La banalización de los incendios y la emergencia ideológica 

"No existe una única solución para los incendios forestales. Sin embargo, el debate político, como quizás era de esperar, ha optado por la hipersimplificación de la realidad", reflexiona Andreu Escrivà.
La banalización de los incendios y la emergencia ideológica 
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, saluda al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Puesto de Mando Avanzado (PMA) del gran incendio que afecta a la Sierra Oeste de la región. Foto: Comunidad de Madrid/Flickr.

He dudado sobre si escribir este texto. No pretendo aquí realizar ningún análisis sobre los incendios, menos todavía cuando siguen quemando miles de hectáreas y centenares de miles de personas viven pendientes de su evolución. Lamentablemente, como pasó con la dana de 2024, hay quien no ha dejado pasar ni 24 horas para vender su libro, sea a través de un reel de Instagram, una intervención televisiva o un hilo de ese lodazal llamado Twitter –o X-. Qué triste debe ser sentir el impulso de cabalgar a lomos de la tragedia para cosechar unos pocos me gusta y meter unos cuantos seguidores más en el saco del ego virtual. Mi desprecio público hacia quien únicamente busca el casito de las redes y el aplauso para su contenido hecho de glutamato ambiental, frases grandilocuentes cocinadas con una generosa dosis de sesgos y simplicidad. Hacedle caso a quien plantea dudas y no habla desde el mesianismo ni la revancha. Hacedle caso a quien no pretenda saberlo todo y aporte enlaces, artículos, libros, vídeos o experiencias diversas. Hacedle caso a la gente que ahora a lo que está es a ayudar a apagar fuegos, a salvar vidas y a dar información útil.

Todos los que hemos estado en contacto profesional o académico con el campo de la ecología forestal y el papel del fuego en los ecosistemas sabemos que es un tema endiablado y que, si algo lo define con claridad, son las múltiples capas de complejidad que se le superponen. No existe una única solución, punto. Quien venda panaceas al por mayor miente. Quien diga que la tenemos delante de nuestras narices pero no la usamos miente. Las soluciones, si es que pueden llamarse así, son múltiples –a veces complementarias, a veces excluyentes–, dependen de cada territorio y de factores tanto humanos como ambientales, cambian con el tiempo y necesitan una adaptación no solo territorial, sino también temporal. De poco sirve presentar un determinado tipo de gestión forestal, reintroducción de especie, política demográfica, incentivo a la descarbonización, medida socioeconómica, regulación agroganadera, práctica silvopastoral o estrategia de protección de la naturaleza como LA clave para evitar el fuego. Como decía el ecólogo Francisco M. Azcárate en un estupendo hilo de Bluesky, «Las soluciones simplistas sólo sirven para reforzar prejuicios, no para entender el fenómeno».

Sin embargo, el debate político, como quizás era de esperar, ha optado por la hipersimplificación de la realidad. Tiene razón Isabel Díaz Ayuso cuando afirma que culpar del fuego a la emergencia climática es «brocha gorda». No, no todo es culpa del innegable y muy real cambio climático. Se despeña, sin embargo, cuando trata de abordar las causas del fuego, señalando a esa bestia negra conocida como la «falta de limpieza de los montes», invocando a la «gente del campo» y marcándose un estrepitoso autogol criticando la gestión de competencias que son exclusivas de su gobierno. En el PP estatal han ido más allá, sacando a relucir el falso argumento de los cambios cíclicos del clima para poner en cuestión la excepcionalidad del calentamiento actual. Qué triste que hayamos retrocedido a 2007, cuando tuvo lugar la famosa chanza del primo de Rajoy; el expresidente ya admitió en 2015 que se había equivocado al dudar del cambio climático.

La culpa, creo, no es sólo suya. No es únicamente el Partido Popular el que retuerce la evidencia sobre el cambio climático para adaptarlo a sus necesidades discursivas. Este gobierno en general y su presidente en particular banalizan a diario el calentamiento global. Simplifican hasta el absurdo, utilizándolo como ariete partidista revestido de la irrompible «ciencia» con la que tanto se les llena la boca, con el único objetivo de avivar la polarización y sacar rédito electoral, haciendo por desplazar a la derecha parlamentaria hacia posiciones que –esperan– la ciudadanía perciba como indefendibles y castigue como tales. Por si alguien tiene dudas, no les está funcionando. Como era previsible.

