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Las paradojas climáticas cada vez son menos una figura retórica y más una realidad cotidiana que altera nuestras rutinas. En un episodio que ilustra a la perfección la enorme vulnerabilidad de nuestras sociedades modernas ante el calentamiento global, el prestigioso Instituto de Investigación Grantham en la London School of Economics (LSE) se ha visto obligada esta misma semana a cancelar un evento centrado, precisamente, en la resiliencia ante las altas temperaturas. El motivo que paralizó la jornada no fue otro que una alerta roja por calor extremo emitida por la agencia británica de meteorología, Met Office.
Europa entera atraviesa un episodio de temperaturas asfixiantes apenas comenzado el verano. Países como España, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia ven cómo sus termómetros rompen marcas históricas día tras día, instaurando una nueva normalidad climática. En este contexto de ebullición, el Grantham Research Institute on Climate Change and the Environment de la LSE tenía previsto celebrar el encuentro Extreme Heat: Improving governance and strengthening action around the world con varios especialistas en el marco de la London Climate Action Week.. Sin embargo, la cita tendrá que esperar.
«La mayoría de los edificios en Londres no pueden mantenerse frescos con las temperaturas que estamos experimentando actualmente», explica en declaraciones a Climática Anna Beswick, Senior Policy Fellow especializada en Adaptación y Resiliencia en el LSE Grantham Research Institute. «Hogares, oficinas, escuelas y hospitales de toda la ciudad están demasiado calientes. El lugar de nuestro evento es uno de los muchos que no están diseñados para funcionar con estas temperaturas», detalla la experta, que iba a hablar precisamente sobre cómo afrontar el calor extremo
A este análisis se suma la investigadora en adaptación Swenja Surminski, encargada de presidir el acto: “Necesitamos estar mejor preparados”, reflexiona. Considera que “la adaptación también significa tomar decisiones para evitar daños”, si bien reconoce que “lo ideal es prepararnos antes para poder continuar con nuestras vidas y actividades”. Y es que, como advierte la experta, los fenómenos extremos se están convirtiendo de forma acelerada en una de las causas principales de cancelación de grandes eventos a nivel mundial, lo que debería interpretarse como una señal de advertencia clave para actuar ya.
La brecha de adaptación
Lejos de interpretar esta cancelación como un simple contratiempo puntual, la situación arroja luz sobre la falta de preparación técnica y estructural de los grandes núcleos urbanos europeos. Aunque la parte digital del evento híbrido también ha sido suspendida —Beswick aclara que el formato diseñado originalmente «no era el óptimo para realizarse puramente de forma virtual»—, la decisión de cancelar la parte presencial estaba clara: «Me entristece que el evento no haya podido llevarse a cabo, pero me alegra que hayamos podido salvaguardar la salud y el bienestar de nuestros invitados», subraya la investigadora.
Con esto, se plantea si las administraciones están descuidando la adaptación para centrarse en exceso en la mitigación de emisiones. Para Beswick, la estrategia no debe ser excluyente. «Necesitamos tanto mitigación como adaptación; no se trata de elegir una u otra. Sin duda, la adaptación requiere una mayor atención por parte de los gobiernos, desde el nivel nacional hasta el local».
Similar respuesta a la de Surminski: “Necesitamos ambas cosas. La transición hacia un mundo bajo en carbono es absolutamente esencial, pero tenemos que hacerlo mientras el clima ya está cambiando, así que necesitamos que esa transición sea resiliente al clima”. Según la investigadora, “los modelos climáticos han sido muy precisos, pero la escala del impacto, la extensión del calentamiento y la velocidad de los cambios son peores de lo esperado”.
Por ello, Anna Beswick advierte sobre el peligroso desfase institucional actual, especialmente visible en países del norte de Europa: «En el Reino Unido nos enfrentamos a una brecha de adaptación cada vez mayor: la brecha entre el nivel de riesgo al que nos enfrentamos, y las políticas, la financiación y la inversión necesarias para posibilitar la acción».
Un mal silencioso
La gran ironía de la jornada es que la cancelación impidió a las especialistas compartir un mensaje que el propio clima se encargó de visibilizar de la forma más brusca posible. Si la cumbre hubiera tenido lugar, la advertencia central habría sido innegociable: «El calor es un asesino silencioso», cuenta Beswick. «La evidencia y el conocimiento sobre el riesgo de calor no son suficientes para impulsar la acción. Necesitamos desarrollar todos los aspectos de la gobernanza del calor extremo». Por su parte, Surminski hubiese destacado la urgencia: “ya vivimos en un clima cambiante, y el coste de la inacción en términos económicos, de salud y para la naturaleza es muchísimo mayor que el de tomar medidas ahora”.
Para la investigadora del LSE, pasar a la acción implica de manera urgente fomentar un liderazgo valiente a nivel nacional y local, así como garantizar una coordinación eficaz entre todos los sectores implicados. A esto se suma la necesidad de involucrar activamente a las comunidades valorando su conocimiento local y su experiencia vital, aplicar leyes y políticas eficaces a corto plazo y, de forma fundamental, desarrollar carteras de proyectos listos para recibir inversión. Es en este último y crucial ámbito donde la LSE, en colaboración con la Zurich Climate Resilience Alliance, trabaja en un marco global para mejorar esta gobernanza climática en 15 países distintos, detalla la investigadora.
Mientras el Grantham Research Institute demuestra que las instituciones climáticas deben predicar con el ejemplo priorizando el bienestar humano ante los fenómenos extremos —«somos una organización con una mentalidad muy avanzada y no dudamos en cancelar eventos presenciales», apunta Beswick—, el mundo entero asiste a un recordatorio ineludible. La suspensión de un foro sobre calor extremo a causa del calor extremo ha dejado de ser una coincidencia llamativa para convertirse en el diagnóstico más preciso de nuestro tiempo. La cumbre londinense se reprogramará pronto, aseguran sus organizadoras, pero la crisis climática ya ha demostrado que tiene el poder absoluto para cancelar nuestras agendas y exigir respuestas inmediatas.




