para los planes de los multimillonarios.
La invasión de la montaña con hierro, cemento, asfalto y ladrillo solo da trabajo a las empresas de seguridad vigilantes en la noche de miles de apartamentos vacíos en estos pueblos desiertos.