El contraproducente empeño de Pedro Sánchez y su gobierno de tildar de «ciencia» todo lo relacionado con el cambio climático, usándola de antónimo para la «ideología» y otorgándole una cualidad casi de mandamiento divino, da buena muestra de su endeblez discursiva y de la pobre comprensión de qué es y cómo funciona la ciencia. Si únicamente puedes justificar tu acción de gobierno apelando a que algo «es verdad», ¿qué tipo de oposición esperas? Sánchez no quiere un pacto, quiere ser percibido como el que pide el pacto en base a una certeza aceptada por el conjunto de la sociedad.

Claro que el cambio climático, en el sentido de amenaza existencial y urgentísima, es ideológico. ¿Pero cómo no va a serlo? Dice el Diccionario de la Lengua Española de la RAE que ideología es el «conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político». ¿Acaso no deberíamos abrazar esa definición, y que ese conjunto de ideas fuese el de evitar la catástrofe, adaptarnos a los cambios irreversibles y luchar por un futuro mejor? ¿Acaso no está implicada la ideología en todo aquello que se deriva de la realidad climática? Que la temperatura sube y cambian los patrones climáticos es incuestionable; todo lo que viene después es política, y a mucha honra. Decidir entre las distintas vías de acción es política

Tan ideológico es descarbonizar la economía a marchas forzadas y reverdecer las ciudades como alargar la vida del coche de combustión y otorgar nuevos permisos para extraer combustibles fósiles. En caso contrario, el camino conduce al marco de la derecha neoliberal, que justifica los recortes y la degradación de los servicios públicos apoyándose en la «evidencia» sobre su mayor eficiencia, esa derecha que suele argüir que lo necesario es «dejar la ideología a un lado» al hablar de reivindicaciones como las de los profesores o maestros en la reciente huelga educativa valenciana. La ideología es también lo que quiere eliminar VOX de las aulas valencianas; quizás no sea buena idea darles la faena hecha.

 Miguel Ríos lo ha resumido muy bien en un reciente incidente en un concierto, a cuenta de su apoyo a Palestina: «¿Cómo no voy a ser político? Si yo soy político y estoy vivo, y quiero decidir lo que me corresponde votar y hablar en la vida». Que hay un genocidio en marcha en Palestina es indiscutible, tanto como el aumento de las temperaturas; que la respuesta a ello sea política e ideológica no la degrada, sino que muestra nuestro compromiso y humanidad con la realidad.

La guinda del pastel ha sido la propuesta de creación de un Panel Científico de Acción frente al Cambio Climático, justificándolo como un órgano asesor. Mi perplejidad es absoluta. ¿No le basta el cualificadísimo personal técnico del Ministerio de Transición Ecológica, en particular el que se encuentra integrado en la Oficina Española del Cambio Climático? ¿No le interesa lo que pueda decir AEMET, el CSIC u otros centros de investigación? ¿Acaso nos está diciendo que entre su abultada nómina de asesores no se encuentra uno solo que pueda asesorarlo sobre esta materia? 

He formado parte de dos paneles asesores sobre cambio climático y os aseguro que su utilidad es muy limitada, pero eso no es lo grave. Lo realmente preocupante es que ¡no hacen falta para tomar ninguna decisión! Toda la información necesaria para definir las políticas de mitigación y adaptación de España están ya al alcance del presidente. El único motivo que se me ocurre para que quiera crearse este ¿órgano? ¿comité? es que otra voz –muy autorizada, por supuesto– le dé la razón a Sánchez. Mientras él se congratula por estar del lado de la ciencia, el resto seguiremos atrapados por una realidad atmosférica, ambiental y política cada día más irrespirable.

Si te gusta este artículo, apóyanos con una donación.

  1. Cambio climático: El capitalismo no puede resolverlo, por «Debates». (vídeo, 13 min).
    Nos han dicho que la solución al cambio climático pasa por gestos individuales: reciclar, consumir menos carne o volar menos. Pero el problema real es colectivo y estructural.
    En este corte se habla de: Por qué el ecologismo individual es insuficiente
    La incapacidad del capitalismo para resolver el problema que creó
    El tecno-optimismo como relato tranquilizador
    Aceleración, consumo y adicción a la velocidad
    Globalización, élites y geopolítica
    Por qué Occidente está peor preparado que otras sociedades
    Reducción de jornada, tiempo y vida buena como claves de adaptación
    El problema no es qué hago yo.
    La pregunta real es qué hacemos juntos… y si somos capaces de parar.
    https://kaosenlared.net/cambio-climatico-el-capitalismo-no-puede-resolverlo/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Siguiente artículo

Artículos relacionados