[El Mar Menor en imágenes] La ‘zona de sacrificio’ de la laguna salada más grande de Europa

Los vertidos continuados de la agroindustria y la ganadería intensiva ahogan la laguna bajo una persistente mancha blanca y toneladas de algas.
[El Mar Menor en imágenes] La ‘zona de sacrificio’ de la laguna salada más grande de Europa
Balsa de purines sin impermeabilizar junto a una rambla, perteneciente a una macrogranja en el término municipal de Fuente Álamo, Murcia. Foto: Santi Donaire

Este reportaje ha sido publicado en inglés en ‘DeSmog‘ y ‘Euronews‘ como parte de una serie sobre la contaminación por nitratos que sufre Europa debido a la ganadería intensiva.

Fina lo tiene claro: «No volveré a bañarme en ese agua nunca más». Esta mujer de 84 años, natural de Murcia, vive con su marido en primera línea de playa de Los Urrutias, en la costa oeste del Mar Menor.

«Esto era el paraíso. El mar estaba lleno de caballitos de mar», recuerda. Hoy, las algas en descomposición se acumulan en esa orilla, desprendiendo un olor nauseabundo. La alta concentración de nutrientes en la laguna lleva una década provocando un fuerte aumento del crecimiento de algas. A esto se suma la presencia de una mancha blanca, una enorme acumulación de microcristales que causa una severa turbidez en el agua, que vuelve a poner en primer plano el mal estado de salud de la laguna salada más grande de Europa.

Un estudio reciente del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y la Universidad de Murcia, publicado en julio, sitúa la superficie afectada por esta nueva mancha blanca en 12,3 km² –la mayor registrada hasta ahora– lo que representa casi una décima parte de la laguna. El agua limpia del Mar Menor es normalmente transparente y de color azul turquesa, pero la mancha blanca la vuelve lechosa, ya que diminutas partículas de calcita se forman y flotan en suspensión como tiza disuelta.

El cambio no es solo estético: el núcleo central de la mancha ya no tiene vegetación submarina, porque la mancha blanca impide que la luz solar llegue al fondo marino. Mientras que los investigadores encontraron 21 especies de peces en zonas sanas, en esa zona contabilizaron solo tres.

Tanto la extensa mancha blanca como las algas verdes que cubren la costa donde vive Fina se originan a pocos kilómetros tierra adentro, en uno de los principales centros de producción agrícola del país y de Europa.

El Campo de Cartagena

Lo que llega a la laguna es un caudal de agua de retorno de riego mezclada con residuos de fertilizantes y pesticidas y purines ganaderos, cargado de nitratos y materia orgánica. Procede del Campo de Cartagena, una llanura de más de 1.000 kilómetros cuadrados, cuyas aguas terminan en el Mar Menor a través de más de 20 ramblas, cauces que permanecen secos la mayor parte del año.

El nitrógeno y el fósforo –conocidos conjuntamente como ‘nutrientes’– son esenciales para el crecimiento de las plantas, pero en cantidades excesivas rompen el equilibrio de un ecosistema. En el Mar Menor, décadas de vertidos ricos en nutrientes procedentes de fertilizantes y estiércol ganadero han permitido que las algas se multipliquen sin control, consumiendo oxígeno y desplazando a otras formas de vida marina.

La región era antes territorio de secano, con cultivos mediterráneos tradicionales como el olivo, el almendro o la vid, sin necesidad de riego artificial, hasta que en la década de 1980 el trasvase Tajo-Segura trajo agua y, con ella, la agricultura intensiva de regadío. Hoy, más de 60.000 hectáreas de tierras de cultivo se extienden por toda la cuenca del Mar Menor. «Esto ya no es una huerta; esto es agroindustria», resume Pedro Luengo, biólogo y portavoz de Ecologistas en Acción en la Región de Murcia.

Además de los fertilizantes y los productos fitosanitarios utilizados en la agricultura, la ganadería intensiva lleva mucho tiempo siendo, por sí misma, un importante motor de la contaminación del agua. En la cuenca vertiente del Mar Menor, casi 700.000 animales se alojan en apenas 305 granjas porcinas.

España es el mayor productor de carne porcina de la Unión Europea, con un 24% de la producción comunitaria, y en 2020 la Región de Murcia alcanzó un máximo histórico de 2,1 millones de cerdos.

