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Hace un año y unos pocos días mi teléfono empezó a recibir decenas de mensajes de WhatsApp y notificaciones de llamadas perdidas. Llegaron desde la cercanía –València, Barcelona, Madrid–, pero también desde Colombia, Italia o México. Entre sorprendido y halagado, pero también un poco molesto con quien me abordaba sin siquiera preguntar por mis circunstancias o las de mis amigos y familiares, decliné todas y cada una de las peticiones de artículos, entrevistas e intervenciones televisivas y radiofónicas. Muchos de mis amigos y conocidos se mostraron muy sorprendidos con esa decisión.
¿Por qué lo hice? Al fin y al cabo, y aunque ahora no me presente como tal, durante mucho tiempo me ha acompañado la etiqueta de pesado climático. Llevo más de diez años hablando casi diariamente de cambio climático, con docenas de conferencias a cuestas, centenares de artículos e intervenciones en medios de comunicación y cuatro libros monotemáticos en las librerías ¡Y encima soy valenciano! La oportunidad para aprovechar aquella ventana mediática era más que evidente: el cambio climático y el País Valenciano estaban en boca de todos. De hecho, algunos comunicadores, divulgadores y científicos apenas tardaron 24 horas en relacionarlo con la tragedia y buscar la macabra viralización de sus airados posts en las redes sociales. Pudo observarse también un tragicómico choque de cuernos por ver quién berreaba más alto aquello de «¡Yo ya lo dije!», como sucedió unos meses más tarde con el gran apagón. Mientras, en aquellas horas fatídicas que siguieron a las inundaciones, los cadáveres seguían apareciendo y el fango y las lágrimas lo cubrían todo en València.
No es que no quisiera hablar de la dana. De hecho, el día 3 de noviembre, cinco días después de la barrancada, publiqué en el periódico El País el primer artículo de opinión en el que se pedía la dimisión de Carlos Mazón. Nadie lo había hecho aún, y quizás por ello se coló entre las diez noticias más vistas del periódico a nivel global. Admito que durante la escritura de esa columna me asaltaron un buen número de dudas. ¿No era acaso demasiado pronto para pedir responsabilidades, mientras seguían las labores de rescate y la situación aún era crítica? ¿Acaso no debía esperarme a que se dilucidaran las circunstancias del desastre? Concluí que no, no era demasiado pronto para exigir la dimisión del president, puesto que con lo que ya sabíamos el día 2 de noviembre de 2024 era suficiente para señalarlo por incompetencia manifiesta, por dejación de funciones y por haber abandonado al pueblo valenciano a su suerte. Todo lo que hemos sabido después no ha servido sino para reforzar su innegable responsabilidad en lo sucedido, así como la bajísima altura moral, intelectual, política, institucional y, sobre todo, humana de quien tristemente –aun habiendo presentado su dimisión– sigue aún ocupando el despacho más importante del Palau de la Generalitat. Sin embargo, y pese a ser un columnista ambiental (lo mío no es hacer análisis político), en aquel artículo que escribí hace un año no aparecía en ningún momento el término “cambio climático”. ¿Por qué?
No hablé de cambio climático, en primer lugar, porque lo que pasó no fue causa «del cambio climático», sino de una suma de factores que iban desde las precipitaciones extremas (viejas conocidas del arco mediterráneo ibérico) hasta el desorden urbanístico y los patrones de movilidad de las zonas afectadas, pasando por la gestión de infraestructuras, las políticas laborales y muy especialmente la incompetencia del Consell de la Generalitat tanto en la prevención de la emergencia como en su gestión. Culpabilizar de todo lo sucedido al calentamiento global, como mucha gente hizo de forma casi automática, fue un tremendo error, que algunas personas cometieron de buena fe y otras a sabiendas de lo que hacían.
Mis reparos se fundamentaban también en que, a pesar de que la relación parecía evidente entonces, no disponíamos aún de los necesarios estudios de atribución de fenómenos extremos, sin los cuales no puede señalarse de forma clara e inequívoca al aumento de temperaturas como causa subyacente de las extraordinarias precipitaciones registradas. Contribuir a banalizar y simplificar de forma grosera la ciencia del cambio climático es también dar argumentos a los negacionistas.
En segundo lugar, insistir machaconamente en el calentamiento global desviaba el foco. Si el responsable era el cambio climático, ¿entonces qué culpa tenía Mazón y su gobierno trufado de incapaces y holgazanes? No hablé de cambio climático porque creo que lo fundamental y lo prioritario, lo absolutamente vital tanto entonces como ahora, era y es exigir justicia, verdad, responsabilidades y reparación a quienes cometieron una terrible negligencia que costó centenares de vidas y destrozó a miles de familias.
