Etiquetas:
Empieza una media hora antes del amanecer y se mantiene alrededor de una hora tras la salida del sol. Es lo que los ornitólogos llaman el coro del alba, el momento en el que se concentra la mayor parte de los cantos de las aves. Son las horas más musicales de gorriones, mirlos, alondras o petirrojos. En cuanto el sol asciende en el cielo, el bullicio decae y la mayoría de aves se dedican a otras cosas. Por supuesto, hay excepciones, y también hay especies que tienen un segundo pico de actividad cantora al atardecer. Incluso las hay que prefieren cantar de noche, como la lechuza, el chotacabras o el autillo.
Sin embargo, en los núcleos urbanos cada vez es más común escuchar a las aves diurnas cantar a deshora. Basta prestar un poco de atención para darse cuenta de que aves tan comunes en nuestras ciudades como los ruidosos estorninos o las palomas torcaces siguen conversando pasada la hora de irse a la cama. Un estudio elaborado por investigadores de la universidades de Illinois y Oklahoma, en Estados Unidos, ha puesto en cifras este cambio de comportamiento: las aves de ciudad trasnochan más y se levantan más temprano que las que viven en el campo. Cantan unos 50 minutos más al día.
Según el estudio, publicado en Science, el culpable es el mismo que no nos deja descansar bien a nosotros, un tipo de contaminación del que no se habla tan a menudo pero con consecuencias serias sobre la salud: el exceso de luz artificial.
Las aves urbanas trasnochan más que las rurales
Durante la elaboración del estudio, los investigadores analizaron datos recogidos por todo el mundo, comparando más de 180 millones de vocalizaciones de aves (distribuidas a lo largo del año) con imágenes satelitales que les permitían cuantificar el nivel de contaminación lumínica. La información de las aves pertenecía a la base de datos BirdNET del Cornell Lab of Ornithology y la Chemnitz University of Technology, que incluye grabaciones tanto de científicos voluntarios como de sistemas de monitorización automatizada de la biodiversidad. En total, lograron caracterizar los hábitos de canto de más de 500 especies diferentes.
“Nos quedamos sorprendidos con lo que descubrimos: bajo los cielos nocturnos más brillantes, el día de un ave dura casi una hora más de media”, explica Brent Pease, profesor e investigador de la Universidad de Illinois y autor principal del estudio. De acuerdo con el investigador, primero constataron que muchas aves se quedan despiertas más allá de su hora normal de acostarse, a veces durante mucho más que 60 minutos. “La siguiente pregunta que nos hicimos fue por qué. En seguida pensamos que quizá tenía que ver con su sensibilidad a la luz y después lo comprobamos: las especies con ojos más grandes en relación a su cuerpo tenían una respuesta desproporcionadamente mayor a la luz artificial nocturna que especies con ojos pequeños”, añade Pease.
A pesar de los efectos evidentes de la contaminación lumínica en el comportamiento de las aves, los investigadores no lograron desentrañar si estos cambios tenían un efecto positivo o negativo. Por un lado, esos 50 minutos adicionales al día suponen más tiempo para buscar alimento o compañeros con los que reproducirse. Por otro, suponen también una pérdida importante de tiempo de descanso, lo que puede afectar a la salud de las aves, sobre todo, en periodos muy exigentes como la temporada de cría.
Los impactos de la contaminación lumínica en la salud
A pesar de que no encontraron evidencias de cómo esos días más largos afectaban a las aves urbanas, los autores sí subrayan que existen otros mecanismos bien estudiados por los que la contaminación lumínica es perjudicial para estas especies, como las colisiones con edificios, las alteraciones de las referencias durante sus vuelos o la disminución de las poblaciones de insectos, la fuente principal de alimento para muchas especies de aves. Y es que puede que la contaminación lumínica no reciba especial atención entre los muchos tipos de contaminación que afectan a los seres vivos hoy en día, pero sus efectos están cada vez más documentados.
En los seres humanos, está comprobado que el exceso de luz artificial, tanto de día como de noche, y la baja exposición a luz natural afectan a la producción de melatonina y desordenan los ritmos circadianos (nuestros relojes internos), lo que afecta al sueño, al funcionamiento del metabolismo, al sistema inmune y a nuestras funciones cognitivas. Una revisión de toda la literatura científica sobre el tema, publicada en 2023, recoge que se han observado asociaciones claras entre el exceso de luz artificial y el insomnio, el aumento del riesgo de sufrir enfermedades cardiometabólicas o la incidencia de enfermedades mentales. Además, algunos estudios más recientes señalan que podría haber también relación con ciertos tipos de cáncer y de enfermedades neurodegenerativas.
