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«A estas alturas debería estar claro que el colapso del clima y la biodiversidad no se trata únicamente del “medio ambiente”». Bajo esta premisa, la comunidad científica, académica y sanitaria internacional ha alzado la voz para denunciar la falta de acción real y el retardismo climático. A través de un manifiesto firmado hasta el momento por más de 230 personas, los especialistas reclaman a los gobiernos que asuman su obligación legal de proteger a la población y corten de raíz las emisiones de gases de efecto invernadero.
El escrito, impulsado por la profesora y economista Julia Steinberger junto a otros investigadores, subraya que fenómenos como los incendios, las sequías y las precipitaciones intensas son consecuencia del cambio climático inducido por la actividad humana. «Nosotros, investigadores y profesionales de la salud, estamos horrorizados por estos eventos extremos mortales, cada vez más intensos y más frecuentes», confiesan.
A pesar de todos estos sucesos, de los estudios científicos que se publican diariamente y de «los acuerdos climáticos», los firmantes dicen estar «consternados por la falta de una acción gubernamental y económica adecuada». Asimismo, recuerdan que todo lo que se está viviendo en torno al cambio climático no pilla por sorpresa a nadie, pues es algo que «los científicos han documentado durante décadas a través del IPCC».
Los autores del texto advierten que el destino de la humanidad no es ajeno al destino de otras especies y ecosistemas: «El clima, la biodiversidad y la estabilidad planetaria son los cimientos más importantes del bienestar humano, incluyendo la seguridad, la salud y el futuro. Sustentan, en todos los sentidos, la posibilidad de una vida próspera y estable en la Tierra, desde la alimentación hasta el refugio, desde el agua hasta la salud».
El documento recuerda que, en los últimos años, los tribunales más altos de todo el mundo –incluyendo la Corte Internacional de Justicia, el Tribunal Internacional del Derecho del Mar, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos– han dictaminado que los Estados tienen la obligación de reducir estrictamente las emisiones y poner en marcha medidas de adaptación para proteger los derechos humanos de sus poblaciones.
Esta situación, dicen, es ahora más urgente «ya que el calentamiento global está en proceso de cruzar los 1,5 °C, con temperaturas globales que superan esta cifra cada vez con más frecuencia, un calentamiento promedio a largo plazo que ronda los 1,4 °C, a lo que se suma el pronóstico de un fuerte episodio de El Niño», el cual la Organización Meteorológica ha anunciado hoy que alcanzará su máximo a finales de año y se extenderá al menos hasta febrero.
Los autores y autoras firmantes también insisten en que las medidas necesarias para mantener el calentamiento muy por debajo de los 2 °C y lo más cerca posible de los 1,5 °C (objetivos del Acuerdo de París), «están bien establecidas»: reducir a la mitad las emisiones de CO2 para 2030, alcanzando el nivel de cero emisiones netas entre 2040 y 2050. Esto, señalan, «requiere la eliminación rápida y equitativa de los combustibles fósiles, y es incompatible con cualquier exploración o inversión continua en estos combustibles y su infraestructura». «Afortunadamente, la energía renovable se ha vuelto más barata que los combustibles fósiles», apuntan.
Entre las firmas que respaldan el documento, se encuentran cinco investigadores y académicos vinculados a instituciones de España. En concreto, el manifiesto cuenta con el apoyo de Daniel Chávez, catedrático, y Aitor Marcos, profesor asistente, ambos en representación de la Universidad del País Vasco. A este llamamiento también se suman los investigadores pertenecientes al Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA-UAB) Marcel Llavero-Pasquina y Laura A. Pérez-Sánchez, así como el investigador Andrew Fanning, del Doughnut Economics Action Lab.
El papel de los medios
Pero no todo es mitigación. Steinberg y sus colegas lamentan que «la mayoría de los gobiernos no están adaptando las infraestructuras frente a extremos peligrosos, lo que conlleva inmensos costes humanos, ecológicos y económicos». Un retraso que no consideran accidental, sino que es «resultado de décadas de esfuerzos organizados por grupos de presión industriales y económicos, y de las élites políticas aliadas».
El escrutinio de la comunidad científica y sanitaria alcanza al tratamiento informativo. En el manifiesto critican el papel de los medios de comunicación y consideran que muchas noticias –como las de olas de calor– no son vinculadas al calentamiento global, y muestran ejemplos de la prensa británica. «Esto desalienta la implicación ciudadana y la acción», sostienen.
Para revertir esta inacción, la hoja de ruta propuesta urge a que «todos los gobiernos e industrias» sean «obligados a rechazar el retardismo climático y, en su lugar, reducir rápidamente las emisiones (…) mediante la eliminación de sus fuentes principales –los combustibles fósiles y la ganadería industrial–, así como a invertir masivamente en la adaptación de edificios, barrios e infraestructuras para protegernos de los fenómenos extremos».
Paralelamente, el texto advierte sobre el riesgo de fiarlo todo a las tecnologías de captura de carbono. Aunque las consideran necesarias para alcanzar las emisiones netas cero, matizan que «su potencial es muy limitado y, por tanto, no puede utilizarse como excusa para el retraso».
El escrito termina recordando que «como científicos, académicos y trabajadores sanitarios» están «al servicio de la población». «Nos comprometemos a poner nuestra experiencia a disposición de la sociedad civil en su conjunto, de nuestros gobiernos y de los responsables políticos, para informar del proceso democrático de una forma eficaz y detener el calentamiento global lo antes posible».