Los cerdos producen purines, heces y orina cargados de nitrógeno, que se almacenan en balsas junto a las propias granjas y, en ocasiones, se esparcen como fertilizante a los campos agrícolas. Según un estudio de la Fundación Nueva Cultura del Agua y el MITECO, estas macrogranjas producen alrededor de 2 metros cúbicos de purín por cerdo al año, con una concentración de nitrógeno 40 veces superior a la de las aguas residuales domésticas. «Se produce tanto purín que las hectáreas de terreno de aquí no bastan para acogerlo todo», explica Luengo.

Las ramblas

El nitrógeno de los purines tiene dos vías hacia la laguna. Una es subterránea: se filtra en el suelo y llega al acuífero. La otra vía es superficial, a través de las ramblas. En el caso de la ganadería, el peligro surge cuando las lluvias torrenciales provocan el desbordamiento de las balsas de purín. «Estas balsas siempre se sitúan cerca de las ramblas, de modo que si se desbordan, la rambla se lo lleva y apenas se nota», afirma Luengo. El problema se agrava por el cambio climático, ya que estos aguaceros torrenciales o danas son cada vez más intensos, y varios estudios apuntan también a una mayor frecuencia de fenómenos extremos.

Muchas de las balsas de purín sin revestir identificadas en esta investigación están construidas junto a ramblas, pese a una ley de 2020 que exige que estén selladas para evitar la contaminación. Luengo afirma que muchas fueron autorizadas bajo la falsa suposición de que el terreno era naturalmente impermeable, cuando en realidad a menudo presentan fugas.

Una investigación de 2021 de Lighthouse Reports, elDiario.es y La Marea estimó que la ganadería porcina en la cuenca vertiente contribuye con al menos un 17% del nitrógeno que llega al acuífero. El resto procede principalmente de la agricultura.

La orilla

La principal rambla que desciende desde el Campo de Cartagena es la Rambla Albujón, un caudal constante de agua que desemboca en la costa occidental del Mar Menor, muy cerca de la casa de Fina y de las playas sembradas de algas.

Ante esta amenaza, los turistas han evitado el corazón de las ramblas. Sin embargo, en otros tramos, como La Manga (este) o Lo Pagán (norte), los bañistas disfrutan de un paraíso artificial gracias al trabajo de los equipos de las autoridades locales, que retiran a diario las algas en proliferación, algo que, según las propias autoridades, se debe a la entrada de nitratos. En los tres primeros meses de 2026 se retiraron más de 4.000 toneladas de algas.

Prueba de ello son los numerosos contenedores de obra repartidos por la playa de Los Urrutias, el pueblo donde vive Fina. Fina y su marido reconocen que, de no ser por este trabajo diario, «ni siquiera se podría vivir aquí».

Fina lamenta al recordar la orilla cubierta de «miles de caracolas y conchas»: «Eran nuestros juguetes, con los que jugábamos los niños». Hoy dice que ya no reconoce su pueblo. «Durante mucho tiempo, nadie quería vivir aquí», dice. «¿Quién querría vivir con esta estampa?».

Luengo lo resume así: «Somos una zona de sacrificio, la verdad: aquí se genera el impacto y la contaminación, mientras que la mayor parte de lo producido se exporta al extranjero, y nosotros somos quienes nos quedamos para lidiar con las consecuencias».

El mismo estudio del IEO-CSIC y la Universidad de Murcia constató que la mancha blanca ha arrasado siete kilómetros de praderas marinas desde que apareció por primera vez en 2022. Sus autores vinculan su persistencia a la descarga continua de aguas subterráneas del acuífero adyacente –enriquecidas durante décadas con nitrógeno y carbonatos procedentes de la agricultura intensiva–, aunque señalan que los mecanismos detrás del fenómeno siguen siendo objeto de debate. «Es el primer episodio de este tipo que no ha desaparecido en días o semanas, como es habitual, sino que ha persistido durante años», afirmaron los autores.

Mar adentro

«Antes pescábamos muchas más doradas y langostinos. Ahora la captura es mucho menor», dice Rubén Albaladejo, pescador de Lo Pagán, mientras repara sus redes, agujereadas por la invasión de cangrejos azules.

«El Mar Menor es un desagüe al que todo el mundo arroja su basura y sus residuos», añade Rubén. Junto a la contaminación por nutrientes, este año se ha producido un fuerte aumento de la temperatura del agua. «Hemos llegado a los 30 grados, algo que nunca habíamos visto».

