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Este artículo fue publicado originalmente en inglés por Yale Climate Connections con el título ‘Why whales are climate heroes – who also need our protection’. Lo publicamos en español como parte de la alianza Covering Climate Now, creada para amplificar la cobertura sobre el cambio climático y la biodiversidad.
¿Quién no se ha quedado, aunque solo sea por un instante, sobrecogido ante una imagen o un vídeo de una ballena rompiendo la superficie del océano, uniendo el mar y el cielo de una forma tan gloriosa, tan mamífera y tan completamente ajena: un atisbo, aunque sea breve, de otra dimensión del mundo?
Las ballenas son algunas de las criaturas más grandes y majestuosas de la Tierra, y científicos y conservacionistas afirman que también son heroínas del clima. A lo largo de su vida liberan en el océano enormes cantidades de excrementos ricos en nitrógeno, fósforo y otros elementos que alimentan al fitoplancton, que a su vez libera oxígeno a la atmósfera mientras absorbe, mediante la fotosíntesis, el dióxido de carbono que calienta el planeta.
Además, la considerable cantidad de carbono de sus enormes cuerpos permanece fuera de la atmósfera durante toda su vida e incluso siglos después de su muerte. Sin embargo, a medida que los océanos de la Tierra se calientan, estas heroínas del clima necesitan mayor protección frente a los cambios en su hábitat que han mermado su alimento y amenazan de otras formas su supervivencia.
Chris Johnson, científico marino y conservacionista que dirige la iniciativa Protecting Whales & Dolphins de WWF desde Melbourne (Australia), habló de su trabajo con las ballenas, de su papel en la protección del clima y de las formas de ayudar a proteger sus poblaciones en una amplia entrevista con Yale Climate Connections.
¿Qué le atrajo en primer lugar a las ballenas y a este trabajo? ¿Hubo alguna experiencia o revelación concreta que le hiciera querer centrarse en ellas?
Soy un poco un «científico accidental». Crecí en Nueva Inglaterra, donde el mar formaba parte de la cultura, pero nunca sentí la llamada de ser biólogo marino. Me interesaba más el trabajo creativo: estudié música en la universidad y después me pasé a la tecnología a mediados y finales de los años noventa.
El punto de inflexión llegó en 1998, cuando conocí al doctor Roger Payne. Roger ayudó al mundo a entender que las ballenas son seres inteligentes y sociales, con vidas complejas, y que su conservación importa. Era un gran pensador que buscaba soluciones creativas a algunas de las amenazas más difíciles que enfrenta el océano. Aquel encuentro cambió el rumbo de mi vida y de mi carrera.

Su organización ha descrito a las ballenas como «heroínas climáticas de la fauna salvaje». ¿Cuáles son las principales formas en que ayudan a combatir los efectos del cambio climático?
Las ballenas ayudan manteniendo el océano sano y productivo de varias maneras.
El primer mecanismo es el reciclaje de nutrientes, a menudo denominado «bomba de ballena». Las ballenas se alimentan en las profundidades o en zonas de alimentación productivas, y luego liberan orina y heces ricas en nutrientes cerca de la superficie. Estas contienen nitrógeno, fósforo, hierro y otros elementos que favorecen el crecimiento del fitoplancton, los organismos microscópicos que constituyen la base de las redes tróficas marinas, producen gran parte del oxígeno atmosférico y absorben dióxido de carbono mediante la fotosíntesis.
Las ballenas también transportan nutrientes a través del océano durante sus largas migraciones. Muchas especies se desplazan entre zonas de alimentación en latitudes altas y áreas de reproducción en latitudes más bajas, conectando ecosistemas que pueden estar separados por miles de kilómetros. Los científicos a veces denominan a este fenómeno la «gran cinta transportadora de ballenas».
Además, las ballenas acumulan carbono en sus cuerpos a lo largo de su vida. Cuando una ballena muere y su cadáver se hunde hasta el fondo marino, en un proceso conocido como «caída de ballena» (whale fall), parte de ese carbono puede permanecer fuera de la atmósfera durante siglos. El cadáver también proporciona alimento y hábitat a una sucesión de animales y microbios de las profundidades. Las caídas de ballenas son ecológicamente importantes, aunque su contribución al almacenamiento de carbono a escala global es modesta e incierta.