Si el CECOPI se hubiese convocado el día anterior y se hubiesen lanzado los avisos pertinentes con el tiempo suficiente, como habría ocurrido y de hecho ocurrió en 2019 con el anterior gobierno de izquierdas, estaríamos hablando de un desastre material sin precedentes, pero no de una tragedia humana descomunal que ha desgarrado pueblos enteros. Lo que explica lo sucedido no es que la Tierra esté más caliente que hace siglo y medio –que lo está–, sino que a los valencianos y valencianas nos gobierna un hatajo de personas que ni tienen el más mínimo respeto por la posición que ocupan ni están capacitadas para hacerlo, empezando por el propio president.
Un año después siguen las voces que relacionan la tragedia de la dana con el cambio climático, presentándolo como un suceso casi monocausal. Discursos que parecen ir por el buen camino acaban concluyendo con una exhortación a “creer en el cambio climático”, terriblemente equivocada tanto en el fondo como en la forma. Que quienes mantienen esta letanía escuchen a las víctimas: “A nuestros familiares no los mató el clima, los mató la mala gestión”. Una mala gestión que, pese a tener su grotesco clímax el día 29 de octubre de 2024 en un Consell inoperante y un president ajeno a cualquier atisbo de humanidad y responsabilidad, va mucho más allá. El cambio climático, sin el cual en tierras mediterráneas ya hemos vivido inundaciones severas y mortíferas desde hace siglos, no debe ocultar el resto de la realidad socioambiental que nos pone en peligro ante los eventos extremos. Para empezar, por qué se ha permitido construir donde se ha construido, particularmente cuando ya existía cartografía y legislación sobre zonas inundables.
La lectura, en realidad, es más política que técnica. No soy tan inocente como para pensar que el resurgimiento de la narrativa de la emergencia climática, abandonada durante la COVID-19 y relegada a mero broche discursivo por los partidos de izquierdas desde su irrupción en 2018, tiene voluntad de ariete político y no de explicación técnica. Su misión es contraponer bloques: nosotros somos los buenos porque creemos en el cambio climático, ellos son unos ceporros y unos criminales porque lo niegan. Usar la emergencia climática como pilar argumentativo en lo relativo a la dana responde a una cierta ignorancia sobre cómo funciona el territorio, la sociedad y la naturaleza, pero también a un medido cálculo político de quien prefiere anotarse un tanto en el marcador de likes antes que llegar al fondo del asunto.
En el plano personal, reconozco que, un año después, me alegro –y de qué manera– de no haberme prestado a ninguna lectura rápida. De no haber querido utilizar la tragedia para ganar visibilidad o colocar mi mensaje climático a toda costa. De no haber incluido un enlace a mi libro en un post viral sobre la dana. De no haber recordado que yo ya lo dije el tres de junio de dos mil diecisiete, pese a la pulsión de hacerlo con alguna entrevista antigua. Me congratula pensar que durante estos meses puedo haber ayudado a poner el foco sobre Mazón con mis palabras, que ojalá hayan contribuido aunque sea un poco a su desazón, su malestar y su erosión política. Y de lo que siempre estaré más contento es de haberme unido a las multitudinarias manifestaciones que, cada mes desde noviembre del año pasado, irradian cariño hacia las víctimas y han exigido la dimisión y la prisión de quien no hizo nada por evitar la desolación.
No hablé de cambio climático porque lo que sucedió el 29 de octubre de 2024 podía haber sucedido perfectamente sin cambio climático, pero hubiese sido muy distinto con otro Consell y otro president al mando. Lo que subyace a su inacción no es ningún tipo de negacionismo militante, sino la pura y simple incapacidad. Enfoquemos allí donde debemos, y reservemos nuestra rabia e indignación por la inacción climática, por el retardismo y por el negacionismo para cuando sea pertinente y útil.





No es Mazón, es el capitalismo. Mazón sólo es un sirviente más de esta genocida dictadura del capital.
Nada se va a conseguir cambiando de sirvientes.
La gente debería entender ésto. Si queremos un mundo atmosféricamente y humanamente mejor es necesario que la gente detecte al enemigo, al causante.