Los científicos advirtieron en agosto de que el cambio climático de origen humano está provocando temperaturas récord en los mares de Europa, con un aumento de 2 °C en el Mediterráneo y de en torno a 1,4 °C en los mares de Europa occidental. Rubén afirma que, en estas condiciones, especies como la dorada tienen dificultades para reproducirse.

Una ley en disputa

A pocos kilómetros del Mar Menor, el 9 de septiembre, la Asamblea Regional de Murcia aprobó una reforma de la Ley 3/2020 de recuperación y protección del Mar Menor –una votación que salió adelante por apenas 23 votos en la cámara regional–, pero que tiene consecuencias potencialmente importantes para las empresas agrícolas y ganaderas que operan en la cuenca vertiente. Impulsada por el Partido Popular, la reforma sustituye el régimen sancionador de la ley por el de la normativa nacional sobre fertilización de suelos agrícolas, que contempla multas más bajas.

También suaviza la redacción legal del artículo que regula las ayudas públicas: una empresa sancionada por una infracción grave o muy grave antes se enfrentaba a la pérdida automática de esa ayuda («conllevará»); con la reforma, esto pasa a ser discrecional («podrá conllevar»). En la práctica, esto afecta a empresas de los sectores porcino y de la agricultura intensiva declaradas responsables de infracciones vinculadas a la contaminación por nitratos –entre las actividades identificadas como principales fuentes de contaminación de la laguna–. El PP sostiene que simplemente está «armonizando» la ley con la legislación nacional, mientras que la oposición pretende recurrirla ante los tribunales, y los colectivos que luchan por proteger la laguna señalan que el Comité de Guardianes del Mar Menor se ha pronunciado en contra.

Julia Albaladejo, vecina y activista de la Alianza por el Mar Menor, ya denunciaba la impunidad antes de la reforma: «Es muy rentable seguir contaminando, porque los tribunales no imponen multas ejemplarizantes. Si tengo que pagar 900 euros cada tres años, pero gano millones al año, entonces me resulta rentable».

¿Hay solución?

«Claro que la hay. Llevamos años proponiendo soluciones», responde Albaladejo. En cuanto al sector ganadero, propone avanzar hacia una ganadería extensiva de baja intervención o hacia granjas de tamaño medio, que generan residuos menos concentrados por hectárea y permiten que el terreno los absorba de forma natural en lugar de saturarlo. «Querer es poder», insiste.

Además, sostiene que, en lugar de construir grandes plantas de biogás, cada granja debería gestionar su propio purín mediante una pequeña planta propia para generar su propia energía –pequeños digestores que convierten el estiércol en biogás para energía o calor, reduciendo al mismo tiempo el volumen de purín sin tratar almacenado en la propia granja–. Su propuesta llega en un momento en que España vive una rápida expansión de las grandes plantas de biogás, una tendencia que ha generado un número creciente de conflictos entre la industria y las comunidades locales por los olores, el tráfico de camiones pesados y el riesgo de contaminación por nitratos derivado del subproducto, el digestato.

Pedro Luengo advierte de que no existe una solución única para un problema tan complejo, pero destaca lo que él considera prioritario: «Una de las principales cosas que tenemos que conseguir es que lleguen menos nutrientes al Mar Menor».

Su conclusión es rotunda: «O destruimos el Mar Menor –en cuyo caso los agricultores y ganaderos pueden hacer lo que quieran– o, si queremos preservar el Mar Menor, debemos transformar el modelo del Campo de Cartagena».

Un problema europeo

El problema del Mar Menor y su contaminación por nitratos no es exclusivo de España ni de Europa. Este reportaje forma parte de una investigación europea coordinada por DeSmog sobre la contaminación por nitratos procedentes de la ganadería en distintas partes del continente, entre ellas Irlanda del Norte, Alemania, Francia y España.

En Bretaña, las algas verdes vinculadas a la escorrentía agrícola invaden las playas, igual que en el Mar Menor. Alemania fue declarada en incumplimiento de la Directiva de Nitratos por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en 2018. España fue declarada en incumplimiento el 14 de marzo de 2024: la sentencia señala, entre otras, a la Región de Murcia por no haber adoptado las medidas reforzadas necesarias.

«Ahora mismo somos un referente en toda Europa porque, por primera vez en el continente, hemos logrado que se reconozca que un ecosistema tiene derechos propios», dice Julia Albaladejo, animando a otras comunidades de Europa a luchar por derechos que les permitan combatir esta contaminación industrial.

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