¿Hay alguna especie de ballena que destacaría por desempeñar papeles ecológicos especialmente importantes?
Me centraré en las grandes ballenas, aunque la ciencia sigue evolucionando. La ballena azul y el rorcual común destacan por su enorme tamaño: la ballena azul es el animal más grande que jamás haya existido, y el rorcual común es la segunda ballena más grande. Su alimentación y su reciclaje de nutrientes pueden influir en la productividad de vastas zonas.
Los cachalotes son los mayores cetáceos con dientes y unos buceadores extraordinariamente profundos. Pasan gran parte de su vida buscando calamares de aguas profundas en mar abierto, moviendo nutrientes entre el océano profundo y la superficie. También viven en un mundo moldeado por el sonido, lo que los hace especialmente sensibles a la contaminación acústica submarina. Sus complejas estructuras sociales están cambiando la forma en que muchos pensamos sobre la cultura en el océano.
Las ballenas jorobadas son una historia de éxito. Algunas poblaciones se han recuperado con fuerza desde la prohibición de la caza comercial de ballenas. Sin embargo, en el hemisferio sur, los modelos climáticos sugieren que los cambios impulsados por el clima en el krill antártico podrían someter a las poblaciones de jorobadas a una nueva presión y revertir potencialmente parte de esa recuperación hacia 2050.
La ballena franca del Atlántico norte, en peligro crítico de extinción, es un relato de advertencia. A medida que el calentamiento del océano altera la distribución de sus presas en el golfo de Maine, las ballenas se han desplazado a zonas donde enfrentan mayores riesgos de colisión con barcos y de enredo en artes de pesca en el golfo de San Lorenzo. El cambio climático está amplificando la exposición a amenazas humanas ya existentes.
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan las ballenas?
El cambio climático está alterando las condiciones oceánicas que han moldeado el comportamiento y los desplazamientos de las ballenas a lo largo del tiempo.
Para muchas especies, los efectos más inmediatos son los impactos sobre sus presas. A medida que las aguas se calientan, las corrientes cambian, el hielo marino disminuye y las olas de calor marinas se intensifican, las presas pueden desplazarse o volverse menos predecibles. Las ballenas pueden tener que viajar más lejos, pasar más tiempo buscando alimento o cambiar el calendario de sus migraciones. Esto es especialmente importante para las ballenas barbadas, que deben acumular grandes reservas de energía durante temporadas de alimentación relativamente cortas. La capacidad de reproducción de una hembra está estrechamente ligada al éxito de su alimentación.
El enredo en artes de pesca sigue siendo una de las amenazas globales más graves para ballenas, delfines y marsopas. La pesca incidental mata a unos 300.000 cetáceos al año, según las estimaciones, pero esa cifra tiene ya más de 20 años. La verdadera magnitud es difícil de evaluar porque el seguimiento y la notificación siguen siendo limitados en muchas pesquerías.
Otras presiones no han desaparecido. Las colisiones con barcos, el ruido submarino, la contaminación química y plástica, el desarrollo en el litoral mal planificado y, en algunos lugares, la caza comercial de ballenas siguen afectando a sus poblaciones.
Lo que más me preocupa es el impacto acumulativo de estas presiones. Una ballena puede soportar un factor de estrés, pero la reducción de presas, el aumento del ruido, los crecientes riesgos de enredo y el tráfico de barcos, juntos, pueden erosionar gradualmente su resiliencia y su salud.

Dado todo lo que estamos aprendiendo sobre el papel de las ballenas en los ecosistemas oceánicos, ¿qué tipo de esfuerzos de conservación o soluciones son más importantes ahora mismo? ¿Qué puede hacer la gente para ayudar a las ballenas?
La conservación de las ballenas debe funcionar a la escala de sus vidas y de su área de distribución. Tenemos que tratar el océano como un único sistema y trabajar para reforzar su conectividad ecológica.
Una ballena recorre miles de kilómetros a través de sus hábitats críticos. A estos hábitats conectados y rutas migratorias los llamamos «corredores azules». Pueden extenderse por aguas nacionales y alta mar, a menudo solapándose con impactos crecientes del tráfico marítimo, la pesca, la contaminación y el cambio climático.
Gran parte de nuestro trabajo consiste en cartografiar estos hábitats y viajes migratorios para que gobiernos, responsables políticos e industrias puedan considerarlos áreas de mejora de la gestión y la protección del océano. Creamos BlueCorridors.org como una megacolaboración para que esa evidencia sea más accesible y más fácil de convertir en acción.
Muchas de las soluciones ya están disponibles. Reducir la velocidad de los barcos en zonas de alto riesgo puede disminuir la probabilidad y la gravedad de las colisiones. Modificar los aparejos y las prácticas de pesca, como los sistemas de pesca a demanda o sin cuerdas, puede ayudar a reducir los enredos. Las áreas protegidas y gestionadas adecuadamente pueden salvaguardar hábitats importantes, mientras que una navegación más silenciosa y otras medidas de reducción de ruido pueden ayudar a las ballenas a comunicarse, navegar y alimentarse. Una acción climática contundente también es esencial. Necesitamos avanzar hacia un futuro con bajas emisiones de carbono para proteger las presas y los hábitats de los que dependen las ballenas.
Sabemos que la recuperación de las ballenas es posible si la convertimos en una prioridad global. La moratoria mundial sobre la caza comercial de ballenas permitió que algunas poblaciones se recuperaran, entre ellas las jorobadas, pero queda mucho trabajo por hacer.
A nivel individual, la gente puede apoyar políticas oceánicas y climáticas ambiciosas, elegir pescado y marisco sostenible, reducir su uso de plástico y preguntar cómo afectan las prácticas pesqueras a la fauna marina. También puede apoyar a comunidades y organizaciones que desarrollan soluciones seguras para las ballenas, reducir la contaminación y seguir las pautas de avistamiento responsable de ballenas. Estas acciones son especialmente valiosas cuando generan un apoyo político y de mercado más amplio al cambio.
Después de todo el tiempo que ha dedicado a estudiar y proteger a las ballenas, ¿qué es lo que más espera que la gente entienda sobre ellas?
Espero que la gente entienda que las ballenas son indicadores importantes de la salud del océano e iconos inspiradores del asombro que es la vida en la Tierra.
¿Nos necesitan las ballenas? Llevan aquí más tiempo, mucho más, que nosotros. Prosperaron mucho antes de que la caza comercial y otras presiones humanas convirtieran su océano en un complejo circuito de obstáculos. Hoy nos necesitan para gestionar mejor nuestro impacto sobre el océano.
¿Necesitamos nosotros a las ballenas? Absolutamente. Dependemos del océano sano y resiliente que las ballenas, el resto de la vida marina y los procesos ecológicos ayudan a sostener. Un mundo con ballenas que prosperan es más rico y más sano para las generaciones futuras. Al proteger a las ballenas y sus corredores azules protegemos también algo esencial: algo más grande que nosotros mismos.