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Apenes es parla de les causes del calfament climàtic i el consegüent augment dels fenòmens extrems, i menys encara de les solucions per a frenar-lo i recuperar l’equilibri tèrmic. Doncs els científics i nosaltres hem d’insistir en que les temperatures pugen perquè pugen les emissions de gasos d’efecte hivernacle i es cremen i desertifiquen els boscos, i el sector que més gasos emet és el transport motoritzat. Per tant, si volem reduir l’impacte de les ones de calor, sequeres, plogudes torrencials, inundacions catastròfiques i demés fenòmens climàtics extrems, haurem de repoblar amb espècies autòctones totes les muntanyes cremades i en vies de desertificació, i sobretot reduir el transport motoritzat, cosa difícil d’aconseguir amb una població i una economia adictes al cotxe, als viatges i a consumir productes importats de lluny… No obstant això, resulta urgent i imprescindible aconseguir conscienciar i comprometre la població si volem evitar que la nostra terra es convertisca prompte en un desert.
…pocs incidixen en que no hi ha prou amb intentar pal·liar els efectes de les DANA, que estan agreujant-se i van a ser cada volta més freqüents i més perillosos pel calfament del clima, cal posar remei.
Les grans obres, com fer-ne més encauzaments o murs de contenció dels rius, encara que resulten molt apetitoses per als constructors i els polítics conservadors, no resoldran el problema; són preferibles la recuperació dels llits dels rius i barrancs i la renaturalització perquè càpiga i circule millor l’aigua.
Urgim dimissió de Mazón, revisió d’urbanisme actual, renaturalització i eixample de rius i barrancs, restauració forestal de la conca, reducció transport motoritzat, etc.
(«La DANA del 29-O inaugura una nova època de risc climàtic», Ecologistes en Acció, La Ribera)
Te parece muy correcto e indiscutible que en el 2019 el CECOPI se reuniera un día antes y además presumes de que fuese un gobierno de izquierdas.
Y que te parece que en el 2021 el Sr. Puig con un gobierno llamado el Botànic, por supuesto que de izquierdas, no tuviese ni la moral ni la dignidad de que teniendo el dinero ya para ejecutar las obras del Barranco del Poyo no lo hiciese????
Y aún te atreves a hablar de holgazanes, incapaces, etc….
Los asesinatos vienen desde el año 2021, no te confundas, Mazon debe ir a prisión pero por delante de él el Sr. Puig que desde el 2023 está muy relajado en su casa cobrando 80.000€ anuales durante 15 años por haber sido expresidente del gobierno.
Y ahora vas y lo meditas
Anda ya
Prou Urbanisme en zones inundables: Reclamem l’aturada de tots els projectes (Ecologistes en Acció Catalunya)
La campanya Prou Urbanisme Inundable (PUI) porta un any reclamant a la Generalitat l’aturada immediata de tots els projectes urbanístics en zones inundables i la revisió dels mapes d’inundabilitat i els plans de protecció.
El documental del Sense Ficció de TV3 ‘Alerta Inundable‘ evidencia que l’Agència Catalana de l’Aigua ha estat sotmesa a pressions d’interessos econòmics i polítics, la qual cosa qüestiona la seva independència i la fiabilitat de les autoritzacions concedides.
La Consellera Paneque i els alcaldes i alcaldesses que insisteixen en urbanitzar espais amb risc d’inundabilitat seran responsables civils i penals dels danys que puguin esdevenir-se per la mala praxis.
Tal i com la campanya Prou Urbanisme Inundable (PUI), que ha impulsat Ecologistes en Acció juntament amb vora una quinzena de plataformes locals, venen denunciant, hi ha una mala praxis generalitzada a Catalunya d’autoritzar construccions en zones de risc per inundabilitat. El que era una evidència des de fa dècades, va esdevenir una realitat palpable amb la DANA de València de l’octubre de 2024, amb 229 morts i desenes de milers de milions d’euros en pèrdues materials.
Bona part dels Ajuntaments i la pròpia Generalitat han estat actuant de manera negligent, impulsant projectes en zones amenaçades que són clars exemples d’irresponsabilitat política i que poden comportar catàstrofes i pèrdues humanes absolutament terribles.
El context de crisi climàtica accelerada està portant a situacions cada vegada més extremes. Els esdeveniments meteorològics destructius (tempestes, sequeres, huracans…) són cada cop més freqüents, tal i com ve alertant la ciència repetidament. Els efectes de l’emergència climàtica haurien de provocar un canvi dràstic a tots els governs, que haurien de reorientar l’economia cap a un decreixement en l’ús de materials i energia, i ajustar-se als límits planetaris, tot prevenint els efectes destructius del desgavell climàtic. Però sembla que la majoria de responsables polítics, tot i declarar contínuament que els preocupen les qüestions ambientals, a la pràctica es comporten com a complets negacionistes, ja que no surten del discurs del ‘progrés’, el creixement infinit i la generació de riquesa a curt termini, a costa de destruir i malmetre el territori i els hàbitats naturals, i atemptar contra el benestar i la seguretat de les persones….