La presencia de luz artificial en la noche ha aumentado cerca de un 50% en los últimos 25 años. Y más del 80% de la población mundial (y el 99% de la población europea) vive bajo cielos contaminados por un exceso de luz. A medida que la noche deja de ser oscura, los organismos que hemos evolucionado de la mano de los ciclos naturales de luz a lo largo del año sufrimos las consecuencias. Los efectos sobre nuestro descanso y nuestros ritmos metabólicos empiezan a ser cada vez más evidentes y nos recuerdan que recuperar la oscuridad no es solo una cuestión estética o astronómica, sino también una cuestión esencial para nuestra salud y la del resto de especies.





Pero por lo menos en la ciudad no los matan los «deportistas» de la caza.
Ni los envenena la agricultura industrial con glifosatos y químicos.
—————————————————–
En SEO/BirdLife creemos que producir de forma sostenible es posible. Con iniciativas como Secanos Vivos, trabajamos para proteger la biodiversidad, fortalecer el medio rural y ofrecer alimentos auténticos y responsables.
Los agrosistemas de secano son paisajes únicos que sostienen especies esteparias amenazadas. Con el sello Secanos Vivos, identificamos productos que cuidan estos entornos frágiles y apoyan a quienes apuestan por un modelo justo y biodiverso.
En esta fase del proyecto Secanos Vivos, estamos trabajando para reforzar la comunicación y difusión del sello, que apuesta por biodiversidad, salud, calidad y justicia social.
Las urracas son capaces de plantar hasta 200 encinas por hectárea y año.
Según la RAE, si tú le llamas a alguien “urraca”, estarás diciendo de ella que es una “una persona obsesionada por recoger y guardar cosas, aunque sean inútiles”.
Pues bien, vengo aquí a traerte el argumento definitivo para darle la vuelta a esa mala fama, porque precisamente la capacidad recolectora de la urraca hace que tenga un papel esencial en la regeneración de los bosques.
Aquí el dato:
Las urracas son capaces de plantar hasta 200 encinas por hectárea y año.
Es una proporción similar a la que se consigue en los trabajos de reforestación, pero la urraca lo hace todos los años y gratis.
El dato viene de un estudio reciente de la Universidad de Alcalá (UAH), publicado en la prestigiosa revista Quercus, en el que ha analizado esta característica de las urracas a lo largo de un período de 15 años.
Las urracas entierran semillas por el campo con la intención de guardar provisiones de alimento para el invierno. Pero es que el estudio ha concluído que cada pareja de urracas es capaz de esconder ¡entre 1.100 y 2.000 bellotas cada otoño!
Todo este trabajo de almacenamiento de provisiones lo hacen con su pareja reproductiva, así si uno de los dos muere, el otro es capaz de recuperar el botín.
Del estudio también es interesante entender cómo funcionan las alianzas entre seres de distintas especies, en este caso, entre los árboles y las aves:
“De una bellota caída puede crecer una planta, pero se enfrenta a la competencia de su árbol madre con un ciclo de vida de cientos de años, por lo cual, el árbol ha hecho una asociación con ciertos animales, como las urracas, para que ese pesado fruto sea dispersado”, expone el estudio.
¿cómo no querer estar del lado de estos aliados, las encinas y las urracas?
En SEO BIRDLIFE lo tenemos claro, sabemos que las aves protegen nuestro entorno y nosotros trabajamos para protegerlas a ellas: identificamos y trabajamos contra sus amenazas, perseguimos los delitos ambientales y devolvemos a la naturaleza los espacios que le han sido arrebatados.
MAS DE 60 DETENIDOS E INVESTIGADOS POR USAR VENENOS Y CEPOS ILEGALES QUE MATARON A 665 ANIMALES.
En su última operación contra delitos ambientales, el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) encontró hasta 665 animales muertos envenenados o cazados en distintos puntos de España.
La gran mayoría de las víctimas eran aves, algunas de ellas protegidas, como águilas imperiales, milanos reales y buitres negros. Había también mirlos, petirrojos y currucas.
Pero no solo eso.
Los agentes encontraron hasta 230 kilos de productos fitosanitarios prohibidos, que son habitualmente empleados para elaborar venenos y que ponen en riesgo a los animales pero también a los humanos.
Y tú te preguntarás, ¿por qué comete esta gente este tipo de delitos si saben que están prohibidos?
Yo me aventuro a darte una respuesta que no es la única pero que explica muchas cosas: muchos de estos delitos se comenten en el medio natural donde no hay testigos. Y eso hace que las denuncias y la vigilancia sean cruciales.
A nosotros nos gusta decir que actuamos como “abogados de los pájaros”, porque la realidad es que, cuando no existe una acusación directa, es mucho más fácil que los delitos acaben impunes.
Por eso seguimos acudiendo a los tribunales, porque gracias a este enorme esfuerzo (a veces los juicios tardan años en celebrarse) hemos ganado decenas de casos en los tribunales y hemos logrado sentencias históricas.
Hoy me atrevo a pedirte dos cosas: que hables de todos estos delitos con la gente de tu entorno (con más conciencia social, más difícil se lo ponemos a los que cometen los delitos) y que nos apoyes a seguir luchando contra delitos como la caza ilegal y el envenenamiento.
Seo BirdLife.