En la década de los 90, un grupo de la industria petrolífera promocionó públicamente argumentos para minar la confianza en la ciencia climática, mientras, internamente, sabían que sus productos estaban provocando un aumento de las temperaturas.
Una investigación del MIT reveló que las industrias del tabaco y los combustibles fósiles financian los mismos think tanks ultraliberales para atacar al consenso científico
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