‘El guardián’, una película sobre la pertenencia, el respeto por el territorio y las relaciones de poder

La documentalista Nuria Ibáñez Castañeda se estrena en la ficción con una historia sobre qué significa pertenecer a un lugar y protegerlo, especialmente ahora, en la era de las redes sociales. Transcurre en Baja California (México), donde los turistas aficionados a la pesca están empujando a la extinción a la fauna autóctona.
‘El guardián’, una película sobre la pertenencia, el respeto por el territorio y las relaciones de poder
Basilio Moncada en una escena de ‘El guardián’. Foto: MALVALANDA

Basilio Moncada tiene casi setenta años. Es mexicano y vive en un pueblito casi desconectado del mundo –sin acceso a Internet hasta hace poco– en la península de Baja California, a seis horas de la frontera con Estados Unidos. Allá, a la «tierra de la libertad», migró Basilio tiempo atrás, y allá sigue viviendo su familia entera. Él pasó una temporada en la cárcel estadounidense y al salir se vio obligado a regresar a su país natal.

Ahora, en este lugar apartado en Bahía de los Ángeles, custodia el terreno de un hombre. En particular, una playa, que se ocupa de mantener limpia y libre de problemas.

Basilio es, a tiempo completo, vigilante, pero también ha sido actor. Al menos, por una temporada. Se ha interpretado a sí mismo en la película El guardián, el nuevo largometraje de la documentalista española Nuria Ibáñez Castañeda. En su debut en ficción, la cineasta explora temas como la pertenencia, el arraigo, las relaciones de poder, y, también, conflictos ambientales como la pesca furtiva y sus impactos sobre el territorio y la población local. Todo a través de la historia personal de Moncada.

Ibáñez, que empezó su carrera como periodista de cine, está de vuelta en España tras haber vivido 20 años en México, donde estudió y trabajó principalmente en la no ficción audiovisual. Dirigió los documentales La cuerda floja (2009), El cuarto desnudo (2013) y Una corriente salvaje (2018), que ganó el reconocimiento a mejor documental en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

El guardián (2026)es una película de ficción, pero casi podría no serlo: retrata las circunstancias reales de un hombre real, a quien la directora conoció mientras rodaba Una corriente salvaje en la zona. También en aquel momento coincidió con Jesús, el representante de una cooperativa local de pescadores. Éste le informó de los problemas que aquejaban al pueblo: entre ellos, el auge de la pesca deportiva a raíz de Instagram. Jesús declinó aparecer en la película, así que su personaje es interpretado —esta vez sí— por un actor. Pero el resto del reparto, salvo excepciones como la de Jesús, lo componen los lugareños.

«Hay una realidad que estoy contando que es esta de la pesca, de la miseria, de una comunidad, que quiero que quede reflejada sin que el espectador la sienta como impostada, por ejemplo, como sería con actores llegados de la Ciudad de México. Baja California es una península bastante desértica. Hay escuelas de actuación en Mexicali o en Tijuana, pero hay que pensar en que si traes a actores de otros lugares, tienen otros acentos», explica Ibáñez a Climática. «Además, me encanta pensar que esto que están contando los personajes es su propia historia», agrega.

El impacto de las redes sociales

El problema de la pesca furtiva se agravó con el eco de las redes sociales. Y eso que, hasta hace poco, el municipio en el que se desarrolla la película ni siquiera tenía conexión a Internet. «Ahora hay gringos que se han mudado allá y han conseguido en determinados puntos tener Internet satelital», cuenta la directora.

Un chico del pueblo empezó a hacer salidas de pesca deportiva y a publicar en Instagram sus capturas. Las imágenes —los pescados enormes— llegaron lejos. Y el mensaje de que ahí había recursos marinos «corrió como la pólvora», detalla la cineasta. Empezaron a llegar entonces muchos visitantes de EE. UU. Contrataban al chico, hacían tours con él y practicaban este tipo de pesca, lo que generó tensión con los pescadores locales, que capturan los peces no por diversión sino para comercializarlo y consumirlo.

El guardián invita a reflexionar sobre qué significa pertenecer a un lugar, a qué comunidades nos debemos, cuáles son las lealtades que debiéramos tener en cuenta a la hora de librar una batalla moral. En la película, esa lucha se da contra la pesca ilegal de totoaba (Totoaba macdonaldi), una especie nativa del Golfo de California —el mar de Cortés— que está en peligro de extinción y cuya captura está prohibida. Pero los bandos tampoco terminan de quedar claros. ¿En qué bando debería estar Basilio? ¿En el de sus conciudadanos, que están practicando —o permitiendo que se practique— este tipo de pesca en sus costas? ¿En el del ecosistema en el que vive, que se puede desestabilizar por la pérdida de biodiversidad? ¿En el de su patrón, que, en teoría, le paga por mantener el entorno y evitar que entre gente allí a dañarlo?

El guardián
Cartel de El guardián. MALVALANDA

La película sugiere estas preguntas sin dibujar buenos ni malos. Ni siquiera a los turistas estadounidenses a quienes Basilio «sirve» se les presenta como personajes que generen rechazo, sino como personas privilegiadas pero amables con él en todo momento. La historia muestra con elegancia algunas de esas realidades incómodas, como la diferencia de clase entre el que llega como visitante de EE. UU. a México —el «gringo» que aspira a pasar ahí sus vacaciones, en una playa tranquila— y el que sólo tendría oportunidad de moverse al país del otro como migrante, Basilio, a quien incluso deportaron de EE. UU. (en la ficción). Hay escenas en las que Basilio forja un vínculo amistoso con los turistas, y otras en las que éste se muestra más cortante, en las que se subraya esa distancia entre el privilegio de unos y la necesidad del otro.

Basilio no trabajó en ningún momento con guion. «Quería mantener esa frescura suya», precisa Ibáñez, que alaba además el «magnetismo» del protagonista, su naturalidad e incluso unos rasgos físicos que «hablan por sí solos»: sus manos, su cara arrugada, su sonrisa sin dientes. «Tampoco le conté la historia en el orden, sino que veíamos las secuencias de manera separada, sin continuidad. En el rodaje, le decía: “Este señor va a aparcar aquí, en las tierras de tu patrón; entonces le tienes que decir que mueva el coche”. Hacíamos ejercicios para ponerle en situación. Así, cada uno lo dice de una manera distinta, como se siente más cómodo. Y yo fui cambiando un poco el guion, ajustándolo», detalla la directora.


El guardián’, de Nuria Ibáñez Castañeda, se estrenó en cines en España el pasado 17 de julio.

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